De izquierda a derecha: Carlos Luis González (Pepe), Giancarlo Giannini (Felipe) y Yadier Fernández (Jimmy). / Claudia Cepero
De izquierda a derecha: Carlos Luis González (Pepe), Giancarlo Giannini (Felipe) y Yadier Fernández (Jimmy). / Claudia Cepero

El General, el buscavida y el cardiólogo 

En el filme Baracoa, el traslado de las cenizas de un internacionalista italiano hasta la urbe oriental deviene transformación profunda en su hijo y su médico 

Por. / PEDRO ANTONIO GARCÍA*


El azar lo quiso así. Este periodista se fue una de estas noches a ver un filme de Alfonso Cuaron. Al llegar a la sala cinematográfica, le extrañó la cantidad de espectadores congregados allí. Una vez sentado en su butaca, se apagaron las luces y no comenzó a proyectarse la película esperada, sino la cinta Baracoa, ópera prima del realizador Luis Ernesto Doñas.

La cinta empieza en La Habana, no en la urbe oriental. Felipe es un viejo internacionalista italiano, combatiente de la lucha guerrillera contra la tiranía batistiana y luego del triunfo revolucionario alcanzó los grados de General en las Fuerzas Armadas. Pepe, su hijo, es el clásico buscavidas: chofer de extranjeros en su muy bien cuidado auto retro de los años ’50, amante ocasional de sus clientas, corredor de casas y “especialista” en trámites para viajar al exterior por cualquier vía.  

Como los lectores ya están suponiendo, hay un gran distanciamiento entre padre e hijo. Cuando el militar sufre un ataque al corazón, un cardiólogo se convierte en visita asidua a su casa. El médico, Jimmy, lleva una doble vida: en su tiempo libre, se traviste en la cantante de un club nocturno llamada Estrella.

Jimmy logra hacerle entender al General su desatención al hijo tras la muerte de su esposa. No es de extrañar, pues, la última voluntad del anciano: encomendar a Pepe y al cardiólogo a llevar sus cenizas a Baracoa, donde está enterrada su esposa. Con una obligatoria condición: ambos irán juntos en la travesía.

A los avatares del recorrido esta reseña los deja en suspenso y los lectores deberán descubrirlos cuando vean la cinta. Solo se les anticipará una cosa: los dos compañeros de viaje, a su término, no volverán a ser los mismos que cuando lo iniciaron.   

Guionista y realizador de la cinta, como el todo novel Doñas, padece de deficiencias en la dirección de actores, amén de baches en la dramaturgia, algunos de ellos minimizados por la eficaz edición a cargo de Francesco Galli. Cumple con su cometido la fotografía de Lorenzo Casadio Vannucci, quien aprovecha la el trayecto por la geografía cubana para mostrar sus dotes artísticas.

Giancarlo Giannini (Felipe), como casi siempre en su filmografía, está bien. Actor muy apreciado por los cinéfilos cubanos, es recordado sobre todo por su protagónico en El inocente, de Luchino Visconti, y su interpretación de Alberto Aragón en Un paseo por las nubes, de Alfonso Arau.

En su reencuentro con el cine cubano, Yadier Fernández (Jimmy) saca a flote su personaje, en los últimos tiempos demasiado recurrente en el séptimo arte nacional. No podemos decir lo mismo de Carlos Luis González. Con un físico idóneo para el papel de Pepe, en Baracoa tiene sus buenos momentos y otros no tan felices.

(*) Periodista y profesor universitario. Miembro de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021.

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