Jóvenes, combatientes, trabajadores y estudiantes participaron en una reedición que conjugó historia y presente, memoria y proyección futura
La Caravana de la Libertad volvió a andar, esta vez guiada por quienes tienen hoy la responsabilidad de custodiar la obra de la Revolución. Niños, adolescentes y jóvenes reeditaron el recorrido simbólico, evocando a los barbudos que, hace 67 años, entraron a La Habana con la certeza de haber cambiado el curso de la historia.
Con Fidel al frente y el pueblo como protagonista, la ruta sigue siendo la misma, tan desafiante como necesaria. La llegada de los combatientes rebeldes a la capital, aquel 8 de enero de 1959, confirmó no solo que el poder había cambiado de manos, sino también que debía ejercerse con el pueblo y para el pueblo.

El acto conmemorativo celebrado en la Ciudad Escolar Libertad, otrora Cuartel Columbia, estuvo presidido por José Ramón Monteagudo Ruiz, integrante del Secretariado del Comité Central; Liván Izquierdo Alonso, primer secretario del Comité Provincial del Partido en La Habana; Meyvis Estévez Echeverría, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC); Yanet Hernández Pérez, gobernadora de la ciudad; y la Heroína de la República de Cuba general de brigada de la reserva Delsa Esther Puebla Viltres, vicepresidenta de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. La ceremonia se inició con un minuto de silencio en tributo a los 32 combatientes caídos en Venezuelaenfrentando la agresión yanqui.

En las palabras centrales, Raúl Alejandro Palmero, primer secretario de la UJC en La Habana, subrayó la lealtad y el compromiso de las nuevas generaciones con el legado histórico del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al conmemorarse el centenario de su nacimiento.
Asimismo, el líder juvenil reclamó la liberación inmediata y sin condiciones del presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores, secuestrados por el gobierno de los Estados Unidos.
Tras casi siete décadas del triunfo revolucionario, Cuba enfrenta escenarios distintos, marcados por tensiones económicas y desafíos sociales. Sin embargo, la esencia de aquel enero permanece como brújula ética y referente moral para las nuevas generaciones.
En enero de 1959, cuando el Ejército Rebelde, encabezado por Fidel Castro, selló el triunfo definitivo de la Revolución, el pueblo cubano salió a las calles a abrazar su destino. A lo largo de más de 1 000 kilómetros, del 2 al 8 de enero, el país recibió con júbilo a los combatientes victoriosos que descendían de la Sierra Maestra.
La Caravana partió de Santiago de Cuba e intercambió con pobladores de diversos municipios a lo largo de toda la geografía antillana. Tras varias paradas en la capital, el acompañamiento popular al líder histórico de la Revolución continuó hasta el antiguo Cuartel Columbia.
Fidel, la Caravana y el pueblo
Hablar de la Caravana de la Victoria es hablar, inevitablemente, de Fidel. Fue él quien comprendió que el triunfo debía compartirse recorriendo el país, escuchando a su gente y explicando, sin intermediarios, el sentido profundo de la Revolución que nacía.
En el contexto del centenario de su natalicio, recordar la caravana es volver al origen de una relación política basada en la confianza mutua entre líder y nación. Con banderas, consignas y sus uniformes escolares, las nuevas generaciones reeditaron el trayecto como un profundo acto de continuidad histórica y como reafirmación del compromiso con la Revolución.



















