Israel y los EE.UU. cometen inocultables crímenes de guerra contra la nación persa. La infancia sufre
Un banco vacío de un parque no siempre es sinónimo de soledad; puede ser indicación de una premura amorosa para consumar la pasión del encuentro; puede ser además estampa vacía después de que un grupo de amigos decidiera irse a celebrar a otra parte.
Un banco vacío de un parque pudiera significar el epílogo de una lluvia torrencial, ahuyentadora de gentes, o quizás nos advierta sobre la somnolencia de la ciudad decidida a reparar una jornada agitada y larga.
Un banco vacío cuando hay muchos pequeñuelos en derredor es clara señal de la alegría contagiosa de correr tras una pelota. Verlos en sus bullas hace querer aproximarnos y llenar el espacio disponible: ¡Bendición! ¡Vida!
Pero uno desocupado con el escenario de fondo de cientos de escombros producto de bombardeos habla a las claras de un infanticidio: sucedió en una escuela de Minab, Irán, debido a los ataques no provocados de Israel y los EE.UU. contra la nación persa.
Cualquier infante muerto se alza como atentado contra la Humanidad; máxime si son 175 niñas, a quienes les fue arrancada la posibilidad de futuros de juegos, amores, fiestas, maternidad, sol… A pleno día, sus pupitres y bancos se unieron a sus huesos, cabellos o manos. Dejaron los delicados cuerpos de latir por culpa de la prepotencia de los émulos de emperadores y colonizadores.
El episodio contra la institución primaria “Shajare Tayebé” ya forma parte de esos símbolos alrededor del mundo de la violencia indiscriminada estadounidense. Seyed Abbas Araghchi, ministro de relaciones exteriores de la República islámica de Irán, en la cadena norteamericana ABC News, calificó la monstruosa acción de “crimen de guerra”, al tiempo que preguntó: “¿Y ustedes dicen que nosotros no tenemos derecho de defendernos?”.
¡No más bancos vacíos manchados de sangre! ¡No más bombas!; ¡No más guerra, verdugos de niños y niñas!


















