Frontera de lo posible

Las mujeres florecen cuando se les igualan derechos, se mueven conciencias. ¿Todas lo hacen en Cuba?  Fallas de una telenovela, retos comunicativos y organizacionales


Durante siglos el macho, en su afán de convertirse en el “alfa” del grupo y supuestamente sin máculas de debilidad, relegó a las hembras a seguirlo dócilmente. El comunista Federico Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884) inquirió por qué la mujer llega a tener un papel subordinado dentro del matrimonio. Su conclusión es inapelable: la aparición de la propiedad privada influyó en la estructura y funciones de la familia, y, por derivación, acentuó desigualdades de género.

Analiza la evolución de la familia en el curso de la historia, y su relación con la propiedad privada y la formación del Estado. Sostiene que la monogamia aparece en una etapa posterior a la promiscuidad primitiva en la sociedad humana; con el desarrollo de la agricultura y la propiedad privada, surgió la necesidad de transmitir la propiedad de manera hereditaria. Y así, entre los bienes se incluye a la esposa, la madre, hermanas e hijas.

El presente texto va dirigido a defender un concepto fundamental, peleado tantas veces: la mujer no es propiedad de nadie, es de sí misma. En la consecución de ese ideal, millones han muerto sin alcanzar metas emancipadoras: aquí, para nuestra felicidad y la del pueblo, gracias a la Revolución socialista todas tenemos condiciones de base para vivir con plenitud ese derecho.

¿En Cuba todos los hombres han “reseteado” la mente incorporando usos revolucionarios de igualdad? ¿Hacia dónde encaminarse cuando se nos violenta, discrimina, confina a tareas en apariencia secundarias? La respuesta es obvia: hacia la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que cumplirá este 23 de agosto 65 años de fundada.

La alta estimación a su papel esencial en la sociedad cubana se condensa en un dato: la actual presidenta de la organización, Teresa Amarelle Boué, es miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, fuerza rectora de la nación, insertada en el mapa mundial con letras doradas, entre otras cosas por la visión de luz larga de Fidel Castro Ruz, sabedor de que las cubanas somos de “armas tomar.”

El Comandante en Jefe lo vivenció desde la infancia, y en el asalto al Cuartel Moncada reafirmaría su convicción cuando dos de las nuestras, Melba Hernández y Haydeé Santamaría, se sumaron para “tomar el cielo por asalto”. Después otras se sumaron a la insurgencia; entre ellas, Vilma Espín Gillos, devenida en eterna presidenta de la FMC. Al morir la combatiente, Fidel escribió una Reflexión: “Las luchas de Vilma”.

A propósito de este comentario extraigo apenas unas líneas: “Vilma ha muerto. No por esperada la noticia dejó de golpearme. (…) Al triunfar la Revolución, se inicia su incesante batalla por las mujeres y los niños cubanos, que la llevó a la fundación y dirección de la Federación de Mujeres Cubanas. No hubo tribuna nacional o internacional a la que dejara de asistir por distante que fuera el camino a recorrer, en defensa de su patria agredida y de nobles y justas ideas de la Revolución”.

En el momento de escritas, junio de 2007, atravesaba yo una situación personal desgarradora y, con esa dote de conductor y maestro innato de las masas, Fidel también me sacó de la cama. Aguijoneada con el ejemplo de quien estuvo en la Sierra Maestra en reuniones del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y en misiones notables del Segundo Frente Oriental, constaté a partir del relato de Fidel de cómo “Vilma no se inmutaba ante peligro alguno”, supe que mis retos siempre serían insignificantes. Miré alrededor, y en medio de la soledad llorada, el corazón dolido y la mente semienloquecida, comprendí que llegaría algún día a sanar con empeño. La “voz dulce” de la heroína me dictó únicamente certezas.

Ella tuvo la dicha de formar una familia al lado de uno de los hombres más audaces e importantes del país, el general de Ejército Raúl Castro Ruz. Jamás se opacaron; al contrario, se completaron dando lo mejor de cada uno a la patria; Vilma al frente de la FMC, demostrándole a una Cuba tradicionalista que desde nuestras condiciones diversas podemos andar de compañera, sin despojarnos de la ternura, de la casa, y sin ser propiedad de nadie.

El Estado cubano potencia la dignidad conquistada en 1959, y precisamente la FMC sigue empeñada en animar a las violentadas, discriminadas, a imponerse, a salir adelante. La tarea sigue siendo ardua, pues en tiempos de restauración capitalista neoliberal, y con un “vecino” imperial tan prepotente, nos cuelan tradiciones foráneas enajenantes, de sumisión al canon de la belleza de pasarelas y de liftins, baby shower y adoración enfermiza al macho proveedor de regalos…, batallas complejas porque vemos un retroceso en patrones creídos superados. La realidad económica es también un factor compulsivo, y le causa a las mujeres cantidad de estrés, y si a eso se le adiciona convivir con hombres agresivos y violentos, el mal es de nunca acabar…y desencaja armonías.

No debe cegarnos la frase “son pocos” los asesinatos de mujeres (feminicidios) a manos de parejas o familiares controladores. El más reciente informe del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género, coordinado por la FMC, en conjunto con la Oficina Nacional de Estadística e Información 2024, reportó 76 casos, todos juzgados; no obstante, plataformas independientes o “anticubanas”, afirman ser muchos más. Ha faltado agilidad a la hora de informar sobre esos procesos judiciales; otros pasan inadvertidos, lo cual es una clara deficiencia y mina el trabajo y el prestigio de autoridades y la FMC, a ellas se les achacan deficiente o nula metodología.

Pero no se trata de “guardar la forma”; esas muertes duelen, sean una o mil. Los feminicidios ocurren allí en comunidades en desventaja social; sin embargo, afirmarlo categóricamente, además de ingenuo, es superficial. El asesinato o violencia sucede, sin duda alguna, donde la mujer se tenga como “una cosa”, y encima “desechable”. Hace pocos meses el canal Cubavisión de la televisión nacional transmitió la novela Renacer; trataba de una familia de provincias, de cuatro personas; madre, hijo, niño y esposa, nombrada Aitana. Esta última violentada constantemente, a causa del carácter posesivo del esposo. Muy a su pesar abandona al pequeño y huye hacia la capital, después de sufrir una golpiza del marido.

En mi criterio, lo que parecía ser una entrega de definido contenido social se desvía en sucesión de chismes y chanchullos de alcoba y barrio, dejando en segundo plano el centro del problema: la violencia de género. Por tanto, no podemos disminuir y mancillar banalmente temas de semejante dimensión, pues si bien en comparación con otras latitudes exhibimos mejores índices de emancipación femenina, la violencia de género es multifactorial e histórica.

Valerse de una eficiente comunicación cultural (entendida en su amplia acepción) es imperativo, y se ha de potenciar el lenguaje fresco, ya sea escrito o visual, incluido el de redes digitales, movilizador de esa chispita individual. A mí me “funcionó” una Reflexión; una joven quinceañera y sus amigos pueden aprender de un video sugestivo, acciones alejadas del didactismo ñoño y ramplón, como compleento de la ardua labor de la FMC. Podemos, tenemos al aparato gubernamental y estatal como apoyo decisivo.

En febrero de 2025, la organización femenina anunció el incremento de acciones contra cualquier tipo de violencia hacia la niñas, jóvenes y adultas por medio del proyecto “Apoyo a la Respuesta Nacional a la Violencia Basada en Género”, auspiciado por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFP). La iniciativa atenderá a más de 30 000 mujeres y niñas, de 40 municipios, y eventualmente debe extenderse al resto del país. Se avala una actuación integral e integrada para la prevención y atención efectiva del flagelo, y se tratará de deconstruir estereotipos y prácticas discriminatorias que la perpetúan. La jefa de oficina de UNFP en Cuba, Marisol Alfonso, explicó a PL cómo el proyecto tiene su base en estrategias implementadas desde hace años en la Isla.

Sería magnifico que en este y en los diferentes programas se incorporen más articuladamente nociones de la sicología individual y social modernas. Además de esqueleto, músculos o raciocinio, estamos conformados de emociones; de mimetizar experiencias en sentimientos y actitudes de superación o en tornar los traumas en sucesos paralizantes. Las mujeres violentadas a veces tardan años en narrar lo sucedido, de “curarse en salud”.

Por eso, si la FMC despliega capacidades creativas aliándose a disciplinas de las ciencias –lo cual seguro hace– ninguna dimensión dejará de trabajarse útilmente, teniendo en cuenta a la comunidad, y se alcanzarán resultados superiores: la violencia de género de experiencia personal se vuelve fenómeno sociológico.

El desarrollo de una nación se mide por el adelanto de sus mujeres. Décadas de reclamos sociales y políticos nos han ido otorgando la condición de compañera, entre nosotras y del hombre, más allá de si se es o no pareja sentimental. En Cuba los índices de participación e inserción femenina en todos los renglones son sumamente elevados. ¿Qué seguir esperando entonces del varón? Que no se sienta disminuido en ninguna esfera de la vida por el “brillo” de mujer; cultivar autoestimas mutuas; apreciar cualidades despojado de autoritarismo, de roles de poder, de ceder espacios, no por una normativa o cuota, sino por méritos; en fin, acompañarnos en redentor vuelo. Se trataría de mirar la gota de lluvia sin rubores, porque la ternura es valor intrínseco del ser humano. Y ahí donde crece, la violencia termina por agachar la cabeza.

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2 comentarios

  1. Un magnífico, persuasivo y motivador, literariamente bello, homenaje a la mujer y a la FMC es este conmovedor ensayo testimonio de la iluminada autora, que ojalá pasara de los ojos a la conciencia y conducta de millones. Lo aplaudo y comparto emocionado. Muchísimas felicidades, mujeres, federadas, María Victoria.

  2. Muy de acuerdo contigo, hermano! El trabajo me gustó mucho y al igual que tú, lo aprecio como un justo reconocimiento a la labor y esfuerzos d la mujer cubana dentro de nuestra sociedad, y a la Organización femenina que tan dignamente nos ha representado, desde su creación durante los primeros años d la Revolución; la Federación de Mujeres Cubanas! Viva la Revolución! Viva la FMC!!!

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