Sordos al ruido

¿Sabías que el ruido puede dejarte sordo para siempre sin que apenas lo notes? No se trata de una exageración futurista ni de una advertencia salida de la ciencia ficción. Es una realidad que ya se denunciaba en Cuba hace casi cuatro décadas y que, lejos de desaparecer, continúa plenamente vigente. En tiempos donde el silencio parece extinguirse, preservarlo puede ser la clave para proteger uno de nuestros sentidos más valiosos: el oído.

La sección Bohemia Vieja rescata hoy “El sonido del silencio”, un texto de Argelio Santisteban publicado en la edición 41 de la revista, dentro de El Archipiélago. La Encuesta de la Semana. En plena década de los ochenta, el reportaje advertía ya sobre una epidemia silenciosa: el crecimiento sostenido de la sordera provocada por el ruido ambiental. Con agudeza periodística, Santisteban combina testimonios ciudadanos, criterios especializados y una crítica al uso desmedido del sonido en la vida cotidiana.

A lo largo del artículo, el autor expone cómo el ruido —desde los claxons hasta la música a un volumen excesivo— no solo molesta: también afecta el corazón, altera el equilibrio hormonal y deteriora de forma irreversible el oído interno. Obreros, estudiantes, taxistas y médicos coinciden en describir una ciudad cada vez más estridente, donde, como apunta el texto, “todo el mundo grita” en una especie de conspiración contra el descanso ajeno.

Leído hoy, el reportaje conserva una vigencia inquietante. Más que una denuncia, funciona como una alerta: el silencio no es ausencia ni vacío, sino una forma esencial de salud.

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