Foto. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ
Foto. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Medicinas y amor contra el bloqueo

Jóvenes integrantes del Proyecto Hatuey llegaron por octava vez a Cuba con medicamentos destinados a niños pacientes de cáncer y otros fármacos. Ello es muestra de los sentimientos del pueblo de Estados Unidos, contrarios a políticas agresivas de su gobierno


Llegar a una sala de oncología infantil, deprime. Es muy duro mirarle la cara a los niños, quienes intentan vencer al cáncer desde corta edad, sin entender por qué están en una cama. Eso desconsuela.

“Fue difícil reunir estos fármacos, pero ustedes nunca claudicarán, ni nosotros tampoco”, confesó Gloria La Riva. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Desarma el corazón, oír hablar a los padres acerca de la escasez de medicinas, instrumental y recursos elementales en esa guerra compleja contra una posible muerte prematura.

Esto le sucedió a Gloria La Riva, cuando arribó hace algunos meses a La Habana y Villa Clara. Constató las terribles consecuencias del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba, intensificado en la última etapa, para tratar de rendir al pueblo.

Así lo dijo a BOHEMIA esa incansable activista por la paz, la soberanía y la verdad, quien jugó un papel esencial en contiendas anteriores, como la llevada a cabo durante años para liberar a los cinco antiterroristas cubanos injustamente detenidos en prisiones norteamericanas, cuyo crimen fue infiltrar grupúsculos contrarrevolucionarios para proteger de sabotajes al archipiélago caribeño.

Gloria es la coordinadora del Proyecto Hatuey, integrado en su mayoría por muchachos, estudiantes y jóvenes. Ellos llegaron a la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), en la capital cubana, y comenzaron a sacar grandes maletines, cajas y más cajas de fármacos de cuarta generación.

Son productos caros, creados por famosas compañías farmacéuticas, pero con severas restricciones para llegar a centros hospitalarios de la mayor de las Antillas, ¿qué lo impide?… el bloqueo.

Las medidas extraterritoriales impuestas de forma ilegal persiguen transacciones financieras, frenan la llegada de buques de petróleo, obstaculizan compras de herramientas, equipos y medicamentos, como lo hicieron en los años de la pandemia de covid 19.

No importa la muerte de seres. No importa si un bebé llora por el dolor de una terrible enfermedad, lo esencial -para quienes dirigen la política norteamericana- es crear trabas al proceso revolucionario. Siempre persiguen el sueño de clavar la bandera de las barras y estrellas en este suelo soberano, de verdes palmas.

Origen y alcance de la donación

Cuando llegaron al ICAP ubicaron una muestra de los valiosos medicamentos aportados. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Sobre la materialización de la idea, Gloria dijo ante la prensa: “Cuando iniciamos el Proyecto Hatuey visitamos el Hospital Pediátrico José Luis Miranda, en la ciudad de Santa Clara, y los médicos nos hablaron de la falta de citostáticos, antibióticos, anestésicos, insumos. Localizarlos y traerlos fue desde entonces nuestro principal enfoque”.

Comentó en un español casi perfecto: “Fue un largo camino, porque fuimos asesorados por especialistas estadounidenses sobre las necesidades para cada tipo de cáncer, la cantidad de bulbos imprescindibles en el tratamiento, los milígramos a usar… luego buscamos licencias de exportación, entorpecidas hoy”.

Esa fue la primera denuncia realizada por ella. Acotó: “Lo hecho por la administración de Trump contra Cuba y el secuestro del presidente constitucional venezolano Nicolás Maduro y Cilia Flores, en Venezuela, es evidente. Donald Trump y sus secuaces atacan a estos dos países juntos para hacer retroceder el proceso revolucionario en América Latina, pero no tendrán éxito”, aseveró.

Los integrantes del proyecto son jóvenes en su mayoría. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Al detallar el contenido de la donación gratuita, explicó que se trata de la octava entrega de ese tipo del Proyecto. Incluye más de 3 200 bulbos de Rocephin, antibiótico fuerte usado en el combate a infecciones bacterianas en todo el cuerpo humano.

Además, trajeron citostáticos, como Citarabina y Mityroxantoda, unas 7 000 láminas microscópicas, Amoxicilina, vitaminas prenatales empleadas en hogares maternos y 40 cajas de glucómetros, es decir, pruebas destinadas a detectar la diabetes en sangre.

Se refirió a la escasez de esos insumos y otros renglones esenciales, constatada en las instituciones visitadas por ellos, debido al bloqueo y a la injusta inclusión de Cuba en la supuesta lista de patrocinadores del terrorismo.

“Nos comprometimos con ustedes para siempre, porque estamos seguro de que nunca van a claudicar, ni a rendirse, tampoco nosotros”, aseguró La Riva, y reveló la existencia en Estados Unidos de mucha gente interesada en contribuir y demostrar el amor por Cuba.

“Esta ayuda es una gota, pero entregada con mucho amor. Estamos siendo testigos de la unificación de muchos grupos solidarios en el mundo, aunque continúan las amenazas de Trump”, patentizó la coordinadora.

Dos muchachas muy jóvenes respaldaron a Gloria, sus nombres son Indira Alvest y Rachel Riqueira. Hablaron con pasión sobre las gestiones realizadas, el aporte de varias organizaciones, partidos, movimientos, personalidades, gente común, los obstáculos y la manera de superarlos.

El abrazo a Fernando González, muestra del respeto a Cuba y su pueblo. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Los principales destinatarios de los productos serán, entre otros, el Hospital José Luis Miranda, el Pediátrico capitalino Juan Manuel Márquez y el Instituto de Hematología e Inmunología.

Los doctores Martínez Blanco y Andy Hernández Álvarez, este último trabaja directamente con infantes afectados por cáncer, agradecieron el gesto y abundaron sobre los efectos negativos del cerco, devenido guerra económica contra el bienestar de los cubanos.

Explicaron los pasos dados por el proceso socialista en la preparación de personal de alta calificación, infraestructura y recursos, en una rama considerada un derecho humano.

En fila, detrás de los ponentes, en el ICAP, estaban los muchachos; rubios, negros, mulatos, indios, en esa mezcla característica de los norteamericanos. Cuando llegó Fernando González Llort, el presidente del Instituto, lo abrazaron. En los ojos de los visitantes era perceptible la avidez por conocer los secretos y vivencias de una patria cercana en la geografía, incapaz de claudicar.

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