“No me arrodillo ni me dejo presionar”, dice Petro en medio de nueva crisis diplomática con EE. UU. / eluniversal.com.mx
“No me arrodillo ni me dejo presionar”, dice Petro en medio de nueva crisis diplomática con EE. UU. / eluniversal.com.mx

Petro por diálogo, EE.UU. amenaza

Mientras el presidente colombiano busca recomponer la relación con Washington, la Casa Blanca insiste en sanciones y advertencias que tensan aún más el vínculo bilateral


La más reciente crisis diplomática entre Colombia y Estados Unidos deja al descubierto no solo la fragilidad del vínculo bilateral, sino también la forma asimétrica en que Washington suele tratar a sus aliados del sur.

Esta vez, el detonante fue una denuncia del presidente Gustavo Petro sobre un plan de desestabilización contra su gobierno, donde se involucran sectores de la derecha estadounidense. La reacción del Departamento de Estado fue inmediata, no pretendió desmentir con argumentos ni abrir canales de diálogo, acaso para castigar políticamente a Colombia.

En lugar de solicitar explicaciones o promover un encuentro directo, EE.UU. llamó a consultas a su encargado de negocios, John McNamara, marcando así un tono de censura.

Petro, por su parte, eligió la vía diplomática: envió una carta directa a Donald Trump buscando bajar la tensión y se reunió con McNamara en Rionegro.

Washington respondió reafirmando sus “preocupaciones persistentes”, amenazando con aranceles y poniendo en duda la viabilidad de una relación “mutuamente beneficiosa”.

Estados Unidos exige, pero no se explica

Estados Unidos no ha aclarado por qué sectores de su clase política aparecen implicados en audios que sugieren apoyo a complots internos en Colombia.

Mientras los medios españoles publican grabaciones del excanciller Álvaro Leyva mencionando espaldarazos republicanos y la Fiscalía abre una investigación formal, Washington se limita a descalificar las denuncias como “infundadas y reprensibles”. Pero no niega. No indaga. No ofrece transparencia.

Este doble rasero es sintomático. Cuando se trata de acusar, EE.UU. exige pruebas, condena la retórica y amenaza con represalias económicas. Cuando se ve aludido, responde con soberbia y silencio.

Incluso ignoró la iniciativa de Petro para proponer una cumbre con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) con el fin de «sentarnos como iguales» y abordar los desafíos que enfrenta la región. Una actitud que reveló, una vez más, el desconocimiento norteño de América Latina como interlocutor soberano.

Petro, entre el diálogo y el cerco

Lejos de encerrarse en una lógica de confrontación, Petro insiste en mantener los puentes diplomáticos. Reconoció que su lenguaje pudo percibirse como duro, mas reafirmó su preocupación legítima por la desestabilización política.

En lugar de seguir el juego de la confrontación, propuso una salida dialogada y reiteró su compromiso con la paz, la integración y la justicia global.

La crisis, sin embargo, ocurre en medio de una profunda inestabilidad interna en la cancillería: Rosa Villavicencio se convierte en la cuarta persona en ocupar el cargo durante este mandato.

Su antecesora, Laura Sarabia, renunció por “coherencia personal”, aunque su salida también refleja la presión y el desgaste institucional que ha provocado este diferendo con Washington. El vacío diplomático lo aprovechó la Casa Blanca para imponer su agenda.

Washington arrincona, Petro no se arrodilla

En lugar de responder con tibieza, el gobierno colombiano defendió su soberanía. Petro llamó a consultas a su embajador en Washington y rechazó el chantaje económico cargado por los aranceles y amenazas de descertificación.

Estados Unidos se ha valido históricamente de estos mecanismos con el objetivo de subordinar a sus socios regionales, pero en esta ocasión encontró a un presidente que no se deja intimidar.

Analistas cercanos al poder estadounidense han sugerido, incluso, que Colombia “parece más cercana a los narcos y no interesada en combatirlos”, una declaración irresponsable: revictimiza al país y desconoce el costo humano pagado por la nación sudamericana en la fallida guerra antidrogas impuesta justamente desde Washington.

Las insinuaciones no solo son ofensivas, a la vez erosionan temas claves como seguridad e inteligencia.

Más soberanía, menos sumisión

Es cierto, tanto Petro como Trump tienen personalidades fuertes y discursos tajantes, si bien el del latinoamericano es articulado y el del otro una sarta de disparates. Se observa en este episodio no una disputa entre ¿iguales?, más bien un intento de EE.UU. por disciplinar a un mandatario que no repite el guion.

En lugar de castigar la autonomía política de Colombia, Washington debería reflexionar sobre el carácter democrático de sus propios actos y abrirse al diálogo regional.

Petro no ha cerrado puertas. Las ha tocado con firmeza, pidiendo respeto y cooperación real. La pregunta pendiente es si Estados Unidos está dispuesto a escucharlo sin imponer condiciones. Porque si de verdad hay una alianza estratégica, esta no puede estar basada en la amenaza ni en la sumisión, sino en el reconocimiento mutuo y la soberanía compartida.

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Un comentario

  1. Me han gustado mucho las medidas de apoyo de Gustavo Petro a la mujeres trabajadoras de su país, para que tengan un horario laboral, que les permita l atención de los hijos

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