La huella de Francisco de Albear en Cuba

En la Cuba del siglo XIX, el ingeniero Francisco de Albear y Lara demostró que era posible brindar soluciones perdurables a los desafíos urbanos, dejando a La Habana el legado del Acueducto de Vento. Esta obra se erige como un testimonio que desafía el paso del tiempo. Hoy, ante el reto global de garantizar el acceso al agua potable, la figura de Albear trasciende el mármol de su estatua, convirtiéndose en un llamado a la acción: su ejemplo reclama nuestra capacidad para conservar lo edificado, renovar lo esencial y reconocer que, detrás de cada conquista civilizatoria, hay rostros, convicciones y luchas que exigen algo más que un pedestal: demandan un compromiso activo.

La sección Bohemia Vieja invita a sus lectores a redescubrir el artículo “Estampa de Don Francisco de Albear”, escrito por Luis Felipe Rodríguez y publicado originalmente en la edición 46 del 14 de noviembre de 1943. Más que una biografía, este texto es un vibrante homenaje periodístico que entrelaza la histórica lucha por el agua con la realidad de una isla que aún combate la escasez y las amenazas a la salud pública.

A través de una narrativa que fusiona crónica, reflexión y un tono casi épico, Rodríguez nos lleva desde los primeros y fallidos intentos por abastecer de agua a la capital colonial hasta la obra maestra de Albear, un hombre que combinó rigor militar, ingenio técnico y una tenacidad inquebrantable frente a fiebres, burocracias y escepticismos. El artículo revela cómo su canal no solo superó obstáculos naturales, sino que se convirtió en símbolo de un progreso que honra “la higiene, la fisiología y la terapéutica”, sirviendo como dique contra las “hordas microscópicas” que amenazan el bienestar colectivo.

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