La afición del Latino no superó los 1 500 presentes durante los tres primeros partidos disputados por Industriales y Santiago de Cuba
A pesar de su connotación histórica y el momento de la temporada –último tercio de la etapa regular– el denominado clásico de la pelota cubana llamó poco la atención de los aficionados locales, y también orientales residentes en la capital, que no son pocos.
Las Avispas no pudieron albergar este cotejo en el Guillermón Moncada, como estaba previsto, debido a las secuelas del huracán Melissa, y arribaron a La Habana con balance de 25 victorias y 27 derrotas.
Ocupaban el décimo puesto en la tabla de posiciones, a dos juegos y medio de Sancti Spíritus, octavo lugar, último cupo a los play off de la Serie Nacional 64.
Subserie importante, sobre todo para las aspiraciones de los indómitos de clasificar a la postemporada y, además, por la marcada rivalidad entre Leones y Avispas.
Sin embargo, se extrañó la grada llena. Azules por la banda de tercera y rojos por primera. Coros, congas, mascotas…
Según cifras oficiales, solo fueron al Coloso del Cerro 1 370 aficionados el martes, 1 436 el miércoles y 1 389 el jueves.

Ojalá este fin de semana los números crezcan. La capacidad de la instalación es para 55 000 espectadores, o sea, a simple vista lucía semivacía.
En definitiva, Industriales ganó los tres primeros juegos con pizarras de 9-1, 6-3 y 9-4. Aseguraron la subserie particular y solo dejaron la posibilidad a la visita para el desquite sábado y domingo.
Como remate, el segundo día la dirección de los santiagueros volvió a recaer en el uso de un jugador impropio. El quinto de ellos en lo que va de contienda, según me confirmó el estadístico Rodolfo Álvarez. Fue el punto final para el mánager, Eddy Cajigal, sustituido por Idalberto Lamothe, quien actuaba como coach de banca, y asumirá las riendas por lo que resta de temporada.
Aunque de todos modos, en este caso puntual del Latino, ya habían perdido en el terreno, así que no fue necesario confiscar el partido.
Precisamente la poca asistencia de público pasa por la desmotivación generada por los muchos males que hoy atentan contra la calidad de nuestro torneo doméstico: pizarras abultadas, cuerpos de pitcheo extenuados, expulsiones, sanciones, jugadores impropios…
Además del horario vespertino y los problemas extradeportivos que atosigan a la gente: virus, apagones, escaseces… el deporte es un reflejo de la realidad vivida por los cubanos. Aunque ver el Latino con tantos espacios vacíos en un duelo entre Leones y Avispas, al menos a mí me revolvió la nostalgia.

La esperanza a corto plazo serían los play off sí, porque sabemos que siempre, como es natural, convocan a más fanáticos. Pero es tapar el Sol con un dedo.
Si pensáramos con luz larga, o sea, de cara a lides futuras, entre ellas, la próxima Liga Élite, veríamos clara la necesidad de cambios significativos y urgentes. Eso si realmente quisiéramos rescatar la pasión por nuestro deporte nacional, declarado Patrimonio Cultural de la Nación.
Por mi parte, lo he dicho y explicado muchas veces: en mi criterio la solución está en el profesionalismo. Pero no a medias, con todas las letras y sin miedo a la palabra. Y tampoco soy el único que piensa de esa manera. Además, imagino que, aunque sea dentro de 50 años, tomar ese camino será inevitable. Como mismo un día comprendimos la necesidad de los contratos de nuestros atletas en el exterior, un hecho en algún momento impensado.
Por ahora, solo sé que estamos viviendo un clásico impropio. Según el diccionario de la Real Academia Española, “impropio” significa: “Falto de las cualidades convenientes según las circunstancias”.
Una palabra tristemente de moda que refleja en toda su extensión el delicado momento por el cual atraviesa el béisbol cubano.


















