Ensayo, crónicas, arqueología documental, recalan en una trilogía cuyos andares recién comienzan
Fotos. / LEYVA BENÍTEZ
Semanas atrás se presentó en el Centro Cultural Dulce María Loynaz el volumen Más hombres menos machos, de Julio César González Pagés, doctor en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana y máster en Estudios de género por la Universidad de Nueva York. Otras dos obras, Favez y Un habanero entre dos siglos, del mismo autor, constituyen igualmente novedades de las ediciones auspiciadas por Quisicuaba, una institución habanera con una encomiable labor asistencial y socio-cultural.

Según explica dicho profesor universitario y miembro de la Academia de Historia de Cuba, él eligió ese nuevo sello editorial porque así los textos “iban a ganar en utilidad”. Sobre todo en el caso de Más hombres… “no quería un libro que se quedara en el ámbito intelectual”, donde sería apreciado, pero los lectores no lo utilizarían para emprender acciones de transformación.
Su vínculo con Quisicuaba, enclavada en el habanero municipio de Centro Habana, data de casi una década y le permitió llevar a ese entorno –incluida la escuela de educación especial Hermanos Ameijeiras– los talleres que sobre masculinidades se venían efectuando en el país desde años atrás.
A pesar de esa amplia labor en varias provincias, a la cual el volumen dedica buena parte de sus páginas, “en Cuba siguen existiendo prejuicios; aunque aprobamos el Código de las Familias, la igualdad ante la ley no es lo mismo que en la práctica. Por eso Más hombres menos machos habla acerca de la paternidad”, comenta el entrevistado.
Además, el texto aborda, entre otros asuntos, la criminalidad, la violencia, el acoso sexual, el suicidio de quienes no logran afrontar los costos de actuar como varones, de acuerdo con las imposiciones de la tradición; y formas de modificar las mentalidades al respecto.
–Evidentemente Favez implicó investigaciones de un cariz distinto.
–El tema me despertó la curiosidad por los estudios de género. En 1992, en el Archivo Nacional de Cuba abrí un expediente que se llamaba Juicio criminal contra Enriqueta Favez por andar vestida de hombre. Después viví en los Estados Unidos y, como ella fue enterrada en Nueva Orleans, le empecé a seguir el rastro de atrás hacia adelante. Decidí recurrir al método utilizado por Umberto Eco en El nombre de la rosa, o sea, la arqueología documental.
“En cuanto a Un habanero entre dos siglos, es un homenaje a Renée Méndez Capote. Cuando era niño leí el libro Una cubanita que nació con el siglo. En él se cuentan sucesos de una etapa muy parecida a esta, de cambios, crisis…

“Durante la pandemia de covid-19 empleamos mucho más que antes las redes sociales digitales. Ahí comencé a escribir y a compartir crónicas sobre diversos asuntos. Varios lectores me preguntaron por qué no preparaba un libro. Y aquí está. Muestra mi relación con La Habana. Relato cosas personales, pero también algunas son de trascendencia a nivel de país; por ejemplo, la primera vez que vino el cantante argentino Fito Páez. Entonces yo estudiaba en la Universidad de La Habana.
“La editora Sheyla Valladares, quien es escritora, me dijo: ‘¿Tú sabes que en estas páginas te quedas desnudo? Te lo estoy diciendo para bien, pocas veces conocemos tantas facetas de las personas’”.
–Los tres volúmenes me resultan muy atractivos visualmente.
–Con Ediciones Quisicuaba y el Proyecto Cultura y Paz, de la Embajada de Suiza, obtuvimos financiamiento suficiente para dotar a los libros de un notable valor visual. La portada de Más hombres… retoma la estética de las obras que alrededor de 1980 trataron sobre sexualidad. En el caso de Un habanero entre dos siglos, Fabián Muñoz, el diseñador, decidió que parte de la cubierta fuera un espejo, si te miras en ella te ves reflejada.

“Tuve la oportunidad de contar con un equipo de lujo. Como dije, Sheyla Valladares fue la editora; Yunier Riquenes, también escritor, hizo las correcciones. Todos trabajaron de manera muy profesional”.
–Quisiera resaltar que esa atrayente visualidad no se limita a las cubiertas.
–Favez es una joya. Pudimos escanear el documento judicial de 1823 y Selvi Artes Gráficas, de Valencia, procesó las reproducciones, de modo que en el libro superan en resolución a los folios originales. Las viñetas, pinturas y los grabados incluidos proceden de aquella época o de etapas anteriores. Se muestra hasta un retrato hablado de Enriqueta, hecho por especialistas de la Policía Nacional Revolucionaria, a partir de la descripción física contenida en el mencionado expediente criminal.
“Las imágenes de Un habanero… son parecidas a las que yo había puesto en Facebook: fotos de la ciudad, de objetos, personas y sucesos vinculados conmigo, con mi familia y con la cultura”.
–Fotografías de principios del siglo XX se alternan con las de actualidad en Más hombres menos machos.
–Nos propusimos destacar que la masculinidad es una construcción histórica. Hemos cambiado nuestros equipos, las modas; sin embargo, las transformaciones esenciales, relacionadas con los derechos, las costumbres, muchas veces no se logran.
–¿Cómo los interesados pueden acceder a esos textos, más allá de los días en los cuales se presentan?
–Casi todos mis libros –he publicado 14, en diferentes editoriales– los tengo situados en mi blog, en las redes sociales. Los de Quisicuaba aún no. Primero deben convertirse en volúmenes digitales. Quiero hacerlo. Como autor mi mayor motivación es que los lean.





















2 comentarios
Excelente entrevista. Excelente autor a quien admiro desde mi postura de historiadora. Salud, Bendiciones y éxitos.
Muy intetesante sus textos y útiles ! Felicidades y gracias.