Foto. / radioenciclopedia.cu
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Voz que no decae

 Sobre la impronta de José Martí en México y su alerta contra el afán depredador de no pocas naciones “civilizadas”, reflexiona una escritora de aquel país latinoamericano


Mucho ha cambiado el mundo, en ciertos aspectos, desde finales del siglo XIX; sin embargo, algo permanece inalterable: los apetitos expansionistas de las élites que se creen y se proclaman ungidas con el derecho a dominar al resto de la humanidad. Por ello, el pensamiento martiano, ético, solidario, no ha perdido ni un ápice de vigencia. Tampoco han envejecido sus hermosos versos.

La escritora y promotora cultural mexicana María Vázquez Valdez no abriga dudas sobre la vigencia del ideario martiano. / youtube.com

La mexicana María Vázquez Valdez, conocida por su loable trayectoria como escritora y gestora cultural –ha publicado varios libros y recibido disímiles reconocimientos–, e invitada al III Encuentro de Poetas Iberoamericanos, recién celebrado en La Habana, sitúa al Héroe Nacional cubano a la misma altura de “aquellos hombres sagrados” a los cuales este se refiriera en La Edad de Oro: Bolívar, San Martín e Hidalgo.

También traductora, periodista y editora, ella cita un párrafo del artículo Tres héroes, dedicado a esos próceres de las gestas de América Latina para independizarse de España, e incluido en el primer número (julio de 1889) de dicha revista: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.

Entre las diversas aristas de José Martí, la disertante resalta las de artista, pensador, humanista, independentista. Acerca de su obra poética, asegura que representa un “pilar para la poesía de nuestras naciones”. El joven exiliado residió algún tiempo en tierra azteca, hizo amistades entrañables, despertó simpatías: “con ojos de poeta” alabó su cielo y sus bardos; allí “plantó una semilla innegable, poderosa, perdurable”.

En un “texto muy bello” sobre el literato mexicano Manuel Acuña (fallecido prematuramente), publicado en El Federalista, el 6 de diciembre de 1876, escribió: “Yo le habría acompañado en las noches de mayo cuando hace aroma y aire tibio en las avenidas de la hermosísima alameda, de vuelta de largos paseos […] Habríamos juntos visto cómo es por la noche más extenso el cielo, más fácil la generosidad, más olvidable la amargura, menos traidor el hombre, más viva el alma amante”.

En La Edad de Oro, José Martí no solo da a conocer a los niños y jóvenes la grandeza de tres próceres latinoamericanos (Bolívar, San Martín e Hidalgo), también valores como la honestidad, el amor, la solidaridad, la amistad. / patrialibros.org

Asimismo, Martí afirmó: “México es tierra de refugio, donde todo peregrino halla un hermano”.

Además, “nos advirtió acerca de cosas que estamos viviendo ahora, que laten con fuerza en el escenario internacional, no solo en nuestros países”. En Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos, artículo difundido por la publicación neoyorkina La América, critica la creencia “de que la civilización, que es el nombre vulgar con el que corre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea: como si cabeza por cabeza, y corazón por corazón, valiera más un estrujador de irlandeses o un cañoneador de cipayos que uno de esos […] árabes, que sin escarmentar por la derrota, o amilanarse ante el número, defienden la tierra patria’.

“Me pregunto –prosigue Vázquez– ¿qué habría expresado José Martí acerca del genocidio que hoy viven los hermanos palestinos a manos del inmisericorde Israel? Aquí tenemos este texto de 1883, que bien pudo haber escrito ahora dedicado a Palestina.

“Martí nos legó una serie de vaticinios, de huellas para no perdernos en la infamia de la manipulación. Así tenemos pautas que se conservan entre nosotros. Pero especialmente nos legó un gran amor a la vida, plasmado en sus poemarios y en sus inmensas Obras completas”.

Al final de sus reflexiones, María Vázquez rememora una frase martiana recogida en la Constitución de la mayor de las Antillas: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”. Y manifiesta el deseo de que tal dignidad “sea para todos los pueblos”.

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