¿Existe un Estado sin tierra, con bandera, pasaporte y embajadas? Es la interrogante Tania Bárcenas, de Sancti Spíritus, y a la que Le contesta Bohemia
La existencia de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, más conocida simplemente como la Orden de Malta, constituye uno de los hechos más insólitos y fascinantes del derecho internacional y la diplomacia contemporánea.
Es el único “país” del mundo que no posee territorio propio; no obstante, mantiene relaciones diplomáticas con más de 110 Estados y tiene estatus de observador permanente en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
De Jerusalén a la diplomacia global
El caso de la Orden de Malta desafía las definiciones convencionales de Estado establecidas por la Convención de Montevideo (territorio, población, gobierno y capacidad de relacionarse internacionalmente). Es un vestigio viviente de la Europa medieval adaptado a la modernidad y aún sigue sorprendiendo a juristas, diplomáticos y curiosos de todo el mundo.
Su historia comienza en el año 1048, cuando comerciantes de Amalfi fundaron en Jerusalén un hospital para atender a peregrinos de cualquier religión, en pleno contexto de las Cruzadas.
Pronto, la Orden se militarizó en defensa de sus centros médicos y, tras la caída de los reinos cristianos en Tierra Santa, fue desplazándose: primero a Chipre, luego a Rodas (1310-1522) y finalmente a Malta, cedida en 1530 por Carlos I de España.
Durante siglos, la Orden gobernó la isla de Malta como un Estado plenamente soberano y resistió incluso al asedio otomano de 1565. Sin embargo, en 1798, Napoleón Bonaparte expulsó a los caballeros de la isla. Aunque el Tratado de Amiens (1802) preveía su devolución, el Imperio Británico nunca cumplió este acuerdo y la Orden quedó sin territorio propio.
¿Un país sin tierra?
Desde entonces, la Orden de Malta ha mantenido su estructura de gobierno, sus símbolos estatales (bandera, escudo, pasaportes, sellos postales) y su actividad diplomática, pero sin ejercer soberanía sobre ningún territorio.
Su sede se encuentra en Roma, en el Palacio Magistral y la Villa del Priorato, gozan de extraterritorialidad, aunque siguen siendo formalmente parte de Italia. Por eso, algunos expertos dudan en considerarla un país en sentido estricto, si bien otros destacan su papel único como sujeto de derecho internacional.
La Orden cuenta con unos 13 500 miembros, 80 000 voluntarios y 42 000 empleados en todo el mundo, pero no tiene ciudadanos en el sentido tradicional, ya que sus miembros conservan la nacionalidad de sus países de origen.
Funciones y misión actual
Fiel a su lema fundacional “testimonio y defensa de la fe” y “asistencia a los enfermos y necesitados”, la Orden de Malta se dedica hoy principalmente a la ayuda humanitaria, la asistencia médica y social, y la cooperación internacional en situaciones de emergencia.
Lejos de desaparecer con el paso de las Cruzadas, evolucionó. Hoy no solo se les considera una orden religiosa y militar, sino también un sujeto soberano reconocido.
Sus embajadores gozan de reconocimiento y sus sedes diplomáticas existen en decenas de capitales del mundo; la falta de territorio y de una población propia la convierten en una entidad sui géneris, única en la historia y el derecho internacional.
Tiene su propio ejército, no convencional. Se trata de un cuerpo de voluntarios y personal médico-humanitario. No combaten en guerras, pese a estár preparados para actuar en crisis y emergencias sanitarias globales.
Un vínculo histórico y humanitario
La relación entre la Soberana Orden de Malta y Cuba es una de las más antiguas y estables mantenidas en América Latina, con raíces en la época colonial. Desde finales del siglo XVII hasta el siglo XIX, varios Capitanes Generales pertenecieron a la Orden.
En 1949 la Orden logró el nombramiento de un delegado especial para nuestro país y en 1959 ambos estados formalizaron vínculos. A partir de entonces, la relación se ha mantenido de manera práctica y efectiva, incluso durante los periodos de mayor tensión internacional.
La cooperación entre Cuba y la Orden de Malta se ha centrado principalmente en la asistencia social y humanitaria. La Asociación Cubana de la Orden, creada en 1952, colabora estrechamente con la Iglesia Católica y Cáritas Cuba en programas de ayuda a sectores vulnerables.
En 1998, tras la histórica visita del papa Juan Pablo II a Cuba, el Gran Maestre de la Orden de Malta, Frey Andrew Bertie, realizó una visita de Estado y fue recibido por el entonces presidente Fidel Castro Ruz y otras altas autoridades cubanas. Este gesto reafirmó la solidez y el respeto mutuo en la relación bilateral.


















