De viaje a Gaza va la conciencia moral del mundo; los pueblos nunca dejarán sola a Palestina
La irreverencia suele verse como una confrontación caprichosa; sin embargo, toda revolución tiene de ella grandes cuotas por romper los moldes ideológico-culturales de los regímenes que combate. Y aunque pudiera parecer exagerado, esta humanidad necesita urgentemente de una telúrica revolución ética y moral de los inconformes ante las injusticias, las guerras y la opresión.
El genocidio del gobierno israelí contra el pueblo palestino no tiene parangón en los anales de la historia reciente. Fundamentalmente debido a la connivencia de los Estados Unidos y de las potencias occidentales, quienes se niegan a parar en seco al racismo y el colonialismo de su principal aliado en el Oriente Medio.

Puesta en marcha la sanguinaria maquinaria militar desatada a raíz de la acción de la resistencia palestina el 7 de octubre de 2023, lo mejor de los pueblos del mundo –sobresale el estudiantado universitario estadounidense– lanzó advertencias sobre el horror de las acciones punitivas contra la población indefensa de Gaza.
Empezó cual un grito quedo, aquí y allá; luego se multiplicó en mareas de banderas palestinas y, en esta coyuntura, ha tomado forma de yates para llevar a los hambreados comida, pero más que nada con miras a remover de su aparente sitio inamovible la maldad sionista.
Se ha partido desde puertos seguros hacia la incertidumbre con la finalidad de reafirmar que todavía la gente siente en su piel las tragedias ajenas, máxime la de una infancia sobrecogida de tanta muerte alrededor: en estos momentos ni los gobiernos occidentales se animan a proferir ofensas, ni se atreven a tildar de antisemita la audacia reconocida por los justos y nombrada solidaridad.

Entre esos irreverentes figura Susan Sarandon, actriz y productora estadounidense de teatro, cine y televisión, uno de los rostros queridos de Hollywood. Con varias nominaciones a los Premios Oscar, es, además, desde 1999, Embajadora de Buena Voluntad de Unicef. Y dentro de su país se ha impuesto ante atropellos. También en la digna comitiva de apoyo está Roger Waters, músico, compositor y cantante británico, cofundador de la banda de rock progresivo Pink Floyd. Sus conciertos están entre los más aplaudidos, toda vez que se mueve con un enorme estandarte roji-verde-negro, símbolo actual de resistencia.
En el Parte No.9 del Diario de Viaje de la Flotilla, entre tantísimas descripciones, Waters escribe: “En la mañana hemos hecho Asamblea para estar al tanto de la situación de la flotilla y lo que le concierne. Se ha hablado de las importantes movilizaciones que se desarrollarán mañana en Francia y en Italia, convocadas por las grandes centrales sindicales de esos países. Movilizaciones contra el genocidio y en apoyo a la Flotilla”.
Los navegantes han organizado una muy bien articulada campaña de divulgación, desdoblada en mostrar lo hermoso del cielo o el mar; e incluso en uno de esos mensajes se habla sobre el vuelo de gorriones, tan lejos de tierra. No obstante, el amor hacia la naturaleza, el mensaje prevaleciente es un llamado al combate, en el que se lucha amando “al semejante”, al huérfano, al hombre mutilado, a la madre doliente, al médico sin hospital, al periodista ultimado sin pudor, al rehén abandonado.
Como bendición redentora, ya suman 60 barcos y cerca de 500 pasajeros. En total, se inscribieron 32 000 personas. ¿Cuántos más quisiéramos ir? Miles, cientos, millones de irreverentes.























Un comentario
Preciosa esta crónica que parece escrita, porque así lo,siente la autora, desde una de las embarcaciones de la flota donde, efectivamente, viaja, hasta ahora, medio centenar de exponentes de la dignidad humana, rumbo a la en extremo sufriente, adolorida y diezmada Gaza. Le expectativa es inmensa por lo que puede ocurrir, pero la hasta ahora inconmovible impunidad de la barbarie sionista genocida no deja demasiado margen a la esperanza. El más reciente botón de muestra es el brutal ataque contra la delegación de Hamas que acude al país mediador a propuesta de los propios EEUU protectores incondicionales de su engendro racista y criminal en el Medio Oriente. .