Las peligrosas grietas de la ingenuidad

La experiencia indica que estar alertas es el mejor antídoto para evitar situaciones que con cierta frecuencia nos están perjudicando a todos


Con el perdón, perjuicio o beneficio de la duda, y de los días que han transcurrido desde entonces, el incendio que afectó recientemente a instalaciones pesqueras de La Coloma, en Pinar del Río, me hace seguir meditando acerca de ese tipo de suceso, por cierto bastante recurrente en los últimos tiempos o, para no pecar de absoluto, menos frecuente décadas atrás.

Como suele ocurrir en esos casos, desde el primer momento imaginé la realización cuidadosa de investigaciones para determinar causas del siniestro y, por supuesto, la posterior comunicación, una vez concluido el proceso.

No es, sin embargo, ese hecho el centro de apuntes como estos, que, dicho sea de paso, deseaba escribir desde hace algún tiempo.

Sin ser tampoco absoluto, siempre he pensado que la casualidad no existe, que nada es casual, que todo tiene una causa, un por qué…

Si rebobinamos un poco el pensamiento, encontraremos eventos similares en otras partes del país, averías o roturas en instalaciones, con sensible afectación en la economía o en servicios básicos para la población…

Jamás osaría negar o ignorar causas técnicas o tecnológicas que pueden aflorar en un momento determinado. Tampoco se me ocurriría desestimar la posibilidad del descuido humano involuntario, sin ánimo premeditado de provocar daño o hasta de la inexperiencia o la falta de conocimiento. Pero desde niño aprendí del gigante a quien no por casualidad pretendieron eliminar físicamente en más de 600 ocasiones: la ingenuidad puede tener un alto y fatídico precio, mucho más en las excepcionales condiciones de Cuba. Y todos sabemos por qué.

Vuelvo a ofrecer mis más personales disculpas si en ninguna de las grandes averías en instalaciones de estratégico uso, incendios, explosiones, descarrilamientos de trenes… ha habido una peluda mano “haciendo de las suyas”, cobrando luego “el servicio”. Es más: ojalá esté completamente equivocado.

Prefiero, no obstante, tener y mantener la sospecha; no por simpatía hacia ella, más bien por la capacidad que puede engendrar, en sí misma, para algo que también nos enseñó siempre Fidel: estar atentos, vigilantes, con la pupila insomne y la guardia en alto.

Nadie negaría que ese es el mejor modo de prevenir, de evitar, de “curar” el mal antes de que saque la cabeza.

Hagámoslo así en cada lugar, en todas partes… y quién sabe si la vida y el tiempo nos reserven menos acontecimientos al estilo de los mencionados anteriormente.

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Un comentario

  1. Muy buena reflexión con la que estoy plenamente de acuerdo en todos los puntos. Nadie puede creer que existan paranoias en este pensamiento después de 65 años de agresiones procedentes de EEUU.

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