El pensamiento y la sensibilidad del destacado artista Andrés González nutren el quehacer de su carrera profesional creativa en superación permanente
Sugerente, anclado en lo que significa su ver pleno de valores históricos y socioculturales, él siente gozos íntimos al expresarse; dialoga con los humanos sin límites de distancias, geografías sexos o edades. Mediante visualidades y el pensar establece nexos fuertes que derriban silencios o incomprensiones. Su pieza Martí Antimperialista es la razón elocuente de la personal creación artística comprometida. Lo inspiraron el cubano más universal, y la Patria de arraigo en almas y conciencias.

Moviliza y conmueve al pueblo armado con la bandera nacional mientras indica la continuidad de una ruta permanente trazada por los próceres. La siguen en franca comunión la obra del artista y la sociedad.
Al volver sobre la idea que dio origen a la escultura, Andrés González cuenta sobre una motivación muy especial: las conversaciones frente a frente a Fidel, quien lideró el apoyo a su propuesta. Cual semilla en plena germinación, el creador rememora el proceso dinámico vivido. Se identificó con el lugar en La Habana, la Tribuna Antimperialista José Martí, la batalla por el regreso de niño Elián y el significado de nuestro Martí, un altísimo valor ético de trascendencia universal.
Despacio, sin ocultar la pasión nunca olvidada desde el año 2000, dice: “Estudié el lugar y la dirección del viento. Allí habla hasta el olor del salitre. Todo lo considere para crear la textura de la base con corales y piedras marinas al integrar el pedestal con la escultura. Esa pátina que se genera responde a la atmósfera del ambiente natural”.
El diálogo entre las razones de la mente y el pálpito del corazón le han permitido encontrar toda la poesía mostrada en su Martí Antimperialista, en gestos y acciones.
Hacer memoria constituye un imperativo, él lo disfruta. Sus obras habitan en una buena parte de Cuba y otros países. Le place ese ser y estar presente para comunicar raigambres, descubrimientos y sentimientos de larga andadura en su quehacer.

Regreso a las vivencias
Oriundo del poblado La Palma, en Pinar del Río, “sin saber nada de arte”, le interesaba divertirse en juegos entretenidos a partir de lo esencial: tallar maderas, darle otra forma a lo ya existente en el campo y los diferentes contextos.
La llegada de un instructor de artes plásticas lo inició en el camino, después cursa la Escuela Nacional de Arte y obtiene una beca para estudiar en el Instituto Académico de Moscú de Bellas Artes Suríkov, donde permaneció seis años.
Al rememorar las dimensiones de sus pasos y los aprendizajes, nunca olvida las enseñanzas de su riguroso maestro Mijail, un poeta de la escultura. Al revisar uno de los ejercicios prácticos presentados en el Instituto le dijo: “Ese trabajo muestra lo peor que puede tener una escultura: no habla. Y el arte tiene que hablar”. Enseguida añadió: “Usted tiene vergüenza porque se ha puesto colorado”. Andrés confiesa: “Lo aprendí para siempre. Dotar de comunicación la expresividad de mis piezas es fundamental. Soy consciente de que la escultura monumentaria es una exposición permanente. Hablo con muchas personas todo el tiempo. Les transmito ideas, lo mío propio”.

Árboles de signos
En el modesto taller donde crea Andrés González, una muestra pequeña de sus piezas da fe de la confluencia del pensamiento y el oficio cultivado. Interpretamos que el ver personalísimo es el resultado de una construcción cultural y por lo tanto un hacer complejo, híbrido. Es su imaginario rico en planteamientos y conlleva al reconocimiento de los valores identitarios. En él, el símbolo vive, se multiplica y se traduce en nuevos símbolos. Asume, sin duda, lo apuntado por el reconocido semiólogo Charles Sanders Peirce, cuando afirma que los símbolos crecen. Ocurre así en lo íntimo y privado de González. Bebe de la mezcla de imágenes y conceptos. Lo interioriza y nos parece advertir: de tu ojo soy la pupila.
Percepciones y hallazgos

Conocer, admirar, encontrar, son máximas que guían al artista. Cada pieza es una individualidad en sí misma, acude a leyes y cánones, que establecen procederes durante la narración diseñada en sus esculturas en beneficio del conocimiento humano.
Lo animan múltiples investigaciones, la autenticidad estética y la sugerencia polisémica. El valor artístico es una cualidad integradora, no admite improvisaciones que suelen afectar las partes y el conjunto monumentario.
Comenta: “En ninguno de mis trabajos aparece el nacimiento del protagonista inspirador y su muerte. Creo para la vida”.
Es consciente de que para transgredir preceptos y soluciones, es imprescindible dominar los establecidos. Interioriza la comprensión del arte como un sistema de signos cuyas unidades se articulan intencionalmente en provecho de hablar y estar cerca de las personas.
Explica afable y espontáneo que le satisfizo mucho el pedido de la dirección de la histórica revista Bohemia.
“Darle mantenimiento al busto de José Martí realizado por el prestigioso artista José Delarra. Fue un hombre consecuente con el arte que hacía. En su obra resplandece la honestidad”.
Tras la breve pausa, agrega. “Trabajé con pigmentos materiales naturales, el barro entre ellos, en defensa de la perpetuidad de la pieza. En ella, Delarra desplegó la mirada larga del Apóstol”.
Aún queda por conocer la savia fructífera de Andrés González: una enorme fuente de prestigio lo distingue. Transitaremos esas zonas no ahondadas en esta oportunidad. Ciertamente, su vitalidad es infinita.























Un comentario
Debo confesarle que sentí que había sido muy desorganizado desde el punto de vista cronológico con relación a mi trabajo y que eso le haría complejo el trabajo. Usted fue a la esencia y captó lo verdaderamente importante de la creación puesta en función de la comunicación. Creo que lo bello en el arte es una forma de sacar la vida para identificarnos y acercarnos a lo que para mí es más importante: el diálogo y la reflexión, pero para eso ese pedazo de piedra tiene que convertirse en sentimientos. Muchas gracias, excelente trabajo.
Fuerte abrazo.»