Secretos para enamorados

Sección Placeres, de nuestra revista BOHEMIA


Los enamorados se besan, se adoran, se absorben.

Los enamorados se buscan, se llaman, se encuentran, en la sombra de cualquier árbol; bajo las primeras, intermedias, últimas lluvias de todos los años; en el sol implacable de los mediodías.

Los enamorados pelean y una frase, pequeñita, insignificante, puede lanzarlos a los abismos explorados por Julio Verne en su Viaje al centro de la tierra.

Y luego, altivos, se dan la espalda, mientras el latir de sus cerebros amenaza con destrozarles la caja craneana y el corazón se les vuelve una mermelada de puro sufrimiento.

Los enamorados no conocen de razones. Desdeñan las reglas que psiquiatras, psicólogos, sociólogos y demás atras y ológos del universo han creado para ellos. Olvidan estos eficaces mandamientos:

El objetivo de toda discusión no es vencer a la pareja, sino resolver el problema junto con ella.

Critica, pero reconoce también tus propios errores.

Por muy disgustado que te encuentres y deseoso de mostrar que la razón está de tu parte, jamás golpees, ofendas o recrimines al otro por deficiencias físicas e intelectuales causantes de complejos.

Prohibido sacar “trapos sucios” (faltas cometidas hace ya tiempo, otras peleas…).

Evita atacar a las personas, objetos o aspectos queridos por tu amado (familia, amigos, gustos, costumbres).

Las amenazas –me busco otra pareja; no te querré más– surten efecto solo durante un tiempo; nunca solucionan las diferencias.

Los enamorados a veces olvidan el inmenso poder de las palabras.

De cuando en cuando, los enamorados deben hacer una tregua en las caricias, para llegar al fondo de sus corazones.   


  • Somos Jóvenes, n. 124-marzo, 1990, p. 47

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