Foto. / actualidad.rt.com
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No cualquier elefante

La India se encamina a ser potencia mundial del siglo XXI. El pulso con los Estados Unidos supone un serio desafío 


El Elephas maximus, o elefante asiático, es algo más pequeño que el Loxodonta africana, o elefante africano. Sus ejemplares hembras a veces carecen de colmillos. Pero se les iguala en fuerza y potencia de trabajo, de ahí que haya sido utilizado durante siglos en la India en las labores de labranza. En la cosmovisión local asumirse poderoso como el paquidermo es habitual, incluso entre analistas económicos, que confieren la imagen cuando ahondan en la evolución en la India de hoy.

Líder en producciones agrícolas

La alianza entre la India y Rusia es histórica, de cuando la Unión Soviética, y ahora Modi y Vladimir Putin le dan continuidad. / actualidad.rt.com

Al independizarse de Gran Bretaña, gracias al liderazgo de Mahatma Gandhi y su revolución popular pacífica, esta nación del sur de Asia ha logrado metas increíbles. Estimaciones del Banco Mundial indican que representa alrededor del 7.5 por ciento de la producción agrícola mundial, siendo el mayor productor de leche, legumbres y especias; el segundo mayor productor de arroz, trigo, azúcar de caña, piscicultura, carne ovina y caprina, verduras, algodón, té. El sector agrícola hace el 18 por ciento del PIB interno.

Se le tiene entre los mercados de crecimiento más rápido en ventas de maquinaria agrícola, gracias a la adopción de tecnologías innovadoras de alta gama. Es entonces rampa ideal de las altas tecnologías y de sustanciosas oportunidades a las empresas extranjeras en la mecanización de sus granjas.

Gigante casi despierto

Numerosos estudiosos se atreven a avizorar la próxima década como “el momento de India, del gigante indio”. En la revista especializada estadounidense de negocios y finanzas Forbes, el colaborador indio Sarwant Singh expuso: “Dicen que la economía india se parece a un elefante: le cuesta arrancar, pero cuando lo hace, resulta imparable. India ya va camino a convertirse en una potencia económica. Este año superó a Japón y se transformó en la cuarta economía más grande del mundo. Y esto recién empieza. Para 2028, estiman que India también supere a Alemania y se quede con el tercer lugar en el ranking global. El país proyecta sumar 1 billón de dólares a su PIB cada 12 a 18 meses durante los próximos diez años, con una tasa de crecimiento nominal promedio del nueve por ciento entre 2025 y 2047”.

Según él, a pesar de las presiones externas, la economía india mantiene una capacidad de recuperación notable, asentada buena parte en el avance de la urbanización, el desarrollo de infraestructura y con las ciudades de eje del florecimiento. Ahora mismo la tasa de urbanización es del 36 por ciento, aunque se espera sobrepase el 50 por ciento en la próxima década, empujada con el crecimiento de megaciudades, megarregiones y corredores urbanos.

De igual manera, la “India se propone superar los 2 billones de dólares en exportaciones en 2030. Para lograrlo, busca diversificar su comercio hacia mercados a África, Latinoamérica y Asia Central, y firmar nuevos tratados de libre comercio. Si bien los acuerdos anteriores no beneficiaron demasiado al país, hay expectativas de que los pactos con Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea ayuden a potenciar la producción industrial y el comercio exterior. India es cada vez una alternativa sólida en la estrategia China+1”.

Salto al futuro

El sector agrícola representa el 18 por ciento del PIB de la India. / mansunides.org

Según Sarwant Singh, “India prepara un salto industrial. La industria automotriz, tecnología de la información, salud, química, petróleo y gas, semiconductores, investigación espacial, alimentación y bebidas apuntan a un crecimiento fuerte hasta 2030 y más allá”. Por ejemplo, la nación surasiática está entre los primeros en la fabricación global de vehículos, lo cual se explica desde mayor demanda interna, políticas públicas impulsoras de una movilidad limpia y costos de producción competitivos.

Las autoridades y la comunidad científica indias sistemáticamente han enviado a la juventud a formarse en las más prestigiosas universidades del extranjero, ya sea en cursos regulares o posgrados, permitiéndole codearse con la “crema y nata” de las ciencias. Además, al interior han desarrollado concienzudamente sus escuelas y tienen una ventaja adicional: son angloparlantes. El resultado no podía ser otro: una intelectualidad de altos quilates, muchas de cuyas mentes se insertan en el mundo del espacio y las tecnologías, renglones vitales hoy.

Y de vuelta a Sarwant Singh: “El sector espacial avanza con fuerza. India busca pasar del dos por ciento que tenía del mercado global en 2021 a un ocho o 10 por ciento en 2030. Esa proyección la ubicaría entre las economías líderes en el espacio: la industria incluye la fabricación de satélites, servicios de lanzamiento y desarrollo de tecnología para usos espaciales. También apunta a nuevas áreas como el turismo espacial y la minería de asteroides, lo que abre oportunidades a lo largo de toda la cadena productiva”.

En cuanto a la tecnología su entusiasmo es similar: “En 2030, casi el 20 por ciento del PIB de India provendría del sector tecnológico, que ya supera en ritmo de crecimiento a industrias tradicionales, piénsese en la agricultura y la manufactura. Incluye servicios de software, plataformas digitales, tecnología financiera, comercio online y tecnologías emergentes, inteligencia artificial y soluciones para la industria digital”.

Choque de pesos pesados

India luce la friolera de mil 428 millones habitantes y en 2024 tuvo un gasto militar de 86.126 millones de dólares, hecho observado con lupa por sus vecinos, dígase Pakistán, país al que se enfrenta desde décadas debido a la zona de Cachemira; incluso recientemente sostuvieron una escaramuza donde ambos mostraron músculo a través de aviones y misiles muy sofisticados; hubo horas de máxima tensión, pues las dos naciones poseen armamento nuclear.

En 2023 la nave india Chandrayaan-3 despegó, situando al país entre la élite espacial. / elperiodico.com

Se puede aprecia que la India no es un simple actor de reparto en este convulso escenario mundial y, si bien le queda trecho para desplegar todas sus cualidades, la política arancelaria del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, del 50 por ciento a los productos indios, no los intimida; al contrario, fortalece su orgullo nacional y pudiera reactivar la disposición total a alcanzar las metas de desarrollo. Es en ese paisaje donde deben evaluarse las palabras del primer ministro Narendra Modi cuando afirmó: “Sé que tendré que pagar un precio enorme por esto personalmente, pero estoy listo […] el interés de los agricultores es nuestra máxima prioridad. La India nunca comprometerá los intereses de sus agricultores, ganaderos y pescadores”.

Aunque sostiene una firme alianza política con la clase media baja y alta, nunca olvida a la base electoral, la cual precisamente se halla en el campo. Caso opuesto a Donald Trump, quien hace honor a la prepotencia habitual del imperialismo norteamericano, estando dispuesto a sacrificar a la gente común, beneficiada con medicamentos genéricos producidos en la India a partir de licencias de empresas farmacéuticas estadounidenses.

Luego de cinco rondas de diálogo, las negociaciones comerciales entre Nueva Delhi y Washington fracasaron, debido a desacuerdos sobre la apertura del sector agrícola y lácteo indio al mercado yanqui y también a causa de la presión para que el país asiático suspenda la compra de petróleo ruso. Condición inadmisible para Modi, porque en su opinión se trata de la ley del embudo, pues EE.UU. y la Unión Europea siguen adquiriendo ciertos productos del gigante euroasiático pese las tensiones asociadas a la guerra en Ucrania.

El ministerio de Relaciones Exteriores indio manifestó: “Las importaciones de la India tienen el objetivo de garantizar unos costes energéticos predecibles y asequibles para el consumidor indio”. En ese tono trascendió la noticia sobre la suspensión, de momento, de planes de compra de armas y aviones estadounidenses.

Frente al asombro generalizado, la publicación Bloomberg sostiene que las declaraciones de Trump marcan un giro radical en la postura de EE.UU., que hacía la “vista gorda” históricamente ante los lazos de la India con Rusia, mientras veía en el primer país el contrapeso en la región a China, el principal enemigo estratégico del imperialismo.

Las lecturas pueden ser variadas; a la larga una se impone: Washinnton sigue temiendo el desplazamiento gradual del poder hacia actores del multilateralismo global; eso pudiera explicar, en parte, las sanciones contra Brasil, China, la India, miembros del Brics. Si Barak Obama trató de jugar la carta del multilateralismo, disfrazado de buen samaritano, Trump difiere en táctica, no en objetivos: “Hacer América Grande Otra Vez”, algo gradualmente cada día más lejano en el tiempo.

El politólogo Pratap Bhanu Mehta expresó: “Fue el carácter público de las amenazas de Trump lo que complicó la posibilidad de negociaciones discretas. El daño ya está hecho”. Todavía esta situación puntual de discrepancias puede variar, pero el ascenso de la India –como el chino– es imparable: Una de las principales razones detrás del crecimiento económico es su enfoque en la industria tecnológica e innovación, que la ha convertido en significativo centro de desarrollo tecnológico, atrayendo a grandes empresas, incluidas las estadounidenses. A ello se le suman milenios de cultura y saberes.

La nación asiática despliega inventiva y tiene una cosa mejor: vergüenza. ¿Han oído hablar de la memoria del elefante?

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Un comentario

  1. Estupendo artículo, con análisis informativo muy interesante. sin abuso de datos, pero con aporte de algunos de notable importancia, que actualizan el conocimiento, al menos en mi caso. También me gustó la metáfora del elefante.

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