Mirada de resistencia

Con la inauguración de la exposición Camisa de fuerza, en la galería Servando, la artista visual Gabriela Reyna culmina una etapa de crecimiento y despliegue creativo


La exposición Camisa de fuerza que ahora mismo se exhibe en la galería Servando, del Vedado, incita a repensar la imagen corporal, conectada a las formas de vestir y calzar, y su impacto en el comportamiento y la identidad de los seres humanos.

En la serie Vestir, con obras en su mayoría concebidas a base de pinturas de maquillaje sobre toallitas desmaquilladoras, se aprecia la coherencia del proceso artístico e investigativo de la artista.

En esta muestra, la artista visual Gabriela Reyna cuestiona algunas tendencias de la moda. Pero el discurso que maneja no es tan llano como parece. A partir de los dibujos que iluminan las paredes de la galería y dejan trazas del proceso creativo, se advierte un sustento artístico e investigativo sólido, coherente que indaga en problemáticas de la mujer y su relación con la moda, entendidas desde su identidad y/o intimidad, sobre la base de los códigos que cada sociedad refrenda, según sus costumbres e idiosincrasia.

En Camisa de fuerza su creadora ha pintado con excelsitud meridiana, a escalas originales de una persona, recreaciones admirables de piezas de vestir y calzar, empero nocivas para el bienestar del cuerpo, si se consideran los accidentes documentados en la historia que pusieron en riesgo la salud y la vida.

Así es posible apreciar un suntuoso panier francés, como aquellos de las damas de la corte en el siglo XVIII; un elegante kimono japonés, similar a los usados por las geishas; la recreación de un vestido verde del siglo XIX, hermoso y supuestamente “peligroso” por la crinolina que entonces portaran las faldas o el arsénico contenido en la composición textil del verde esmeralda; una burka, prenda típica y obligada de las mujeres árabes desde hace siglos hasta la actualidad; unos pequeñísimos pies de loto que recuerdan una práctica ancestral y bárbara, vinculada a la aristocracia china; varios corsé de diferentes estilos y épocas.  

Asimismo, se integran a estas obras, otras de la serie Vestir, iniciada por Reyna hace casi una década, cuando aún era estudiante en la Universidad de Artes (ISA). Dichas piezas emplean materiales no convencionales como dibujos con pinturas de maquillaje sobre toallitas desmaquilladoras, en clara alusión a su mirada indagadora y crítica sobre los problemas de la mujer.

Al centro del recinto se ubica el rastro del performance Cuba: un vestido decorado con relojes de pulsera rotos que, en el conjunto del atuendo, llega a pesar 7 kg.

Este kimono, a tamaño natural de una persona, impacta por el rebuscamiento y variedad de detalles.
La burka alude al sometimiento y dominación de la mujer árabe, muchas de ellas violentadas por solo usarlo incorrectamente.

Con esta acción Gabriela Reyna cerró un ciclo de investigación y creación con el que finalizó la Beca Espuela de Plata, conferida por la Fundación Mariano Rodríguez en comunión con la Fundación Brownstone.

Repleto de significados y referencias transtextuales, el performance Cuba le imprimió a la muestra un aire de teatralidad perfectamente delineado, a partir del cual emergen múltiples lecturas, luego de que la artista usara durante 24 horas el pesado y extravagante vestuario, tocado con la metáfora de la marca del tiempo.

En todas y cada una de las piezas se explora el arte corporal y una representación de los cuerpos dominados por las convenciones sociales, culturales e históricas.

La artista ofrece un concepto estetizado de diversas realidades que tienen como denominador común las estructuras patriarcales y machistas de nuestras sociedades, donde la mujer es constantemente vulnerada, sometida, domesticada y hasta cosificada, al seguir y autenticar posturas, estilos de pensamiento de extrema irracionalidad, emanados de tendencias misóginas y subalternas impuestas por el hombre.

En la muestra se exhiben diversos tipos de corsé, algunos hoy de moda entre las más jóvenes e igualmente perjudiciales para el bienestar corporal.

Late en la muestra una mirada cuestionadora, relacionada con la limitación de movimiento; también se refiere a la carencia de autonomía e independencia que suele marginar, degradar y silenciar a la mujer.

El performance Cuba, inserto entre vestimentas occidentales y orientales, refuerza la universalidad de esos fenómenos que vinculan la feminidad con la frivolidad. Se evidencia un aliento de resistencia que increpa y polemizan en torno a célebres eventos de la moda y el diseño, organizados en la actualidad en diferentes latitudes.

Eventos que, a cambio de cuantiosos fondos financieros, espectacularizan la convención socialmente arraigada de calzar y vestir, en consonancia con el estatus y solvencia económica; los mismos que tras bambalinas ocultan prácticas abusivas e insufribles para algunas estrellas del modelaje ante los desfiles de pasarela que desafían los límites de las formas, las proporciones y ponen en riesgo el bienestar y la salud corporal.

Sin duda, esos eventos –como la muestra que nos ocupa– irradian una energía apegada a estándares de perfección construidos por las sociedades contemporáneas que perturban la movilidad y la seguridad física de las personas, con ceñidos de infarto, calzados deformes e incómodos, o accesorios extravagantes y, a veces, grotescos.

Gabriela Reyna propone una mirada simbólica y metafórica a los cánones de belleza enraizados en el devenir de la historia hasta hoy. Expone su singular percepción de los límites como son los del tiempo detenido y la inactividad; los de la resistencia física y mental del cuerpo o los signos de insubordinación a los preceptos que por siglos han acallado la genuina esencia de la mujer.

“Por tal razón, su vestido y los dibujos son una ‘camisa de fuerza’ que restringe la identidad, pero que contiene, a su vez, la fuerza enérgica de alguien que busca avanzar”, señala el programa de mano y ese espíritu desborda los predios de la galería.


CRÉDITOS

Fotos. / Cortesía de la galería Servando

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