Tumba de Perucho Figueredo en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. / radiojuvenil icrt.cu
Tumba de Perucho Figueredo en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. / radiojuvenil icrt.cu

La patria en un pentagrama

Este 17 de agosto rendimos tributo a Pedro Felipe Figueredo Cisneros, Perucho, autor de La Bayamesa –devenida Himno Nacional de la República de Cuba–, en el aniversario 155 de su deceso


El alma de la patria cubana pidiendo libertad vibró por primera vez en Bayamo, la segunda villa de Cuba, fundada el 5 de noviembre de 1513. Ante los preparativos de un levantamiento armado por la independencia del imperio español, Francisco Vicente Aguilera y Francisco Maceo Osorio, dos patriotas acaudalados residentes en aquella ciudad, se reunieron el 13 de agosto de 1867 en una sesión especial y clandestina y acordaron constituirse en el Comité Revolucionario de Bayamo. Solicitaron a Perucho Figueredo –con ese nombre se reconoce en la historia– la composición de un himno “como La Marsellesa de los revolucionarios cubanos”, teniendo en cuenta sus conocimientos musicales.

Perucho nos dejó un himno de combate para todos los tiempos. / Ilustración: AURELIO

El músico nació en la ciudad de Bayamo el 19 de julio de 1819, en el seno de una familia con amplios recursos económicos, que se dió a la tarea de lograr en él una vasta educación e instrucción. Se graduó en 1838 de bachiller en el colegio habanero Carraguao. En 1842 alcanzó el título de Abogado en Barcelona y fue nombrado cuatro años después alcalde ordinario segundo de su ciudad natal. Para entonces contrajo matrimonio con Isabel Vázquez y Moreno.

Perucho fundó junto a Carlos Manuel de Céspedes la Sociedad La Filarmónica, centro cultural bayamés Enel que se daban cita varios destacados intelectuales. Corría el año 1854 y ya figuró en un listado de sospechosos por infidelidad al gobierno peninsular, por lo que se vio precisado a radicar por un tiempo en La Habana donde representó diferentes causas judiciales principalmente de algunas familias bayamesas con intereses en la capital. En esa etapa también publicó en periódicos algunos artículos cuestionando el régimen imperante.

En el año 1858 regresa a Bayamo con su familia, fue arrestado y sufrió prisión durante 14 meses. En lo adelante su casa se convirtió en centro de reunión de los revolucionarios bayameses y se vinculó además al estudio de tácticas militares, como preparación al movimiento patriótico armado que se gestaba.

Nace una música de combate

Perucho Figueredo, cumpliendo el pedido, compuso una pieza y la tituló La Bayamesa. El 8 de mayo de 1868, la entregó al Manuel Muñoz Cedeño, músico y maestro de capilla de la Iglesia Mayor, y le pidió la instrumentación. Este le prometió interpretarla con su orquesta. Se materializó el 11 de junio de aquel año; vibraron los corazones de un entusiasmado público en la ceremonia religiosa. Algo había en la desconocida y penetrante música

Concluida la procesión –era la fiesta del Corpus Christi–, el gobernador militar de Bayamo, teniente coronel de caballería Julián Urdaneta Arrechavala mandó a llamar a Perucho. Indagó con él si la música era religiosa o de guerra.

En agosto de ese año se incrementaron los preparativos con el objetivo de iniciar la contienda libertadora. El 7 de octubre, el capitán general ordenó la detención de varios conspiradores. Figuraban Perucho Figueredo, Carlos Manuel de Céspedes, Vicente Aguilera, Maceo Osorio y Bartolomé Masó, entre otros. Habían acordado el 14 como la fecha del alzamiento. Ante tal imprevisto, Céspedes adelantó la acción y el 10 de octubre de 1868 protagoniza el alzamiento en Demajagua, dando inicio a la Guerra de los Diez Años contra España

Ante la inesperada noticia, Perucho ayudó a organizar a los conspiradores de Bayamo en apoyo a Céspedes. El 12 de octubre, en su ingenio Las Mangas, se reunió con 32 hombres armados y realiza una proclama a los bayameses a incorporarse a la lucha. El 15 de octubre, junto a Luis Marcano, se reúne con Céspedes en Barranca y planifican la toma de Bayamo; su hija de 17 años Candelaria Figueredo Vázquez, Canducha, fue designada como abanderada de la tropa.

¡A las armas, valientes!

Tomaron la ciudad el 20 de octubre. Sonaron los acordes de la marcha guerrera y el pueblo, con marcado entusiasmo patriótico alrededor de la plaza de la Iglesia Mayor gritaba: “¡La letra, la Letra!”.

La Bayamesa, el pueblo la llamó Himno de Bayamo y se convirtió en el Himno Nacional de Cuba. / Archivo de BOHEMIA

Sobre su caballo de combate, Perucho plasma las frases sobre unos improvisados papeles. Los van pasando de mano en mano y es así como la marcha guerrera es cantada por primera vez con las mismas frases llegadas hasta nuestros días. No quedaron evidencias de la letra y la partitura originales, se considera que se incineraron en la gloriosa quema de la ciudad el 12 de enero de 1869, como otros tantos documentos. Pero se publicó en el periódico El Cubano Libre el 28 de octubre de 1868, muy cercano a los acontecimientos.

En palabras de José Martí: “Para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares; para que corran de pena y amor, las lágrimas de los que lo oyeron en el combate sublime…Para que espolee la sangre en las venas juveniles, el himno a cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra patria, se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres”.

Perucho Figueredo, el insigne patriota, dio vida a la pieza heroica y ocupó diferentes cargos en el Ejército Libertador. El 14 de agosto de 1870, ya enfermo de gravedad, fue capturado por las tropas españolas y llevado a Santiago de Cuba. Dos días después se le acusó del delito de infidencia y condenado a muerte. Lo fusilaron el 17 de agosto. Con una obra tan conmovedora, llamó a los cubanos a luchar en la eternidad del tiempo. La patria lo contempla orgullosa.

___________________________

Fuente consultada:

El libro El Himno Nacional de Cuba, de José Antonio Pérez Martínez.

Comparte en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos