Un aniversario siempre es buen motivo para las remembranzas cuando se trata de un intelectual fecundo y ético
Fotos. / Archivo de BOHEMIA
Este domingo, 19 de octubre, se cumplen 35 años del fallecimiento de Félix Pita Rodríguez. Mucho se ha escrito sobre la vida y la obra del poeta, narrador, periodista, ensayista, guionista radial y de la televisión, traductor. Sin embargo, continúa sorprendiéndonos.
Así lo cree Juan Nicolás Padrón, y argumenta: “Sus vivencias andariegas por América y Europa se reflejan en su narrativa, que es también crónica vivida o reportaje periodístico, prosa poética, reseña histórico-cultural, testimonio ficcional, indagación, esbozo, investigación, duda, reflexión, impresiones, apuntes, ocurrencias, curiosidades… un periodismo impresionista convertido en literatura fantástica, o de fantasía, o fantasmagórica”.
A partir de los años 20, Pita Rodríguez residió no solo en Cuba, también en otros países de América y en Europa. En 1959, tras regresar a la Isla, se comprometió con su proceso revolucionario. En 1985 obtuvo el Premio Nacional de Literatura.

La revista BOHEMIA publicó en numerosas ocasiones poemas, cuentos y textos periodísticos suyos. Además, entrevistas y semblanzas que, realizadas por Luis Sexto, Juan Sánchez, Waldo González, Amelia Roque, en las décadas de los 80 y los 90 del siglo pasado, lo retratan de cuerpo entero y hasta el tuétano. A ellas se suman las concedidas a entrevistadores foráneos como Cecilia Montante y Daniel González.
Según las remembranzas de quienes lo conocieron personalmente, gustaba de la picardía criolla. Podía ser irreverente y deslenguado. En ocasiones su sinceridad le acarreó enemistades. Félix Feliz, como le llamaban sus amigos, “vivió intensamente, también como pocos, una existencia feraz y plena durante 81 años que ni la pérdida de la visión ni sus graves pulmones pudieron amilanar”.
Desde la distancia temporal y física ¿puedo yo aportar informaciones más fidedignas? No lo creo. Entonces, ¿por qué no agradecer a los colegas y entregarle la palabra a Félix Pita? Sin duda, sabrá defender su derecho a perdurar en la memoria colectiva mejor de lo que yo pudiera hacerlo.
Pininos
“Hacia mis 16 años [había nacido el 18 de febrero de 1909] empiezo a escribir y me nace el deseo de ver impresos estos escritos. Mando unos poemas en prosa a Alejo Carpentier, que en ese tiempo era jefe de redacción de una revista llamada Carteles, y aún no comenzaba a publicar. Conocí a Alejo al mismo tiempo que a Nicolás Guillén, por el año 1925; este iniciaba su poesía popular. Los tres cultivamos una buena amistad a lo largo de los años. Cuando Alejo publicó mis poemas en prosa, ese hecho fue el ‘espaldarazo’: comencé a escribir con mayor asiduidad, con mayor interés”.
Viajero impenitente
“Mi primer viaje ‘con el mar de por medio’ fue a México, primero a la capital y luego me instalé a vivir en el puerto de Veracruz. Todas mis experiencias de ese año que estuve en el puerto están registradas en Aquiles Serdán 18, un libro que apareció el año antepasado en Cuba. El título es exactamente el nombre de la calle y el número en que estaba una casa muy extraña que es la protagonista de ese texto. Era una mezcla de prostíbulo, cantina, billar, fábrica de jabones y mesón donde se alquilaban catres para vagabundos y borrachos.
“[…] En esa temporada en Veracruz comienzan a pesarme las circunstancias y mi situación económica es crítica. Entonces me meto de polizón en un barco norteamericano y así regreso a Cuba. Publico algunos trabajos, pero al año siguiente me vuelvo a ir: no resisto la idea de perderme las cosas que están pasando en otros sitios.
“Fui a Guatemala, sin papeles pasé la frontera con México y ahí tuve una serie de aventuras muy interesantes”.

Entre surrealistas
“Hubo un factor decisivo en mi vida literaria; haber vivido en París de 1929 a 1940 significó en primer lugar haber asistido al florecimiento del surrealismo […] Mi posterior trabajo debe mucho a esa etapa: absorbí todo aquello y obtuve un amor por la belleza del estilo y una enseñanza sobre la liberación de las palabras”.
Republicano y antifascista
“Pasé en Europa la tremenda década de los 30, años del nazismo, del fascismo. Estaba en París cuando se produce el golpe fascista de Franco. De inmediato me pongo al servicio de la causa republicana, que era la mía sin que yo lo supiera enteramente desde el primer momento. En 1937 se planea en Madrid un Congreso de Intelectuales Antifascistas. Llegan a París Nicolás Guillén y Juan Marinello –otro gran amigo– para formar una delegación de escritores cubanos para ese evento militante; a ella nos integramos Alejo Carpentier –que vivía entonces en la capital francesa– y yo. Asistí, pues, a ese Congreso, estuve en España durante la Guerra Civil, y esa experiencia se convirtió en uno de los pivotes de mi obra: el surrealismo me había madurado intelectualmente; la Guerra Civil lo hizo ideológicamente”.
Periodista y guionista radial
“[…] regreso a Cuba en 1940, ya comenzada la Segunda Guerra Mundial. De inmediato me incorporo al periódico Hoy, órgano del partido comunista cubano. Jamás habría de abandonar esas filas, aunque debo agregar que nunca fui militante propiamente dicho.
“[…] estuve 20 años [en la Isla y fuera de ella] escribiendo para la radio y después para la televisión. (Aquí tengo que decir que no creo en eso de que ‘hace daño’ a un escritor sumirse en el maremágnum del mundo radial y televisivo. Al contrario, creo que hace bien, afina el oficio)”.
La radio “no fue una trituradora sino me enseñó diálogos, síntesis, y es una enseñanza para cualquiera”.
En la tierra del Tío Ho
“Viene entonces la guerra de Vietnam, me interesa enormemente lo que está pasando allá, logro ser enviado y vivo aquello unos meses [en 1967]. Estuve en el norte del país, conocí al pueblo vietnamita y su lucha […] Hice un prolongado trabajo de campo […] De regreso en Cuba publiqué dos libros, Vietnam: Notas para un diario, y uno que se encuentra entre mis favoritos: Niños de Vietnam, en que registro episodios que muestran el heroísmo y la grandeza de esos pequeños que luchaban a la par que los mayores, con igual –y a veces mayor– entrega y decisión”.

Sus cuentos: atmósfera y contenido
“En esa atmósfera está mi amor por lo desconocido, lo mágico, por todo ese mundo que me alcanzó mi encuentro con el surrealismo y me puso en el camino de Blake, de Lautremont, de Rimbaud, de toda esa gente atormentada espiritualmente por lo profundo: toda esa gente un poco maga, un poco alquimista, me llevó a buscar el otro lado de las cosas en el mismo lenguaje”.
“El hombre ha sido la obsesión de toda mi obra. No me enfrento al paisaje, sino al hombre. Y si hay algo que valga en todo cuanto he escrito es gracias a esa preocupación por el ser humano, por el hombre: naturalmente, por el hombre dentro de la sociedad. Lo que ocurre con el ser humano en determinada circunstancia es lo que me mueve, me agita”.
La lírica
“Considero la poesía como una forma de mirar el mundo. Lo digo en algún poema: La poesía es un silencio/ que alguien de oreja muy fina/ escuchó”.
“[…] cuando llegué al triunfo de la Revolución, me encontré con lo que había soñado durante tantos años: una lucha por mejorar la condición humana, por ennoblecer al hombre como ser social. Escribí entonces un poemario, Las crónicas, que era un reflejo vívido de lo que estaba sucediendo a mi alrededor, de algo que jamás creí que fuera posible. Me puse al servicio de lo que veía, y ese libro tuvo resonancia porque fue el primero que se publicó –era 1961– como canto a la Revolución”.
“[…] en mi obra hay siempre dos vertientes: la de la militancia que busca una mejoría para el hombre en lo colectivo, y al mismo tiempo la de una poesía lírica, intimista, que busca en lo individual, en lo muy personal. Desde el día en que empecé a escribir hasta hoy, esas vertientes se mantienen fuertemente unidas”.
José Martí
“A mí me fascina todos los días porque comprendo que en él había un hombre excepcional y recomiendo la atenta lectura de su gran obra, su estudio, sobre todo a los jóvenes”.


Su autor reconoció la influencia literaria de Ramón del Valle Inclán, Gabriel Miró, Antonio Machado, los bardos españoles del Siglo de Oro. / todocoleccion.net
Aún por andar
“He tenido una vida de sueños realizados, de hermosas locuras que se convirtieron en realidad […] Cumplir 80 años es algo tremendo. No obstante, y sin pedantería alguna, puedo decir que estoy en el mejor momento de mi obra. Pese a que se dice que la edad desgasta y deteriora a un escritor, a mí no me ha hecho mella”.
“Yo no pienso en la muerte en ningún momento, mi obra empieza a hacerse y escribiré todavía seis u ocho libros más porque tengo energías suficientes para ello, fuerza tremenda que me da el amor y la aceptación de lo que hago por críticos y lectores […] La clave radica en tener la seguridad de lo que se quiere, e ir a buscarlo, observar el futuro con ojos bien claros, sin temor a nada, meditar sobre lo que realmente deseas para· alcanzarlo con trabajo, legítima y honradamente […] Yo me veo como una especie de Marco Polo […] un hombre que ha querido fabricarse un mundo a la medida de los sueños, que se manifiesta, si no inconforme, por lo menos no enteramente conforme con el mundo que le tocó vivir”.


















