Papá, nené y el boniato de todos
Foto: Pastor Batista Valdés
Papá, nené y el boniato de todos
Foto: Pastor Batista Valdés

Papá, nené y el boniato de todos

Recientemente –y lo he dicho en numerosas ocasiones– comentaba entre un grupo de colegas cómo a partir de una foto se puede escribir una crónica, un comentario…

Hace unos minutos, repasando mi archivo personal quedé contemplando esta que ven aquí.

La tomé un tiempito atrás, durante una de esas jornadas de aporte voluntario que –si bien no siempre conservan en la frente el agradable y abundante sudor de otros tiempos– dejan favorable saldo en áreas que continúan pidiendo brazos y así entregarles luego alimento.

Recuerdo que me llamó la atención ver a aquel joven padre pisando los pasos de su pequeño hijo (¡vaya manera de lograr lo divinamente contrario!) mientras ambos sembraban boniato.

“Ese niño pudiera estar durmiendo aún, jugando o entreteniéndose con un celular en casa” –me dije entonces. Y sin embargo estaba allí, tratando de hacer, a pie de letra, a pie de surco, lo que papá le había indicado, para que el bejuquito prendiera bien y diese luego, al cabo de unos tres meses, el boniato que tal vez ellos mismos comerían hervido, frito, en caldosa… con la exquisita sazón de mamá.

Recuerdo, también, que en el breve lapso de unos segundos medité cómo, sin proponérselo, sin procesarlo conscientemente, aquel padre estaba haciendo una especie de labor de formación vocacional con su pequeño hijo.

Ahora, mientras observo la instantánea, tampoco dudo que, en esencia, estaba preparándolo para la vida, enseñándole que a las faenas del campo no se les teme.

Quienes los vieron en tal labor, simplemente “sembraban el mencionado tubérculo”. Yo diría que, en el fondo, Papá realizaba otra siembra: plantaba dentro del niño motivación, simpatía, amor hacia algo vital, estratégico, insustituible para superar esta complejísima situación económica que estamos atravesando: el trabajo, fuente natural y honrada de verdadera riqueza.

Sirva esta imagen pues, de inspiración, de enseñanza y de energía positiva para quienes tienen la responsabilidad de asegurar –en funciones de dirección o directamente en surco– una campaña de frío que apuesta nacionalmente por la siembra de más de 100 000 hectáreas de cultivos.

No creo que, de lograrlo, esa superficie garantice producciones suficientes para responder a la enorme demanda de todo el país en términos de alimentación, pero es indudable que, en alguna medida, la cosecha podría llegar un poco más a todos, y en especial a niños como el de esta foto: no en pago a lo que ese día aportó, sino por su derecho incuestionable a tener una dieta variada, segura, balanceada.

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