Oportuna integración de varias entidades agrícolas hace posible el cambio radical que ya requería el Centro Psicopedagógico espirituano, luego de 36 años sin una reparación a fondo
No debe haber faltado quien tildara de loco a Alberto Pérez León cuando, solito, decidió cortar marabú y cuanto palo inservible pudiera ser aprovechado para levantar un horno que finalmente aportara no menos de 20 sacos de carbón.

Y mucho más, deben haber pensado: no andaba muy bien de la cabeza, cuando se enteraron de que esa producción no era para cocinar en su casa, ni para venderlo con el propósito de ingresar “un dinerito extra”, sino para la cocina del mismo lugar donde él custodia como un titán: el Centro Psicopedagógico El Reparador de Sueños, en Sancti Spíritus.
Portador de una vergüenza venida en sangre, Alberto no podía quedar con los brazos cruzados, sin hacer nada personal, luego de haber visto el sensible aporte que el sistema de la agricultura hacía allí mismo, para dejar el centro como si lo acabaran de estrenar.
Todas las manos, todas
Bastó con que la máxima dirección del Partido y del gobierno en el territorio hicieran el llamado. Del resto se encargarían 11 empresas y entidades del mencionado sector, cuyos trabajadores cayeron como “divina plaga” sobre la instalación.

A simple vista todo parecía de maravillas por el grado de limpieza, organización y agradable ambiente; pero la verdad, algunas áreas clamaban ya por la reparación, requerida por todo inmueble, luego de 36 años de permanente e intenso uso, sin las acciones de mantenimiento y de conservación correspondientes.
Según explica la licenciada en enfermería Isbel Zayas Obregón, directora, sobre la base de una impresionante integración de voluntades y de recursos, fueron reparadas, desde cero, las 16 salas de la institución.
“Empresas como la de tabaco, nos donaron 113 colchones nuevos, para todas las camas existentes; la pecuaria Venegas (padrinos del centro desde hace más tiempo) no se conformó con dejar como de primer mundo la sala que asumieron y, además, nos obsequiaron una sala de computación con dos máquinas nuevas también, donde nuestros niños, así les decimos a todos, desarrollan hábitos y habilidades en ese terreno”.
Alrededor de ocho millones de pesos fueron ahorrados o ejecutados fuera de presupuesto gracias al mancomunado empuje.

Cuentan los trabajadores de la entidad cómo los obreros, al ver algún simple detalle en una pared, piso o muro, lo resolvían rápidamente.
La mipyme constructora Nersill SURL donó unos 34 000 pesos, al no cobrar una parte de los trabajos realizados allí.
El asunto no ha concluido. La empresa agropecuaria Obdulio Morales ha aportado viandas y otros alimentos, del mismo modo que la pecuaria Venegas, cuya contribución debe ampliarse próximamente, mediante una entrega de botas para varones residentes en el Centro.
Se prevé, además, reparar un pequeño parque infantil concebido para la sana recreación dentro de la institución y sumar otros elementos decorativos, de ambientación e información en áreas interiores y exteriores.
Las condiciones de alojamiento, de estancia, de atención y calidad de vida, en general, han cambiado de modo impresionante para los 87 residentes internos y 32 seminternos, procedentes de todos los municipios espirituanos e incluso de la vecina provincia de Ciego de Ávila.
Moraleja: cuando se quiere se puede. Si hay sensibilidad aparecen recursos y soluciones. Las potencialidades existen; solo hay que conocerlas, develarlas y usarlas en función de propósitos tan nobles como ese.























