Con la estrella y luceros del carnaval habanero, espectáculo que solía animar. / Autor no iden-tificado
Con la estrella y luceros del carnaval habanero, espectáculo que solía animar. / Autor no iden-tificado

Germán Pinelli: Maestro de la animación televisiva

Otro hito y paradigma de la locución radial y televisiva, Consuelito Vidal expresó “aprendimos viéndolo. Y siempre ayudó a los jóvenes”

Por. / PEDRO ANTONIO GARCÍA*


Aunque los académicos insistan en calificarlo, con mucha razón, “hito y paradigma de la locución y animación televisiva en Cuba”, cientos de miles de cubanos –incluyendo a este redactor– lo recordaremos siempre por su personaje de Éufrates del Valle, un periodista corrupto y oportunista, en el espacio ya mítico de la pequeña pantalla nacional San Nicolás del Peladero.

Si alguien le preguntara al autor de estas líneas qué secuencia de ese programa recuerda con más agrado, no dudaría: cantaba esa noche Barbarito Diez. En una de sus características “morcillas” (diálogos improvisados fuera del libreto, recordar que aquellos programas se hacían “en vivo”), Éufrates comentó en voz alta: “Barbarito canta como los ángeles”. Ñico (interpretado por Carlos Moctezuma) replicó: “No, canta como Dios”.

En el espacio San Nicolás del Peladero dialogando en Enrique Santiesteban. / Archivo de BOHEMIA

Lamentablemente la amplia mayoría de nuestros lectores (nacidos de 1985 a acá) no pudieron disfrutar de San Nicolás del Peladero y apenas se conservan trozos de ese emisión televisiva, no siempre en el mejor estado. Transcurría en un pueblo ficticio, perdido en la geografía de la república neocolonial, donde Éufrates, vendido al mejor postor, cobraba elevadamente los favores con su frase favorita: “¡El papel está muy caro!”.

No tenía Partido y servía lo mismo al alcalde de turno, ya fuera el corrupto Plutarco Tuero (Enrique Santiesteban), jefe de los liberales, o al no menos corrompido Montelongo Cañón (Agustín Campos), patriarca conservador, o al arribista Ñico Rutina cuando se adueñó del ayuntamiento, y al sargento Arencibia (Mario Limonta), jefe de la Guardia Rural, si se apoderaba del municipio

No se limitaba Pinelli a caricaturizar al plumífero. Con la ayuda de la formidable actriz María de los Ángeles Santana, quien personificaba a la alcaldesa, se dedicaba a rectificar con mucho humor y nada de escolástica gratuita los barbarismos del lenguaje tan asiduos en el parloteo de la primera dama del pueblo.

Como podrá comprender los avezados en la historia de la escena nacional, solo por los actores mencionados puede tenerse en cuenta el alto nivel de interpretación que tenía ese espacio, matizado además con la mejor música cubana de la primera mitad del siglo XX en la voz de los más renombrados cantantes y conjuntos. Y entre ellos descollaba don Germán independientemente de con quien estuviera dialogando, según el libreto.

Verdaderamente se llamaba Gregorio José Germán Carlos Augusto Piniella Vázquez de Mella y nació el 15 de noviembre de 1907, en La Habana. Hijo de padres españoles, le inculcaron desde sus primeros años el amor por el canto y la declamación. A los seis años y medio debuta en el entonces Teatro Nacional, hoy García Lorca.

Su madre, una culta y bella madrileña, le dijo un día al muchacho que soñaba entonces con ser cantante de ópera: “Hijo mío, con ese apellido no llegas a ninguna parte. Sabe más a tocino, morcillas y garbanzos que a cuestión artística”. Y ella misma le buscó ese apellido procedente, por cierto, de una familia de mafiosos radicada en Roma y con mucho dinero.

En 1925 debuta como actor. Habla, improvisa, toca el piano, todos le aplauden por su bella voz. Ya en esa época incluía tangos en su repertorio. Según él mismo confesara a la investigadora Josefa Bracero, una dolencia en el lóbulo superior del pulmón derecho le restó la voz y tuvo que abandonar sus sueños de ser tenor.

Y se convierte en hombre de radio. Él aseguró en un testimonio: “en la CMBN actué como cantante, locutor, animador, barrendero y como el que iba a buscar café a la esquina. Mi primer gran sueldo son cinco pesos al mes, cantando martes y jueves de 10 a 11 de la noche en una hora masónica”.

Sentó cátedra como animador e improvisaba en los vacíos de los libretos. / Autor no identificado

Pasa a la CMQ y en 1935 dirige cuatro noticieros. Sobre esa etapa dijo: “Ser periodista es ser audaz, lanzarse a buscar la noticia donde esté y saber extraerla cuando la fuente no quiera darla. No es cuestión de espiritismo. Es, simplemente, poseer una habilidad especial para hurgar y saber, incluso, leer en los ojos”.

Como animador en esa radioemisora hizo época en La Corte Suprema del Arte, un espacio dedicado a la búsqueda de talentos, uno de los cuales fue Rosita Fornés, la célebre vedette cubana, a la que presentó radialmente y le auguró un brillante futuro. Pero no por ello abandonó el periodismo.

Ahí están, por si alguien duda, sus entrevistas en esa emisora a Winston Churchill; al doctor Castro Viejo, autor de la teoría del trasplante de córnea; Libertad Lamarque; Jorge Negrete; incluso a Cantinflas quien luego fue el padrino de su más pequeña hija.

Además, pasó a ser una joya antológica de la radio cubana su reportaje “en vivo” sobre los sucesos de Orfila en 1947, los cuales fue relatando a escasos 50 metros de la batalla campal a tiros entre dos grupos gansteriles en plena vía pública en La Habana.

Con el surgimiento de la televisión muchos dudaron. ¿Podría su físico adaptarse a la pequeña pantalla? “Siempre fui feo y flaco, una vara de tumbar gatos”, solía describirse a sí mismo. Mas, se ganó el puesto en el propio acto inaugural de CMQ-TV. Ante el extravío del libreto, ya en el aire, fue llamado para improvisar. Exitosa fue su aparición y concluyó animando todo el espectáculo.

Hizo televisión en Brasil, España, Canadá, México y Venezuela. Al triunfo de la Revolución le ofrecieron jugosos contratos para trabajar en el extranjero. “¿Nunca esa idea le rondó la cabeza?”, una vez le preguntaron al regreso de una gira. “Bueno, sí. Pero solo quedarme un par de días más para hacer lo que me diera la gana. Por ejemplo, en España, porque me encantaban los potajes; y si no te cuestan a ti ni un centavo, ¡mejor!”.

De sus incursiones en el cine, casi siempre se le recuerda como Pascual Orozco, el solterón místico de Los sobrevivientes de Tomás Gutiérrez Alea. Sin embargo, se olvida aquella de Leyenda de Rogelio París, en la que se robó las pocas secuencias en las que apareció.

Germán Pinelli falleció en La Habana el 20 de noviembre de 1995. De todos los calificativos que le dieron, este redactor escoge el de Consuelito Vidal, su compañera de trabajo en la presentación de festivales y en los espectáculos para escoger a la reina del carnaval de La Habana: “Fue el maestro de todos los locutores y animadores en Cuba. Aprendimos viéndolo. Y siempre ayudó a los jóvenes”.

*Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021.

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Fuentes consultadas

Testimonios recogidos por al autor de este trabajo a familiares de Pinelli y compañeros de trabajo. El libro La radio en Cuba, de Josefa Bracero.

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