Nuestro Apóstol comprendió con claridad la esencia de la nación estadounidense, experta en matar indios y robar tierras ajenas. Así lo hizo con la mitad de México. / Archivo de BOHEMIA
Nuestro Apóstol comprendió con claridad la esencia de la nación estadounidense, experta en matar indios y robar tierras ajenas. Así lo hizo con la mitad de México. / Archivo de BOHEMIA

Vio nacer al imperialismo yanqui

Viajó a Nueva York, estudió detenidamente a Estados Unidos, pronosticó el peligro de su anexionismo y lo llamó cobarde


“El hombre no tiene derecho a oponerse al bien del hombre”, expresó José Martí

Tras su estadía de casi tres lustros en Nueva York, pudo afirmar un día: “Viví en el monstruo, y le conozco sus entrañas”.

Martí no es uno más en ninguna parte. Si analizamos vida, obra literaria, ejemplo patriótico e independentista, el ser campeón entre los campeones del pensamiento libertador y haber nutrido el arsenal ideológico revolucionario de su época, es sensato considerarlo en el grupo de los intelectuales más prominentes de “Nuestra América”. Al respecto expresó Cintio Vitier: “Él no pertenece solo a los cubanos, sino a toda la humanidad”.

Logró descubrir in situ las perversas intenciones injerencistas, geófagas y expansionistas de los gobiernos de aquel país, convertidos en expertos en asesinar, invadir, matar, mentir y robar territorios ajenos. Estados Unidos llegó a oponerse a los afanes similares de Alemania e Inglaterra, al parecer diciendo: “No, si ustedes actúan como imperios, más imperialistas seremos nosotros”.

Vio nacer el apetito territorial de aquella nación y cuando apenas rebasaba su juventud, la llamó imperialista. Se propuso a los 35 años constituir en su tierra natal una “república moral” mediante una guerra “rápida, justa y necesaria”, capaz de atajar los intereses invasores de dominación. Tales méritos le ganaron ser calificado uno de los más ilustres fundadores del antimperialismo yanqui.

Detectó poco a poco la amenaza de las pretensiones imperiales de Estados Unidos. A su modo prodigioso y auténtico –con la vista puesta en el futuro de Cuba y de América Latina– preguntó a finales de la década de 1880: “¿La América Central? ¿Quién sabe lo que será la América Central? ¿México? ¿Quién sabe lo que será el bravo México?”.

Con el legado de Martí y de Fidel en el corazón, el imperialismo yanqui jamás podrá ponernos de rodillas, y mucho menos rendirnos. / Ilustración: ADIGIO BENÍTEZ

Su reveladora experiencia

Llegó a Nueva York el 3 de enero de 1880. Viajó a ese país para organizar y reiniciar con éxito la dura contienda iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en 1868.

Era de las personas que viven y leen más, porque duermen menos. Lo hacía en su casa, en las bibliotecas, a veces de pie entre los libros de las librerías de algunos amigos, y en los estanquillos donde se vendía la prensa. Sus primeros comentarios en diferentes periódicos –a seis meses de su arribo a la ciudad de los rascacielos– abogaron por la independencia cubana.

Sufrió mucho cuando el asesinato del presidente James Abram Garfield, el 19 de septiembre de 1881. Al ser arrestado, el asesino, Charles Julios Guiteau, envió notas al general William T. Sherman, héroe de la Guerra de Secesión y jefe del Ejército de Estados Unidos, y pidió al Secretario de Estado James G. Blaine su participación en el juicio, aunque no se sabe por qué apelaba a ellos.

Redactó Martí conmovedoras crónicas sobre el suplicio del Presidente herido en su gravedad, su muerte, el profundo dolor de la familia; y en torno al juicio del asesino. En el diario La República, de Honduras, escribió: “Estudiaremos hebra a hebra los problemas graves de Estados Unidos; su descomposición, su corrupción, sus agresiones, y la acción de pervertir a varios países por medio del amor exclusivo a la fortuna”.

Su intención de conocer mejor el sistema

En 1884 reflejó las contradicciones de los imperios emergentes de Alemania y Estados Unidos. Entre 1885 y 1886, miró hacia la pugna imperial alemana y estadounidense en el Pacífico por la anexión de las Islas Marshall y la de Samoa, con la mediación inglesa, pensando en la posible unión de ambos imperios, los de Alemania e Inglaterra, y frenar la expansión norteamericana.

Exhortó nuestro Apóstol a “evitar la anexión de la Isla a los Estados Unidos” y escribió igualmente en 1885 cómo la patria de Washington y Lincoln realizó tanteos expansionistas en América Central, con traslados de tropas, a fin de garantizar “nuestros legítimos intereses”.

Presionaron abiertamente a los gobiernos latinoamericanos con tanta impunidad y saña, hasta el punto de denunciar por el Maestro en forma abierta a los gobernantes centroamericanos, comentando en el diario argentino La Nación, en febrero de ese año: “la tentativa de unir también mediante la fuerza, bajo un solo imperio, las cinco repúblicas de Centroamérica”. Tuvo el héroe cubano la claridad de preguntarse: “¿Dónde se vio león de dos cabezas, mirando la una al norte, y la otra, en la cola, abierta para tragarse al sur?”.

El placer imperial de Cutting

En 1886 el Apóstol censuró la provocación anexionista e imperialista de Augustus K. Cutting contra la independencia de Cuba, y el robo a mano armada de más de la mitad del suelo mexicano, lo cual le hizo decir: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”. No hay dudas, Martí comprobó más que nadie, de primera mano, el desarrollo cada vez más colonialista y agresivo de la nación norteña.

En abril de 1887 en Nueva York, resultó nombrado Cónsul representante de Uruguay en la Comisión Monetaria Internacional de América. Y después, de Argentina y Paraguay, cargos aportadores de experiencias válidas a la hora de defender a la América Latina en la Primera Conferencia Internacional Americana, a efectuarse en Washington en 1889. Las crónicas de José Julián nos posibilitaron tener una visión completa del nacimiento del moderno imperialismo yanqui, y el creciente deterioro ético y moral al verse solo y políticamente equivocado.

Nunca podrán quitarnos la Revolución cespediana, guiterista, martiana y fidelista de nuestras almas. / Archivo de BOHEMIA

Dicho de otra manera: ¿han tenido las avaricias anexionistas yanquis respecto a Cuba barrera de mayor envergadura que José Martí? La tradición sembrada por él en nuestra historia, su sentimiento antimperialista e independentista, les ha irritado y molestado siempre a los geófagos del ayer anexionista, y a los neofascistas de hoy en Estados Unidos.

Antes de la obra martiana, ya se combatía por la independencia y la soberanía, mas la premonición de nuestro Maestro acerca de los planes del “norte revuelto y brutal” significó, significa y siempre significará una vigorosa clarinada en el corazón y la mente de los pueblos.

La más importante arma en manos de los hijos de esta nación, cual freno del anhelo imperial estadounidense, es ahora, como nunca, la unidad. Las balas españolas detuvieron el ímpetu del Apóstol de Cuba; sin embargo, no ha quedado en el olvido su firme alerta del peligro imperialista.

Cada intento de someter a Cuba y verla dócil y servil, bajo la bota del amo, encontró tenaz resistencia. Ello ha hecho pensar, con toda razón, lo siguiente: Sin Martí le sería más fácil al imperio el deseo abominable de rendirnos y ponernos de rodillas, a toda costa y costo. No obstante, su legado es un valladar moral, ético y patriótico, junto al ejemplo de Fidel y de nuestro pueblo, incluido en él nuestra talentosa y brava juventud.

Nuestro inolvidable independentista alertó con firmeza: “El inicuo y perverso plan de forzar a nuestra Isla, de precipitarla a la guerra para tener pretexto de intervención, y con el fingido crédito de mediador y de garante, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres, ni maldad más fría”.

A finales de 1894, exhortó: “Cuando se va a poner a los hombres en el goce de su idea libre, que ahorra sangre al mundo, si sale un leño al camino, y no deja pasar, se echa el leño a un lado, o con el machete afilado se le abre en dos, y se pasa. Y así se entra, por sobre el hombre roto en dos, si el hombre es quien nos sale al camino”.

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Fuentes consultadas

El libro, Pasos iniciales de Martí hacia una visión internacional antimperialista, de Rodolfo Sarracino; Revista de la Sociedad Cultural José Martí, 2002; Vindicación de Cuba, carta del Apóstol el 25 de marzo de 1889 al director del New York Evening Post, en José Martí, Obras Completas. El artículo “Martí”, de Luis Toledo Sande, Juventud Rebelde, y “Un español que lo llamó nuestro”, de Luis Hernández Serrano, en El habanero, 1995.

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