Diversas narrativas y estéticas aporta la muestra de carteles en concurso en la edición 46 del Festival Internacional del nuevo Cine Latinoamericano en La Habana
¿Quién no recuerda registros de riquezas cinematográficas perpetuados en una manifestación que desde la última década del siglo XIX fue reconocida mundialmente como artística? Los carteles suelen despertar el interés del espectador ávido por conocer más del relato fílmico que lo inspiró y de la obra gráfica ante sus ojos. Significativa en cuanto a diversidades narrativas y estéticas es la muestra que compite por el Coral en la edición 46 del Festival internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
Consagrados y jóvenes diseñadores son conscientes de la importancia de la relación filme-representación gráfica. Símbolos, metáforas, sombras, texturas: amplias gamas cromáticas de propuestas nutren los códigos por descifrar. Cada obra demanda la inteligencia participativa del ver e interpretar lo recóndito y desconocido de las culturas, y alerta para evitar los posibles olvidos de procesos y figuras relevantes en naciones de América Latina y del mundo.
La secuencia que ahora se presenta el concurso invita a meditar sobre la calidad del diseño gráfico que ha adquirido notable madurez en las artes visuales contemporáneas. Este análisis lo haremos en las páginas de BOHEMIA; ahora, nos detenemos en la dramaturgia comunicativa establecida por la imaginación y la maestría desplegadas en los carteles que son objeto de atención del jurado y de públicos, pues desean conocer y disfrutar los seleccionados para la competencia.
De acuerdo con Susan Sontang: “un cartel tiende a seducir, exhortar, vender, educar, convencer, llamar la atención”. Son atributos que requieren oficio, talento y magisterio volcados en un quehacer artístico. Pensemos en la propuesta del cubano Pepe Menéndez inspirado en el documental Soberana del tiempo de Raúl Nogués y Juan Carlos Travieso. La fuente de este trabajo es la inolvidable maestra Martha Valdés, Premio Nacional de Música.
La obra permite contemplar cómo la imagen-tiempo se convierte en experiencia del acontecer. Ella permite articular la relación con una protagonista imperecedera con cierta relativa economía de recursos desplegados de manera novedosa y contemporánea. El imaginario identitario prevalece en la construcción del sentido artístico concebido por el diseñador.
Al seguir el curso de lo expuesto en la galería apreciamos el cartel de un filme que no está en competencia, pero atrae la atención de los públicos. EL guion es de Amilcar Salatti y la dirección de Roly Peña, la música de Magda Rosa Galbán y Juan Antonio Leyva es la voz del filme Nora. Mediante los códigos del policíaco sostiene las acciones de los personajes y contribuye a la dinámica narrativa en la historia.
Ver y comprender el ordenamiento simbólico de la muestra que aspira al Coral propicia meditar sobre las transformaciones de las visualidades por la emergencia y el asentamiento de imágenes-tiempos que activan las prácticas de creación.
Estos y otros registros pueden hacer pensables los modos de distribución social de las imágenes en diferentes espacios. Vivimos un tiempo de transformaciones profundas. Reformular los horizontes del ver descubriendo lo valedero y desechando la hojarasca, lo banal, las colonizaciones culturales, ayudan a hacer memoria defendiendo las visualidades artísticas.
Pensémoslo.






















