Para el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez “Raúl forma parte de esa generación que valoró la vida por encima de todo y luchó por defenderla, aunque en ello le fuera la suya propia”
Por. / ELVIS RAÚL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ *
Fotos. / Archivo BOHEMIA
Desde los primeros años de la Revolución, uno de los principales problemas afrontados fue la falta de cuadros para asumir los retos que imponía el nuevo rumbo de la sociedad cubana. La mayor dificultad no radicaba solamente en la carencia de cuadros, sino en las cualidades que debían tener.
En tales condiciones la selección, formación, ubicación, evaluación y movimiento de los cuadros se convirtió en uno de los principales asuntos para la dirección del país, en momentos en que los propios protagonistas, formados en el curso de la guerra, en su mayoría, no tenían la preparación suficiente ni el dominio de las cualidades que debía tener un cuadro.
No bastaban la preparación política y la firmeza ideológica, hacía falta también adquirir los conocimientos teóricos de una actividad imperiosa, por principios selectiva, y sistémica funcionalmente.
En todo este proceso junto con Fidel y el Che, Raúl desempeñó un importante papel en la elaboración de la concepción general del cuadro revolucionario y en el proceso de su formación y desempeño profesional, a partir de su propia experiencia y del magisterio de Fidel, todo lo cual le ha permitido compartir y asumir la conducción de los destinos del proceso revolucionario cubano, demostrando capacidad de dirección, talento, cualidades y rasgos que lo identifican, más allá de Cuba, como un líder de reconocido prestigio y autoridad.
El estudio de su pensamiento y su obra nos conduce a un hombre modesto y austero; íntegro y coherente; organizado, crítico y autocrítico; reflexivo, democrático, con capacidad para escuchar y argumentos con los cuales convencer; ajeno a esquemas y patrones rígidos, con seguridad en el camino a transitar, aun reconociéndolo ignoto; creativo, seguro de sí mismo, y con pasión y amor por su actividad; con fe en la victoria, optimista y altruista y, sobre todo, con los pies puestos en la tierra, incapaz de ofrecer lo que no se puede dar, ni de exigir lo que él mismo no hizo o no fuera capaz de hacer.
Raúl es un hombre de Partido, de firmes convicciones político-ideológicas, fiel al Comandante en Jefe, al pueblo y al Partido, y con un elevado sentido de la ética martiana, un patriota e internacionalista convencido.
Fidel, en su Conversación con Tomás Borge, caracterizó al General de Ejército: “desde el primer momento fue muy serio, muy responsable, muy consagrado, muy comprometido, muy valiente. […] se destaca mucho en todo el período aquel de la organización de la expedición en México, en el “Granma”, y ya él viene como jefe de un pelotón, viene con grado de capitán.

La guerra de liberación nacional fue su principal escuela y el laboratorio donde experimentó sus dotes de mando y dirección táctico-estratégica. Tras la sorpresa de Alegría de Pío, subrayó el Comandante en Jefe: “Raúl queda con un grupo de cuatro o cinco, pero hace todas las cosas que hay que hacer para burlar el cerco enemigo, las mismas cosas que hice yo, y los dos únicos grupos que llegan armados son el de Raúl, con cinco armas, y el mío con dos”.
El II Frente Oriental Frank País, por su estructura, composición, organización y funcionamiento, se convirtió de hecho en un gobierno revolucionario en el estratégico territorio donde operaban sus fuerzas militares; en tanto, escuela formadora de cuadros. Allí, puntualizó Fidel, “demostró notables capacidades de jefe y de organizador, un gran sentido de la responsabilidad, mucha firmeza revolucionaria. Realiza un gran trabajo político entre los campesinos, desarrolla una influencia muy positiva en todos los cuadros y todos los jefes, y así se fue destacando.
“Después se produce el triunfo de la Revolución. Se le asignan funciones importantes; a mí me parecía que tenía todas las condiciones para asumir el cargo de Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y así es como se le nombra para esa responsabilidad, en la que ha desarrollado un trabajo extraordinario de carácter político y educativo, formador de cuadros. Creo que realmente su trabajo es excepcional”.
El estudio de su accionar nos conduce al cuadro en el cual se aprecia la integridad de los rasgos característicos de su actividad, le han distinguido y posibilitado conducir procesos sociales con efectividad, sobresaliendo, entre ellos, la coherencia entre el pensar y el hacer; del pensamiento político y el militar, de lo táctico y lo estratégico; del predomino de lo general y lo social sobre lo particular y lo personal; la capacidad para determinar lo esencial y saber diferenciar lo fundamental de lo secundario; ajeno a esquemas y patrones rígidos; su confianza en el hombre y el apoyo en la fuerza creativa del colectivo; con criterios propios e independencia, seguridad en el camino a transitar, aun reconociéndolo ignoto; fiel al pueblo
Fiel al Comandante en Jefe y al Partido y con un elevado sentido de la ética martiana y revolucionaria sobre el deber. Inteligencia, serenidad, modestia y valor, además de serles propios, son otras cualidades que reclama de quienes dirigen.
De su singular magisterio con ese estilo coloquial muy cubano, destacan como cualidades necesarias para un cuadro revolucionario, la fidelidad, la defensa de la unidad, el ejemplo personal, el respeto a la dignidad del hombre y el amor, y la pasión por su trabajo. De alto valor es su permanente llamado a no convertir ningún cargo en medio de vida.

Analizar profundamente, razonar colectivamente, dialogar, esclarecer, convencer sobre la base de la verdad y sólidos argumentos, criticar en tiempo, forma y lugar, rectificar oportunamente y aprender de los errores, tales han sido, entre otros, métodos de amplio empleo en su actividad y fundamentos de sus decisiones personales.
En el ejercicio multifacético de su actividad, Raúl ha acumulado un conjunto de ideas, procedimientos, experiencias y vivencias que ha ido trasmitiendo para el perfeccionamiento y mejores resultados de quienes dirigen.
Al respecto, llama la atención su visión temprana sobre el modo en que un dirigente debe concebir su actividad con el objetivo de conducirse en correspondencia con los intereses sociales y motivar la voluntad colectiva. El dirigente, no como el hombre que piensa en el pueblo, sino como parte de él, actúa por convicción y lo conduce hacia el cumplimiento de los objetivos trazados. La radicalidad y la verdad han de ser cualidades claves en la actividad de dirección.
Así lo expresó ante quienes iniciaban un curso político en la entonces Escuela de Pedagogía de la Universidad de La Habana (agosto de 1960). Puntualizaba que la verdad, por dura y difícil que sea, ha de normar la acción revolucionaria. El revolucionario va a las raíces de las cosas, no lo detiene ni el perjuicio ni los falsos valores, ni los convencionalismos, ni los intereses creados. Convencido del valor de la verdad, rechaza enérgicamente la mentira y exige a sus subordinados actuar en consecuencia con este principio ético.
A solo seis meses del triunfo, en el acto de graduación de auxiliares de veterinaria, en el Centro de Cría Caballar del Ejército Rebelde, en Managua (2 de julio de 1960), dejó esclarecido el papel de quien en funciones de su trabajo se equivoca: “en nuestras funciones podemos equivocarnos, pero jamás podremos mantener nuestras equivocadas posiciones traicionando a la Revolución y a la Patria. Cualquiera puede equivocarse honradamente y rectificar el error. No es otro el camino de los hombres dignos”.
La coordinación de las actividades fue concebida como una necesidad para cumplir y ejecutar las leyes y disposiciones del Gobierno Revolucionario, aplicar las orientaciones de Fidel y realizar las urgentes tareas de la producción y la preparación de la defensa, así como prevenir y aplastar los sabotajes y otras actividades de los contrarrevolucionarios.
Por su iniciativa se creó la Junta de Coordinación, Ejecución e Inspección (Jucei), con el propósito de ver de conjunto las tareas y coordinar las actividades de todos para su cumplimiento.
Resultaba clara la necesidad de coordinar la actividad en interés de asegurar lo principal, concentrar los recursos, evitar la dispersión, centrar los esfuerzos, aunar voluntades en un objetivo común. La cohesión de todas las fuerzas en aras de un objetivo es la piedra angular de la victoria, señalaría posteriormente.
Otra de sus enseñanzas permanentes está en la confianza en las masas, en la dirección colectiva y en el análisis de la interrelación de los problemas. Estaba demostrado. Expresó entonces, cómo el trabajo entre todos y la dirección y la discusión colectivas de los problemas, son la fuente primaria de donde surge la solución de estos.

Al respecto esclareció: “Nunca debemos tener la visión estrecha de un problema determinado, sino, por el contrario, la visión amplia de todos los problemas. Porque una cosa, por increíble que parezca, tiene mucha relación con otras”.
En la conferencia en la Universidad Popular sobre el tema Las Experiencias y Funciones de los Jucei provinciales (4 de junio de 1961), advierte sobre los daños ocasionados por el método individual de trabajo: “es malo, es negativo. Debo aclarar que incluso muchos compañeros buenos, por una cuestión de métodos y trabajo, y ser el único que conocían, lo aplicaban, pero al ver la diferencia que existe entre ese método y el de dirección y discusión de los problemas, comprendieron lo positivo que es y cambiaron”, señaló.
En Raúl, la constancia ocupa un lugar importante en la actividad de dirección. Tal cualidad ha de tener expresión permanente y en cada momento del quehacer de un dirigente, pues para vencer y alcanzar resultados, hay que ser constantes y no doblegarse ante ninguna dificultad, pues siempre habrá que luchar contra ellas,
En el discurso pronunciado en el acto de constitución del Partido en la 4ª División del Ejército del Centro (octubre de 1964), planteó un aspecto de significativa trascendencia en la actividad de dirección: “Nunca a nosotros nos ha asustado la idea de recomenzar una o varias veces cualquier tarea, por difícil que sea. Más vale, a lo mal hecho, darle marcha atrás y comenzar de nuevo, a tener que transigir con lo mal hecho por una cuestión formal”.
En reiteradas ocasiones ha exigido de quienes dirigen desarrollar la capacidad de prever y no esperar a que los problemas se presenten para empezar a dar carreras. En la anteriormente citada conferencia impartida en la Universidad Popular señaló lo correcto de resolverlo al presentarse, aunque mejor todavía sería indagar las causas de ese mal para evitarlo en lo adelante. Saber prever ha sido una de sus principales enseñanzas, adelantarse a los problemas, asumirlos en la etapa inicial, cuando aún son neonatos para evitar las consecuencias de no saber evitarlos a tiempo.
En julio de 1994, cuando el país atravesaba una de los momentos más difíciles del Período Especial en Tiempo de Paz, en los cuales se requería de la creatividad, la independencia y el cambio de mentalidad en la actividad de los cuadros, Raúl realizó un ciclo de encuentros con la participación de dirigentes del Partido, el Gobierno, las FAR, el Minint y las organizaciones de masas de los territorios oriental, central y occidental. En ellos, de manera oportuna y con un enfoque centrado en los peligros de la seguridad y estabilidad del país, analizó la situación concreta de cada región y delineó las líneas principales en las cuales el Partido, sus organizaciones de base y militantes, el Gobierno y el sistema de organizaciones de masas y sociales debían concentrar sus esfuerzos.
“Tenemos que aprender a prever para evitarnos bastantes problemas”, reiteró en el Informe Central presentado al VII Congreso del Partido. Enfrentarlos y darles solución inmediata es algo presente cuando convoca a quienes dirigen. En el propio Informe Central ya citado esclareció: “Lo peor que puede hacer un revolucionario o una simple persona honesta, comunista o no, es quedarse cruzado de brazos […].
“No vamos a esperar milagros, ni que nos resuelvan nuestros problemas. Tenemos que resolverlos nosotros, aprender nosotros, dar tropezones, rectificar y seguir siempre hacia delante”, subrayó ante los presentes en la magna cita de los comunistas cubanos.
Como un rasgo inseparable del estilo de trabajo, considera la existencia del más sano y fraternal ambiente en las relaciones entre los compañeros, factor indispensable para iniciar un trabajo armonioso y productivo, partiendo del principio de combatir los defectos y no los hombres.
Al intervenir en el acto por el aniversario 44 del asalto al cuartel Moncada (Las Tunas, 26 de julio de 1997), expuso a modo de síntesis la mejor expresión del estilo de trabajo de un cuadro en Revolución: “El secreto para lograr mayores éxitos está en la capacidad de los cuadros para abarcar de conjunto la complejidad de la situación, establecer las prioridades, organizar el trabajo, cohesionar las fuerzas, exigir disciplina, educar con el ejemplo, explicar la necesidad de cada tarea, convencer, entusiasmar, levantar el espíritu y movilizar la voluntad de la gente”.

En las palabras de clausura del acto central con motivo del aniversario 54 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes (Plaza de la Revolución Mayor General Ignacio Agramonte, Camagüey), expresó uno de los rasgos esenciales a observar en la actividad de un cuadro: “Mientras mayor sea el problema o desafío, más organización, más trabajo sistemático y efectivo, más estudio y previsión a partir de una planificación basada en prioridades claramente establecidas, sin que nadie trate de resolver sus problemas a cualquier precio ni a costa de otros”.
Otra de sus enseñanzas y de significativa trascendencia para quienes ocupan cargos de dirección se puede sintetizar así: “quien ocupa un cargo de dirección debe saber escuchar y crear el ambiente propicio para que los demás se expresen con absoluta libertad. Es algo que debe incorporarse de manera definitiva al estilo de trabajo de cada dirigente, junto a la orientación, la crítica o la medida disciplinaria oportuna”.
De su accionar las nuevas generaciones de cuadros podrán asumir el arsenal necesario para enfrentar en cada momento histórico, por sí mismos, con las propias fuerzas y recursos disponibles, los pies puestos en la tierra y en pleno ejercicio de la dirección colectiva, las complejidades existentes, la magnitud del problema y determinar el eslabón principal y las prioridades de cada etapa, en un escenario mucho más complejo, más contradictorio, violento e inseguro, cuando acudir a las raíces de la resistencia y la supervivencia de la Revolución, adquiere un valor incalculable.
En su Conversación con Tomás Borge, Fidel afirmó: “Raúl ha sido realmente el segundo al mando de la Revolución en todo este período revolucionario. Yo digo que Raúl no se ha destacado más porque ha tenido la sombra mía, es mi opinión; porque para que la gente se destaque más es necesario que pueda tener el ámbito donde poder demostrar todas sus capacidades o todas sus cualidades”.
- *Doctor en Ciencias Históricas, Vicepresidente del Instituto de Historia de Cuba
Fuentes consultadas
El libro Un grano de maíz. Conversación con Tomás Borge, de Fidel Castro. Documentos localizados en el Archivo Histórico del Comité Central del Partido. La compilación Obras Revolucionarias N° 18. (1961). Citas extraídas de informaciones publicadas en los periódicos Hoy (1960), Revolución (1964) y Granma (1997 y 2007)





















