Perú llega a unas elecciones donde abundan los candidatos, pero escasea la unidad nacional
El próximo domingo Perú enfrenta una cita electoral marcada por el desespero. Con una treintena de candidatos en la boleta, el país no busca un Presidente, sino una salida a un laberinto institucional que parece no tener fin.
Tras el desfile de ocho mandatarios en menos de una década, la banda presidencial ha perdido su valor y solo queda una profunda desconfianza popular hacia un sistema que no ofrece soluciones reales, solo parches.
De la traición al pueblo a la represión de Boluarte
La crisis actual no se explica sin retroceder a diciembre de 2022. La destitución de Pedro Castillo –el maestro que llegó con la promesa del cambio y terminó solo y encarcelado– fue el detonante de una herida no cerrada.
Lo sacaron a la fuerza y le abrieron paso a Dina Boluarte, quien pasó de la vicepresidencia a ser la cara de un gobierno sin votos propios y sostenido por las bayonetas.
Ese cambio de mando costó sangre. Las protestas en el sur andino, en regiones como Puno y Ayacucho, fueron aplastadas con una brutalidad policial que dejó decenas de asesinados. El pueblo pedía elecciones y una Asamblea Constituyente, pero recibió balas y un silencio oficial que luego mutó en frivolidad.
Los escándalos de los relojes de lujo y la desconexión total con la realidad de las familias peruanas terminaron por hundir cualquier resto de legitimidad de Boluarte.
Su salida forzada dio paso al gobierno de transición encabezado por José Jerí, designado por un Congreso fragmentado en una movida que fue percibida como un nuevo pacto de supervivencia entre las élites políticas.
Este interinato, carente de fuerza propia y limitado a administrar la inercia, terminó de quebrar la poca confianza que quedaba. El resultado es esta boleta con 35 nombres que refleja, más que pluralismo, la poca seriedad de una clase política sin posibilidades de articular un proyecto mínimo.
El mercado de los 35
En este escenario de fragmentación, el tablero electoral es un sálvese quien pueda donde los nombres en disputa intentan capitalizar la rabia acumulada. Keiko Fujimori (Fuerza Popular) reincide por cuarta vez, apostando a pescar en el río revuelto del antivoto y la nostalgia de un orden que su padre impuso con mano de hierro. Aunque su techo electoral sigue siendo tan bajo como el rechazo que genera su apellido, tiene opciones de pasar a segunda vuelta.
Junto a ella, Rafael López Aliaga (Renovación Popular) aparece como el rostro de la derecha más conservadora y religiosa; su discurso, centrado en una supuesta gestión empresarial del Estado, parece haber perdido fuerza ante la falta de resultados concretos en la capital, aunque retiene a un sector que aún cree en soluciones de corte gerencial para problemas sociales.
Sin embargo, el síntoma más claro de la descomposición política es el ascenso de figuras, entre ellas, el humorista Carlos Álvarez (País para Todos). Ante el vacío de liderazgo y el pavor que genera la inseguridad ciudadana, su retórica de “mano dura” y castigo contra la delincuencia ha calado hondo.
Tal popularidad responde al agotamiento de un electorado que prefiere el rostro conocido de la pantalla antes que a los políticos profesionales de siempre.
En contrapunto, Alfonso López Chau (Ahora Nación) intenta articular una propuesta basada en la racionalidad y el apoyo del sector intelectual y juvenil, aunque su capacidad para conectar con el Perú profundo fuera de las ciudades sigue siendo su gran interrogante. El exrector de la Universidad Nacional de Ingeniería mantiene un 6.8 por ciento, captando el voto de centro-izquierda intelectual y juvenil.
Una boleta electoral enorme y un destino sin perspectivas
Hoy, el escenario es un rompecabezas incompleto. El Congreso sigue legislando a espaldas de la gente para garantizar su propia impunidad, mientras los candidatos se reparten migajas de intención de voto.
Alguien llegará a la segunda vuelta de junio con apenas 15 por ciento, lo que hace augurar un nuevo ciclo de inestabilidad, pugnas e incertidumbre.
Otro dato “diferente” para esta contienda es la enorme boleta electoral. Los peruanos estarán este domingo frente a la cédula de sufragio más grande de su historia: tendrá la foto y el símbolo del partido de cada uno de los 35 candidatos a la presidencia.
La papeleta mide más de 42 centímetros de ancho, más de 40 de largo y tiene cinco columnas. Cada una representa una elección distinta. La primera para presidentes y vicepresidentes, la segunda y tercera para senadores, la cuarta para diputados y la quinta para el parlamento Andino. En total, 198 autoridades serán elegidas por más de 27 millones de peruanos habilitados para votar.
Perú llega a estas elecciones sin un punto claro hacia dónde emprender un rumbo necesario. El domingo se depositarán los votos, aunque la verdadera crisis seguirá esperando el próximo estallido, que sin duda estará por venir.
La democracia peruana está en cuidados intensivos, y la medicina no está en la boleta electoral.




















