Raúl y Arnaldo Tamayo en Baikonur. /Archivo de Bohemia
Raúl y Arnaldo Tamayo en Baikonur. /Archivo de Bohemia

Testigo de primera línea

Reproducimos el trabajo publicado por nuestra revista hace 46 años sobre el viaje de Raúl a la URSS para presenciar el primer vuelo al cosmos de un compatriota


Para presenciar desde el cosmódromo de Baikonur el lanzamiento de la Soyuz 38, y despedir allí al primer cosmonauta cubano y latinoamericano, viajó a la Unión Soviética el general de ejército Raúl Castro, segundo secretario del Partido Comunista de Cuba y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Raúl presidía la delegación del Partido y Gobierno cubanos invitada al acontecimiento que inaugó la participación directa del primer territorio libre en America en la mayor empresa científica-técnica de la humanidad, gracias a la fraternal solidaridad internacionalista de la Unión Soviética, gran impulsora de la humana conquista del cosmos.

En Baikonur, Raúl y sus acompañantes -Antonio Pérez Herrero, miembro del Secretariado del Partido; José R. Fernández, vicepresidente del Consejo de Ministros, ambos del Comité Central; Wilfredo Torres, presidente de la Academia de Ciencias de Cuba; y otros funcionarios- conversaron con Yuri Romanenko y Arnaldo Tamayo, y sus dobles Evgueni Jrunov y José Armando López Falcón, a través de un cristal, en el hotel Cosmonavt.

Raúl les trasmitió «un saludo del compañero Fidel y espero comunicarme con él cuando ya ustedes estén en el cosmos. Estoy seguro de que todo saldrá bien.

«Cuando estén viajando por esas alturas -añadía- les acompañarán más de 260 millones de corazones soviéticos, 10 millones de cubanos y muchos millones de todos los hombres y mujeres progresistas del mundo».

La delegación cubana había sido recibida en la entrada de la Casa de los Cosmonautas por los cosmonautas Gueorgui Beregovol, Vladimlr Shatalov y Alexei Leonov. En el aeropuerto les habían dado la bienvenida Shatalov, Leonov y Titov, conjuntamente con los dirigentes del cosmódromo. A través de las calles de Baikonur, Raúl fue objeto de un cálido recibimiento popular.

Luego del encuentro en el hotel Cosmonavt, Raúl sembró posturas de karagaches en una arboleda contigua, en la Alameda de la Amistad.

Entrada del hotel Cosmonavt, en Baikonur, donde el General de Ejército y los cosmonautas Tamayo y Romanenko pudieron dialogar a través de una jaula de vidrio. /tass.com

Mientras ellos vestían sus complejos trajes de lanzamiento, Raúl les pidió trasmitir saludos a Popov y Riumin, con «nuestros más fervientes deseos de que concluyan con éxito sus trabajos».

Luego, al pie del cohete impulsor de la «Soyuz-38», asistieron a la ceremonia en que la tripulación comunica a la comisión estatal que está lista para su misión. Allí, Raúl y sus acompañantes se fotografiaron junto a Romanenko y Tamayo. De allí se trasladaron al puesto de observación, desde el cual presenciarían el ascenso de la nave.

En el curso de su visita oficial y amistosa, iniciada el lunes 15, Raúl había visitado ya la Ciudad Estelar, donde depositó una ofrenda floral ante el monumento a Yuri Gagarin, recorrió el Centro de Preparación de Cosmonautas que lleva el nombre del primer héroe del espacio y obsequió al Museo de la Cosmonáutica un cuadro donde el pionero del cosmos aparece junto a Fidel, durante su visita a Cuba en 1961.

El viernes 19, luego de haber emprendido el vuelo la Soyuz-38, Raúl ofreció declaraciones a la prensa: «De no haber tenido lugar la Revolución de Octubre y la Revolución cubana, y de no haber existido un Aurora y un Granma, este vuelo no hubiera sido posible».

Los héroes del espacio y el entonces primer vicepresidente cubano, al regreso de ellos, en el cosmódromo. /Archivo de Bohemia

Calificó de gran acontecimiento las investigaciones que emprendería la tripulación visitante del laboratorio espacial Saliut-6 y subrayó que la mayoría de los experimentos tenían gran importancia económica para Cuba y otros países de similares condiciones.

Y declaró: «Es evidente que sólo gracias al internacionalismo socialista que practica la Unión Soviética es posible para un país pequeño y pobre como el nuestro participar en un programa tan costoso, complejo y beneficioso para la humanidad como este.

Una de las pocas imágenes de algunas instalaciones del puerto espacial. /tass.com

«Un joven negro, pobre, aprendiz de carpintero, que en su niñez tuvo que dedicarse en más de una ocasión a vender periódicos y limpiar zapatos para subsistir en aquel medio, es ahora cosmonauta. Solo el socialismo permite esta posibilidad».

Tiempo después del histórico vuelo, los cosmonautas son recibidos por Fidel y Raúl en La Habana. /Archivo de Bohemia

• La redacción final de este trabajo corrió a cargo de Carlos Piñeiro, aunque colaboraron en su elaboración Reinaldo Peñalver, Frank Hechavarría, Hortensia de los Santos, Miguel A. Masjuán, Hugo Rius y Ricardo Villares

Comparte en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos