En el antiguo teatro Chaplin, el Comandante en Jefe presentó, hace hoy 65 años, el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
En el antiguo teatro Chaplin, el Comandante en Jefe presentó, hace hoy 65 años, el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

¿No quieren caldo? ¡Tres tazas!

La fecha del 3 de octubre de 1965, la creación de primer Comité Central del Partido denominado Comunista, la fundación del diario Granma como su órgano oficial y la develación del “misterio” del Che fuera del país han sido procesos políticos muy inquietantes a la vista de los imperialistas yanquis

Fotos. / Archivo de BOHEMIA


Los reyes de los pretextos, o sea, los gobiernos estadounidenses, son también los emperadores de muchas patrañas, felonías, fraudes, corrupciones, desparpajos y engaños. Los numerosos malos pasos y abominables crímenes cometidos por Estados Unidos en toda su trayectoria imperial por el mundo han vuelto algo muy complejo resumirlos, pues se requeriría demasiado espacio, sobre todo si tratamos de decir dónde, cuándo, por qué, cómo, contra quiénes y la manera absurda de intentar hacer ver en ellos a los héroes y las víctimas.

Fidel se encargó aquel día de refutar las intrigas y calumnias del imperialismo norteamericano contra la Revolución Cubana.

Cuba, su gran dolor de cabeza

En el necesario proceso de búsqueda y consolidación de la unidad de las fuerzas revolucionarias y el pueblo, tras el triunfo del 1⁰ de enero de 1959, hay una fecha de enorme relevancia histórica: el 3 de octubre de 1965, hace 60 años. Por la noche, en el entonces teatro Chaplin, denominado una década después Carlos Marx, se reunieron los cuadros y los secretarios de núcleos de todo el país del entonces Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (Pursc), encuentro en el cual se adopta por unanimidad el nombre actual de Partido Comunista de Cuba.

También ese día de aquel octubre quedó constituido el primer Comité Central de esa organización política, convertida, poco después, según el artículo 5 de la actual Constitución Socialista, en “el órgano superior de la sociedad y del estado”. Igualmente se aprobó la integración del Buró Político del Partido, encabezado por Fidel y Raúl, como primero y segundo secretarios, respectivamente.

Sobre el nuevo Partido, agregó Fidel: “Su ideología no podía ser el pensamiento liberal o burgués, sino la de la clase social revolucionaria colocada por la historia al frente de la lucha por la liberación de la humanidad: la de la clase obrera, el marxismo-leninismo, enarbolado valientemente en 1925 por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella”.

Al anunciarse la ratificación de los miembros del Buró Político, del Secretariado y de las Comisiones de Trabajo, y también a “un compañero electo para el cargo de Primer secretario de la Organización”, esto último generó un rotundo aplauso, por supuesto, referido a la figura indiscutible de Fidel.

El nuevo nombre del Partido

Un tópico no menos crucial fue escoger la nueva denominación del Partido. Fidel argumentó datos y detalles de mucho interés acerca de cómo debía ser. Sugirió en el nuevo nombre no decir lo ya pasado, acaso lo actual y el objetivo futuro, la ruta a seguir hoy y la meta alcanzable del mañana. Y preguntó a distintos compañeros secretarios de núcleos presentes en el teatro, propuestas, hasta que se escogió el nombre de Partido Comunista de Cuba (PCC).

El Comandante presentó al Comité Central y dejó bien claro cómo estaban bien representados el sacrificio, el combate y las proezas de nuestro pueblo en los miembros del nuevo órgano partidista. Recalcó otra arista esencial: los nombres de los compañeros integrantes del Comité Central y su historia son sobradamente conocidos. “Sino por todos, sí lo son por una parte considerable e importante de la sociedad”. Y agregó otro detalle: “De los más conocidos no es necesario hablar. No quiere decir esto que estén aquí los únicos valores de la nación. No, muy lejos de eso […] Sería imposible constituir un Comité Central con 100 compañeros revolucionarios sin que faltaran muchos”.

El Jefe de la Revolución refutó las diatribas de las agencias internacionales imperialistas contra nuestra patria y nuestro quehacer socialista: “De ahora en adelante, señores de la UPI y de la AP, cuando nos llamen comunistas, hacen muy bien, pues nos llaman de la manera más honrosa que pueden llamarnos” y se escuchó una gran ovación.

Facsímil de la carta de despedida del Che.

Responde Fidel intrigas enemigas

Desde hacía varios meses la prensa internacional, y particularmente la norteamericana, formulaba conjeturas acerca de la desaparición de la vida pública cubana del Comandante Ernesto Che Guevara. En aras de responder a calumnias e infamias de todo tipo procedentes de Estados Unidos, Fidel argumentó: “Hay una ausencia en el Comité Central, de quien posee todos los méritos y todas las virtudes necesarias en el grado más alto para pertenecer a él y que, sin embargo, no figura entre los miembros […] el enemigo ha tratado de confundir y de sembrar la cizaña y la duda […] y hemos esperado con paciencia […] Y así los agoreros, los especialistas en las cuestiones de Cuba y las máquinas electrónicas han estado trabajando intensamente para desentrañar este misterio […] Que Ernesto Guevara había sido purgado […] y estaba enfermo, o había tenido discrepancias, y cosas por el estilo […] y el pueblo tiene confianza y fe […] pero los enemigos se valen de estas cosas para calumniar”.

Con el ánimo de explicar dicho misterio, el Comandante en Jefe leyó una carta de despedida del Che, entregada a él al principio de abril de aquel año 1965. Entre sus palabras brotó  el conmovedor texto: “Fidel: me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte, y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere, si es verdadera”.

En otro párrafo más adelante, explicaba el Guerrillero Heroico: “Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba, y llegó la hora de separarnos. Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor. Aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos […]

“Y dejo a un pueblo que me admitió como a un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo donde quiera que esté: esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura. […] Hasta la victoria siempre, Patria o Muerte. Te abraza con todo fervor revolucionario, Che”.

Primera edición del diario Juventud Rebelde.

Fueron como dos hermanos

A mediados de 1955, un joven médico argentino de ideas marxistas-leninistas supo de la existencia de Fidel por Ñico López y otros moncadistas y los preparativos de la lucha contra Batista en Ciudad de México. De inmediato se interesó porque líder cubano lo conociera. Por esos días el joven Raúl Castro había ido a la capital azteca antes del viaje de Fidel con el fin de abrirle el camino en sus empeños libertarios. Allí conoció a Ernesto Guevara de la Serna y le concertó una primera entrevista en la vivienda de María Antonia.

Aquellos dos hombres, Fidel y Che, se entendieron en el acto y comenzó una amistad solo profanable por quienes no saben lo que es el honor y la lealtad. En el fondo de esta relación estaba la cultura espiritual de nuestra América, revelándose en una hermosa historia con caracteres indelebles. No era un encuentro circunstancial y ligero, más bien algo muy profundo con raíces antiguas: los hilos invisibles atando a los grandes de la historia, según palabras de José Martí.

En solo un año el Che se convirtió en una leyenda fundada en su heroísmo, su estrategia, su capacidad de guerrillero y su pasión revolucionaria. Junto a Camilo Cienfuegos reeditó la hazaña de Maceo y Gómez; es decir, la invasión de Oriente a Occidente. Protagonizó la batalla de Santa Clara, acción que coadyuvó de manera decisiva al desplome militar de la tiranía y a la victoria revolucionaria de enero de 1959.

Lo primero en el Che era su sentido heroico de la vida y su voluntad dispuesta al sacrificio útil a favor de la humanidad. Esto lo expuso de modo sencillo en respuesta a una carta enviada por una admiradora desde Marruecos. Le informaba la posibilidad de ser parienta suya. Él le contestó: “De verdad no sé bien el territorio en España donde radicó un tiempo mi familia […] No creo en eso de ser parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante”.

En definitiva, haber sido electo Fidel como primer secretario del Partido del denominado Comunista de Cuba, ratificado su Buró Político, su Secretariado, sus Comisiones de Trabajo, haber fundado el órgano oficial de dicha organización el periódico matutino Granma (dieciocho días después, apareció Juventud Rebelde) y la carta de despedida del Che a Fidel son hitos históricos que BOHEMIA no podía soslayar de ninguna manera.

En el local del periódico Hoy se imprimió el primer ejemplar de Granma.

Granma y Juventud Rebelde, 65 años y más
El día en que Fidel presentó el primer Comité Central del Partido, también anunció la creación de un nuevo periódico, órgano oficial de la organización, matutino y con el nombre de GRANMA, el mismo del yate de la expedición heroica, un hecho clave en nuestra historia, protagonizado el 2 de diciembre de 1956. En ese mismo octubre, el día 21, al fusionarse la revista Mella y el vespertino La Tarde, el líder histórico de la Revolución protagonizó igualmente la creación del órgano oficial de la UJC, Juventud Rebelde, rotativo orientador y educador de las nuevas generaciones en los principios legados por Mella, Camilo y Che.

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Fuentes consultadas

La Revolución Cubana: 45 grandes momentos, de Julio García Luis, Ocean Press, 2005; y Ernesto Che Guevara. Mito del siglo XX, Armando Hart Dávalos, Editorial Pueblo y Educación, 2002.

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