¿Existen alertas de la inteligencia lectora?

Durante este verano pensemos sobre los aportes creativos planteados por artistas y obras cinematográficas, de artes visuales, entre otras especialidades, pues benefician la evolución del pensamiento y la cultura de los públicos


En el siglo XXI la sociedad multipantallas impone múltiples desafíos a la alfabetización mediática; circulan en la red global de comunicaciones narrativas diversas que cambian los modos del ver tradicional. Surgen usuarios en nuevos contextos; demandan contenidos y formas atractivas del espectáculo en cualquier género, formato y expresión artística.

Favorecer la capacidad interpretativa como concepto de apropiación de lo entretenido estimula vías hacia el conocimiento. Quizás, poco reparamos en la ruta crítica y creativa desplegada durante el desarrollo de los animados cubanos producidos por el Icaic. La novena edición del Festival de cine de verano coloca en la mira el aniversario 55 de Elpidio Valdés, mambí raigal inspiración del maestro Juan Padrón, Premio Nacional de Cine.

También la TV mantiene en los hogares cubanos ese legado vívido. Lo continúan realizadores de este medio socializador de productos simbólicos, ideas, gustos; estos no nacen, se forman. La llamada pequeña pantalla los lleva y entroniza en hogares, centros educacionales, espacios privados y públicos.

El pintor, profesor y crítico de arte Manuel López Oliva es un activo artista pensante. / Leyva Benítez

Esta activa relación de complicidad demostrada entre el cine y la televisión merece repercutir sistemáticamente en los sistemas institucionales de la cultura y la educación. Reponer filmes y documentales históricos y estrenos de puestas; es un ejemplo la del director Alejandro Gil sobre los estudios referidos al ADN, constituyen materiales imprescindibles que docentes y escuelas deben considerar en el enriquecimiento del aprendizaje y de la enseñanza.

Urge revisar cuentos y telefilmes transmitidos por Cubavisión, el Canal de todos; pueden ser materiales docentes y fuentes bibliográficas imprescindibles.

¿Somos conscientes de la importancia de cada eslabón en la cadena transmisora de cultura y de cómo una estrategia científica puede cohesionarla? ¿Reflexionamos en profundidad sobre la verdadera dimensión cultural del entretenimiento?

De ningún modo por azar en los espacios de debate Moviendo los Caracoles convocados por la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba creadores, directivos y públicos insisten en la complicidad necesaria entre los medios de comunicación audiovisuales y los sistemas institucionales, la academia, los centros de investigación y ese laboratorio siempre en producción que son las cabezas pensantes y su afán de hacer perfectibles nuestro sistema social.

Pensadores y filósofos han alertado sobre la banalización creciente, esta amenaza con tragarse al mundo y silenciar el pensamiento crítico. El hecho origina adormecimiento en los espectadores acomodados en la deglución fácil.

Desde el siglo XIX, el escritor ruso Antón Chejov llamó a la banalidad el mal más terrible, insultante y deprimente. A veces, se olvida, toda situación o actitud humana tiene una referencia convencional en los géneros dramáticos, de ellos se nutren el cine y el audiovisual que desempolvan hallazgos en senderos transitados por la literatura, el teatro, la pintura y la fotografía.

Atentos a preceptos valiosos, recordamos que el pintor, crítico de arte y profesor Manuel López Olvida reconoce en clases, talleres y entrevistas la valía de un artista informado si cuenta entre sus propósitos con alimentarse de la evolución del pensamiento, lo avanzado de la cultura y las disímiles ciencias. Suele destacar la dimensión antropológica porque tiene al hombre en su centro. Se pregunta una y otra vez –como debe ser-, esencias de la perspectiva antropológica integral al fusionar la plástica, el arte digital, la escena y las expresiones corporales.

Ciertamente, existen alertas dadas por la inteligencia lectora; aprovecharlas tiene un sentido orientador y disfrutable.  Los valores artísticos jamás pasan de moda. Seguir dialogando permite reconocer hibridaciones creativas que marcan estilos y hacen ver lo diferente, lo provocador, la interrogante de intensa seducción expresiva. Los conciertos plurales de diferentes realidades así lo demandan. Ningún análisis es ocioso.

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