La principal fiesta jazzística cubana se vuelve cosmopolita, con talentos de todas partes. BOHEMIA cuenta sobre una de esas experiencias
En un acto de hospitalidad inusual, el invitado se volvió anfitrión, para desplegar su virtuosismo en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba; ¡oh, sorpresa!, llegaron de lejana y anchurosa tierra: Rusia. El jazz Plaza 2026 se prestigió con un grupo musical trajeado y de corbata, dirigido por la figura clave del jazz ruso, el saxofonista y clarinetista Igor Butman: la Orquesta de Jazz de Moscú.

Tras las sonoras presentaciones, una cascada de metales rompió estereotipos acerca de que los eslavos únicamente son maestros de la llamada música clásica o culta.
¡De eso nada!, la agrupación se paseó con soltura sabrosa en una variación de piezas de Alexander Borodin (1833-1887), en combinación entre el recogimiento de solos de saxo y trompeta, para irrumpir en una lluvia de estrellas de batería, piano y jazz band.
Vendrían autores antológicos universales, como Michel Legrand (1932-2019). Entonces, de la mano de la destreza artística, el escenario se tornó en campo de batalla para improvisaciones y notas agudas, atajadas de una eventual desafinación si los músicos son descuidados; la Orquesta de Jazz de Moscú no, ella se cuece en su rigor…
En sumo gesto de respeto, el pianista y sus compañeros frasearon temas y decires cubanos como, “Cuba Libre”, “toma chocolate, paga lo que debes”. Y cuando creíamos imposibles mayores goces estéticos, irrumpió la infaltable femme fatale de todo conjunto jazzístico respetable.
La ruso-dominicana Fantine, hermosa, vigorosa, caribeña: comentamos que podría tratarse de un pequeño ardid de Butman para alejar el final de un ya memorable espectáculo. Hubo empaste total de orquesta, cantante y público. Juntos, unos de pie y aplaudiendo, otros bailando, “calentamos” una infrecuente gélida noche habanera.























Un comentario
Caramba, qué pena, querida amiga no haber podido acompañarte en esa tan disfrutable locura estética del buen arte improvisado con la mestría y rigor que exige el jazz verdaderamente sabido y sentido. Tu nota traduce calificación de excelencia para los elegantes invitados euroasiáticos, incluido broche de oro femenino con encanto caribeño. Elogio aparte para tu linda imagen tocada en combinación de negro, que no aparece en Bohemia pero sí en mi chat personal. Gracias hijita. Besos.