Mientras Javier Milei suma su viaje 17 a EE. UU., para rendir pleitesía al trumpismo, el escándalo de Manuel Adorni y sus “cascadas” de dudosa procedencia sacuden la Casa Rosada
Javier Milei ha vuelto a surcar los cielos con destino al Norte y lo ha hecho con la frecuencia de quien va a la esquina por el pan, pero con el costo de quien alquila el Louvre para una fiesta privada.
Este es el viaje número 17 a Estados Unidos en apenas dos años de gestión, un récord que dejaría en ridículo a cualquier viajero frecuente y que contrasta con su curiosa fobia a visitar las provincias del interior argentino.
Sin embargo, esta travesía por Los Ángeles tiene un matiz que ha hecho saltar todas las alarmas en los pasillos de la Casa Rosada: esta vez, Milei viaja sin Karina. La “hermana nacional”, el “Jefe”, la columna vertebral de su ecosistema místico-político, se ha quedado en tierra.
Es, según los registros de sus periplos internacionales, la primera vez que el Presidente se aventura en los dominios del Tío Sam sin su sombra protectora. Dicen que ella se quedó para “contener daños” en Buenos Aires, pero en política, cuando el guía se queda es porque el camino está lleno de baches que no se ven desde el cielo.
Milei aterrizó en Los Ángeles como invitado estelar de Michael Milken, un personaje que en los años 80 fue bautizado el “rey de los bonos basura”. Para quienes no sigan la crónica roja de Wall Street, Milken es el símbolo viviente de la especulación salvaje: acumuló una fortuna colosal manipulando mercados, lo que le valió una condena de 10 años de prisión por fraude y una multa que superó los 600 millones de dólares.
Que el abanderado de la “limpieza moral” contra la casta cruce el continente para rendir pleitesía a un convicto del gran capital financiero es, cuanto menos, una bofetada al sentido común.
En ese escenario, la sintonía entre ambos resulta casi pedagógica. Milken domina el arte del fraude financiero con la misma pasión obsesiva con la que Milei domina la genealogía de sus adorados perros.
Una cascada de 245 000 dólares
Y mientras, en el sur del continente, su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ese “domador” que ahora parece más un equilibrista sin red, está bajo un huracán de sospechas.
Se le investiga por un patrimonio que creció más rápido que la inflación: propiedades no declaradas, deudas de 800 000 dólares con sueldos de 5 000, y esa pintoresca “cascada” de 245 000 dólares en efectivo construida en su piscina particular.
Al parecer, la motosierra de la ética solo corta los cables de los servicios públicos, pero se detiene respetuosa ante las reformas de lujo de los funcionarios.
¿Qué busca Milei en esta nueva escala? Oficialmente, inversiones. Realmente, lo de siempre: la validación de su ídolo, Donald Trump.
El Presidente argentino no viaja como un estadista soberano, sino como un fan con banda presidencial que busca el “like” del líder del MAGA. Su sometimiento es tal que parece haber mudado la capital de Argentina a Mar-a-Lago, convirtiendo la política exterior en una coreografía de servilismo donde la soberanía es una palabra que suena a interferencia.
Milei necesita el oxígeno de Beverly Hills para ignorar el asfixiante 63 por ciento de desaprobación que lo espera al regreso.
Si logró o no sus objetivos con su ídolo, o si simplemente acumuló más puntos de viajero frecuente mientras el país se queda sin combustible, será el tema de un próximo comentario.





















