Los crímenes monstruosos cometidos por la horda hitleriana en el continente europeo no solo fueron ejecutados por hombres; mujeres imbuidas de la pervertida filosofía nazifascista también perpetraron viles torturas y horrendos asesinatos en campos de concentración y exterminio. BOHEMIA le ofrece las más crueles
En la primera parte de este trabajo abordamos la personalidad corrupta y malvada de Ilse Koch, verduga nazi conocida como “La perra de Buchenwald”. Continuaremos con otras dos sádicas SS:
Alice Mina Elisa Orlowski (Tom Boy)

Nació el 30 de septiembre de 1913 en Berlín. Era hija de un inspector jefe de Hacienda. Estudió Medicina, pero abandonó la carrera y trabajó de modelo.
En septiembre de 1939, comenzó la II Guerra Mundial con la invasión a Polonia. En 1941, Orlowski fue destinada al campo de concentración de Ravensbruck (Polonia), el único gran campo nazi de concentración de mujeres, formado por guardias de la SS y 150 supervisoras. Estas tenían un “entrenamiento” previo para tratar a las reclusas que tenían que trabajar hasta morir; las tareas de las supervisoras era extraerle el máximo a las ya condenadas a muerte por exceso de esfuerzos, hambre, frío intenso y golpizas.
Por sus “rendimientos” en Ravensbruck, fue seleccionada para ejercer en el campo de Majdanek (Polonia) en octubre de 1942. Aunque hubo allí prisioneros soviéticos de guerra –murieron todos–, el sitio estuvo dedicado a los judíos y su sistemática liquidación. Además, se podían encontrar miembros de la resistencia polaca y prisioneros del campo incapaces de trabajar: todos ellos fueron exterminados.
Desde su llegada al campo, Orlowski se ganó una negativa reputación de “dura”: caminaba con una pistola a la cintura y un látigo. Según testigos, cuando veía a un prisionero detenido por un segundo en lo que iba haciendo, se acercaba por su espalda y lo torturaba, muchas veces hasta la muerte. Se registraron unos 150 casos de este tipo expuestos en el posterior juicio de Auschwitz.
Cuenta otro testigo que era tanto su sadismo, que el SS Edmund Hainegger le arrebató su látigo cuando iba a golpear a un prisionero y la amenazó con denunciarla al jefe del campo. Este había ordenado “atemperar” las heridas infligidas porque disminuía la capacidad de trabajo de los reclusos.
Cuando los soviéticos llegaron a Majdanek –primer campo de concentración liberado–, ya Orlowski había sido trasladada al de Plazsów, también en Polonia. En ese sitio era conocida como Tom Boy, por su aspecto masculino. El exprisionero Brosni Suamalabert narró que en octubre de 1944 se pasó lista a los prisioneros no aptos para el trabajo, los que fueron enviados a los crematorios de Auschwitz. Entre ellos había unos 150 niños, entre seis y 10 años. Orlowski tomó a uno de seis años por las piernas y le golpeó la cabeza contra un bloque de concreto hasta matarlo.
Con posterioridad, la sádica nazi fue llevada a trabajar a Auschwitz. Según Yusefa Bosniak, quien sirvió en ese campo de exterminio hasta su liberación en 1945, en una ocasión Orlowski “pilló” a una judía polaca con un trozo de nabo encontrado en el piso; la golpeó con todas sus fuerzas hasta casi destrozarla; luego, la levantó y continuó azotándola hasta su muerte.
Cuando los soviéticos se acercaban a Auschwitz, las autoridades del campo decidieron evacuarlo y trasladar los prisioneros a otros concentrados como Buchenwald, Bergen-Belsen y Dachau. Unos 60 000 fueron obligados a marchar en duras condiciones de alimentación, frío extremo y ritmo implacable: muchos fallecían en el camino víctimas del sobresfuerzo. Esas caminatas eran con conocidas como “las marchas de la muerte”. Orlowski estaba entre quienes conducían a los presos. Sin embargo, conocedora de la derrota nazi, se mostró “condescendiente”: los consolaba, les daba agua y dormía en el suelo con ellos.
Las tropas soviéticas la capturaron y la enviaron a Polonia con el objetivo de enjuiciarla por sus crímenes, lo cual se efectuó en Auschwitz en noviembre de 1947. Debido a sus últimas acciones en favor de los prisioneros, Orlowski fue condenada a 15 años de encarcelamiento y no a la horca, aunque solo cumplió 10 años.
La exnazi fue a trabajar en Colonia, Alemania Occidental, donde hizo un comentario antisemita que le costó ocho meses tras barrotes. En 1975 la volvieron a detener por sus crímenes en Majdanek y se le enjuició nuevamente. La suerte le volvió a favorecer, pues murió de causas naturales al año siguiente.
Gerda Steinhoff

Después de la ocupación de Polonia y la invasión a la Unión Soviética, tres millones de judíos polacos fueron llevados a campos de concentración y exterminio; entre ellos, el de Stutthof, cerca la ciudad de Danzig al norte de Polonia. Allí había una cámara de gas con capacidad para 150 personas. Se estima en unos 4 000 prisioneros pasaron por allí y, en general, fueron asesinadas unas 60 000 personas en su perímetro.
Steinhoff nació en 1922 en Danzig, Prusia Occidental, ciudad de etnia germana, si bien vinculada con Polonia. Cuando Hitler toma el poder en 1933, el partido nazi se hace fuerte en esa localidad y crece el sentimiento antipolaco: los trabajadores de esta nacionalidad fueron despedidos de sus puestos y se prohibía hablar en ese idioma. Los líderes religiosos y de la intelectualidad fueron llevados a Stutthof y eliminados.
En 1944, los nazis comenzaron a reclutar mujeres de Danzig para trabajar en Stutthof. Una de ellas fue Gerda, quien se convirtió en miembro de las SS y bajo su custodia estaban 400 mujeres y niños. Se destacó como una supervisora despiadada y causó la muerte por golpizas a varias reclusas incluso niñas. De acuerdo con testigos, Gerda Steinhoff fue una de las guardianas más feroces del campo. También formó parte del personal que seleccionaba a quienes iban a la cámara de gas. Los nazis la condecoraron con la Cruz de Hierro.
Llegados los primeros meses del año 1945, las fuerzas soviéticas avanzaron hacia Polonia y liberaron a Stutthof. La sádica supervisora logró escapar y regresó a Danzig, pero fue capturada en mayo de 1945 y encausada en el primer juicio realizado en ese campo. La condenaron a morir en la horca el 4 de julio de 1946, acción efectuada ante la mirada de más de 200 000 asistentes. Solo tenía 24 años.
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Fuentes consultadas
El lado femenino del mal, de Mónica G. Álvarez; Museo estadounidense del Holocausto, en encyclopedia.ushmm.org





















