“Impartir justicia, en un juicio, en una audiencia, es bello” –considera Liadanna.
“Impartir justicia, en un juicio, en una audiencia, es bello” –considera Liadanna.

Las semillas hacen justicia

Tres jóvenes jueces sienten orgullo de haber elegido la misma profesión del Comandante en Jefe y concretan día tras día el compromiso de no fallarle a él, ni al Derecho

Fotos. / Pastor Batista Valdés


Un tiempo atrás nos parecía tan lejano… En cambio, ya está ahí, al alcance de unos días, de unas horas. Cien años, un siglo, desde que vino al mundo el hombre que Cuba entera jamás dejará marcharse: Fidel.

Acerca de él, nuestra publicación pudiera recoger opiniones entre dirigentes políticos, gubernamentales, empresariales, artistas, científicos, deportistas, combatientes, estudiantes, trabajadores, campesinos, jubilados, amas de casa, niños…

BOHEMIA, sin embargo, ha preferido conversar brevemente, en un primer momento, con tres jóvenes que ejercen la misma profesión en que se formó Fidel en la legendaria Universidad de La Habana: Derecho.

La expresión que, súbitamente, adquiere el rostro de Liadanna Estrada Martínez, presidenta del Tribunal Municipal Popular de Ciro Redondo, en Ciego de Ávila, es de inequívoco y muy sano orgullo.

“Por supuesto que me alegra mucho estar ejerciendo hoy el mismo oficio que muy joven escogió nuestro Comandante en Jefe. Para mí, impartir justicia, en un juicio, en una audiencia, es bello. Y considero que, precisamente por ese sentido de lo justo, de la necesidad de hacer cumplir las leyes y de proteger con ellas al pueblo, fue que Fidel se inclinó por el Derecho”.

Con menos tiempo de experiencia (apenas un año de egresada), pero no menos apasionada, la jovencita Leisy Domínguez Aragón, del Tribunal Municipal avileño, asiente con la cabeza mientras escucha a Liadanna.

“A nuestro Comandante lo ayudó mucho haber sido jurista, para poder desarrollar su obra en todos los terrenos…” –afirma Leisy.
“Entre los rasgos que más distinguieron a Fidel están su sentido de la justicia y la capacidad de poner su vida, al servicio de los demás…” –opina Lazarito.

“Pienso que a nuestro Comandante lo ayudó mucho el hecho de haber sido jurista, para poder desarrollar su obra en todos los terrenos, a lo largo de su vida” –afirma con voz pausada, pero segura.

Más avezado ya en un giro que disfruta cada día, combinando su labor en el Tribunal Provincial Popular con la formación de jóvenes en el ámbito universitario, Lázaro Arley Martín Márquez no tiene la menor duda de que Fidel conocía muy bien el compromiso inherente a una profesión así, sobre todo teniendo en cuenta “la intención que siempre tuvo de construir en Cuba un Estado de derecho y de justicia social”.

A modo de sana “provocación”, un asunto carga “las pilas de la motivación” en los tres jóvenes juristas: Tras los sucesos del Moncada, llevado a juicio, Fidel optó por defenderse a sí mismo. ¿Se jugaba una arriesgada carta o iba al seguro?

Según Liadanna, “Fidel nunca hacía nada sin estar seguro, convencido. A pesar de su juventud, a esa altura ya tenía gran preparación, formación sólida, dominio del panorama del país y de las razones por las que encabezó el asalto al Cuartel Moncada. Yo pienso que nadie lo hubiera podido defender del modo en que lo hizo él mismo”.

Escuchando tranquilamente, con un dedo apoyado ligeramente en el mentón, Lazarito (así le llama casi todo el mundo) aguarda con respeto para añadir:

“No podemos olvidar, además, que la sociedad cubana de entonces estaba permeada por muchos males, vicios, corrupción… de manera que, en un juicio con la trascendencia política de aquel, podía suceder cualquier cosa. Y pienso que Fidel no quiso correr el riesgo y prefirió ir al seguro, por sí mismo”.

Página, no solo poco común en la jurisprudencia a escala internacional, sino de extraordinario valor para los juristas cubanos, la autodefensa del Comandante deja –en opinión de los tres jóvenes– muy valiosa enseñanza para jueces, fiscales, abogados y demás trabajadores del gremio jurídico cubano.

Por ello, Liadanna, Leisy y Lazarito coinciden en que no pierda su tiempo tratando de estudiar Derecho quien no lo ame o no esté dispuesto a ejercerlo con el mayor sentido de justicia, incluso en las peores circunstancias.

“De ese asunto solemos conversar bastante con los estudiantes –añade Lazarito– para que comprendan que se trata de una carrera donde es preciso poner a un lado las motivaciones económicas, materiales o los intereses personales.

“La vida entera, la trayectoria de Fidel demuestran esa gran verdad. Entre los rasgos que más lo distinguieron siempre, estuvieron su sentido de la justicia y la capacidad de poner su vida, todo el tiempo, al servicio de los demás, al servicio de la humanidad”.

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