Estados Unidos asegura su hegemonía sobre los recursos naturales de Ucrania. / pagina12.com.ar
Estados Unidos asegura su hegemonía sobre los recursos naturales de Ucrania. / pagina12.com.ar

Trump, la guerra y el doble rasero imperial

De prometer “paz en un día” a exigir 500 000 millones a Ucrania. Cómo la retórica de Trump evidencia una agenda de dominación imperialista


Durante su campaña electoral, Donald Trump prometió resolver los conflictos bélicos internacionales “en cuestión de horas”. Afirmó que pondría fin a la guerra entre Rusia y Ucrania “en un día” y mediaría para calmar las tensiones en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, lejos de alcanzar la paz, los conflictos se han agravado.

En el caso de Ucrania, el magnate primero extendió su plazo autoimpuesto de 24 horas a seis meses y luego admitió que su promesa había sido “un poco sarcástica”. Lejos de buscar una solución diplomática equilibrada, su estrategia ha exacerbado la competencia interimperialista por el control del territorio eslavo. El verdadero objetivo de Washington no es la paz, sino asegurar su hegemonía sobre los recursos naturales y la economía del país, desplazando a las potencias europeas.

Esta dinámica marca el fin de la llamada “globalización armoniosa”, en la que las grandes potencias mantenían un reparto relativamente estable del mundo. La administración Trump busca imponer un control total sobre Ucrania, incluso mediante exigencias económicas abusivas: ha reclamado el pago de 500 000 millones de dólares a cambio de la ayuda militar prestada desde 2022. Un exdiplomático británico criticó duramente esa actitud y la comparó con las prácticas de la delincuencia organizada: “Es como entrar en una tienda y decir: ‘Qué negocio más bonito; sería una pena si algo le pasara’”.

El gobierno de Trump destina fondos federales a costosos programas de armamento o subcontrata directamente las operaciones. / latimes.com/español

Distracción mediática y el doble rasero bélico

Mientras tanto, el giro mediático hacia Irán –con los recientes bombardeos a sus instalaciones nucleares– no es casual. Al amplificar una supuesta “crisis nuclear”, Occidente desvía la atención del genocidio perpetrado por Israel en la Franja de Gaza y oculta -tras el humo de la confrontación- una masacre que, por repetida, se normaliza.

Estados Unidos necesita la guerra. Un Oriente Medio en llamas le es funcional; por eso apoya la injustificable e inmoral actual intervención militar de Tel Aviv en Palestina. Incluso, promete traspasar miles de millones de dólares al apoyar esa aberración.

Israel vuelve a jugar el papel de “perro rabioso, muy peligroso para ser molestado”, como decía el exdiplomático citado. Es un mensaje claro al mundo: Washington no busca la paz, mas bien justificar la guerra. Su política no es mediación, sino colonización económica y dominación militar.

Según el medio español La Razón, Estados Unidos tiene unas 173 000 tropas desplegadas en unas 254 bases militares en todo el mundo, desde la isla de Guam hasta Groenlandia. El medio digital e-Duque eleva esta cifra hasta 800 bases y alrededor de 300 000 efectivos. Citando una investigación del Instituto CATO, el estimado de las bases militares en Oriente Próximo tienen un costo militar anual oscilante entre los 91 000 millones y los 121 000 millones de dólares. 

¿Qué pasaría si EE. UU. comenzara a desmantelar su imperio de bases militares, cambiara la asignación de esos dólares captados por los impuestos y destinados al ejército, y los utilizara en sus necesidades internas, abandonara su foco en la guerra permanente y dejara de considerar al Pentágono como su santa iglesia?

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