Bolivia va a balotaje tras el giro a la derecha. Paz y Quiroga disputan el poder en un país marcado por la división del MAS y el voto nulo de Evo
Tras las recientes elecciones, Bolivia asiste a un giro hacia la derecha que marca el fin de un ciclo político iniciado hace casi dos décadas bajo la conducción del Movimiento al Socialismo (MAS).
Los resultados de la primera vuelta, que dejaron fuera a las candidaturas progresistas y colocaron en el balotaje a Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga, reflejan tanto el desgaste interno del masismo como el impacto de la estrategia del voto nulo alentada por Evo Morales.
La comparación con el pasado reciente es inevitable. Entre 2006 y 2019, los gobiernos del MAS lograron reducir la pobreza, nacionalizar los recursos naturales y dar voz política a la mayoría indígena, con un crecimiento económico sostenido y una ampliación de derechos inéditos en la historia del país.
A ello se sumaron políticas sociales que transformaron la vida cotidiana: millones de ciudadanos accedieron por primera vez a pensiones mínimas, programas de salud y educación gratuitas. La redistribución de la riqueza permitió reducir drásticamente la desigualdad y consolidó una clase media emergente.
Sin embargo, la fragmentación interna, el desgaste de la gestión de Luis Arce y las pugnas de liderazgo terminaron por diluir ese acumulado histórico.
Dos candidatos en disputa
El primer lugar lo ocupó Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, con poco más del 32 por ciento de los votos. Su ascenso sorprendió a propios y extraños: se le percibía como un actor secundario, pero capitalizó el descontento ciudadano y presentó un perfil moderado que atrajo a electores desencantados con la izquierda y temerosos de una derecha radical.
En el Senado se destacó por intervenciones críticas, si bien constructivas, lo que le permitió proyectarse como una figura dialogante. En esta campaña prometió cambiar el sistema político, garantizar gobernabilidad y dar estabilidad económica, aunque su propuesta implica un claro desplazamiento hacia el liberalismo.
El segundo lugar fue logrado por Jorge Tuto Quiroga, con alrededor del 26 por ciento. Viejo conocido de la política boliviana, representa la derecha clásica y neoliberal, aquella que en los años 90 privatizó empresas estatales y subordinó al país a los dictados de Washington. Su discurso de campaña se centró en la crisis económica, ofreciendo soluciones de corte ortodoxo que, para amplios sectores sociales, remiten a un pasado de exclusión.
Ambos llegan a la segunda vuelta con apoyos frágiles: ninguno supera un tercio del electorado, lo que augura un escenario de difícil gobernabilidad y obligará a tejer alianzas con sectores sociales y políticos que no se sienten representados por estas opciones.

El voto nulo y Evo Morales
Uno de los fenómenos más significativos de esta elección fue el voto nulo: alcanzó un inédito 19.3 por ciento, sobrepasando incluso a candidaturas tradicionales, como es el caso de Samuel Doria Medina. La campaña por esta opción la impulsó Evo Morales, inhabilitado de competir, pero -desde su bastión del Chapare- defendió el voto nulo: un “referendo electoral” frente a lo que consideraba un proceso deslegitimado.
El resultado fue un tercer lugar simbólico en el voto protesta, que multiplicó por cuatro los registros históricos. Pese a que se evidenció la capacidad de Morales de movilizar a una base fiel, también fragmentó aún más al campo popular, restando fuerza a candidaturas; entre ellas, las de Andrónico Rodríguez y Eduardo del Castillo, ambos en conjunto apenas sobrepasaron el 11 por ciento. Esta estrategia favoreció la consolidación de la derecha en el balotaje.
La lectura de Arce
El presidente Luis Arce valoró positivamente la jornada electoral, destacando la participación democrática y la transparencia del proceso. En declaraciones posteriores, subrayó que la ultraderecha no logró un papel protagónico; no obstante, reconoció que la izquierda no supo cautivar a su electorado.
Con tono autocrítico, admitió que el MAS no consiguió la unidad necesaria a fin de enfrentar los comicios y señaló tanto boicots internos como factores externos. También insistió en que Bolivia debe seguir vinculada a los Brics y a los mecanismos internacionales, aun si el próximo gobierno proviene de la centroderecha.
Reivindicó la industrialización y la recuperación de la democracia tras el golpe de 2019 y aseguró que entregará el poder en el marco de una transición pacífica.
¿Qué depara el balotaje?
El balotaje del 19 de octubre enfrentará dos proyectos de derecha: uno más moderado y otro abiertamente neoliberal. Ambos deberán lidiar con un electorado dividido y el desafío de negociar con sectores sociales que se expresaron a través del voto nulo o la abstención.
La falta de legitimidad extensa podría derivar en un gobierno débil, condicionado por las movilizaciones y la presión de movimientos sociales que no se sienten representados.
Bolivia entra así en una fase de incertidumbre. El ciclo histórico del MAS, como fuerza hegemónica, parece cerrado, pero el voto nulo revela que existe un amplio sector popular que rechaza tanto la derecha tradicional como las fracturas del masismo.
El futuro inmediato dependerá de si el próximo gobierno opta por repetir las recetas neoliberales del pasado o si logra articular un nuevo pacto social que responda a las demandas de un país que, en dos décadas, conoció lo que significa gobernar con inclusión, dignidad y soberanía.





















Un comentario
Espero q la izquierda boliviana pueda unirse y superar este momento…se deberia convocar a todas estas fuerzas a la unión en un congreso nacional y q de ahí surja el nuevo lider de estos y q este sea apoyado x el gran Evo para q estas fuerzas puedan recuperar el poder y así volver a encaminar a Bolivia x la senda del progreso