Las conversaciones entre estadounidenses e iraníes siguen estancadas. ¿Habrá avances?
A las 11:18 del miércoles 21 de mayo de 2025, Seyed Abás Araqchi, ministro de Relaciones Exteriores de la República Islámica de Irán, declaró ante una expectante prensa que los llamados de su homólogo estadounidense, Marco Rubio, a alcanzar un acuerdo sin incluir el tema del enriquecimiento de uranio era algo “irracional”.
La sostenida postura iraní se asienta en el legítimo derecho a tener un programa nuclear civil, el cual, como su nombre lo indica, tendría aplicaciones diversas a favor de la población, pero muy especialmente en la generación de electricidad. Irán no será ni el primero ni el último país en acogerse a esta posibilidad de la mano de la ciencia y sus fines pacíficos; tal es el caso de Francia, por ejemplo.
La exhortación del secretario de Estado yanqui tuvo lugar días antes de un nuevo encuentro indirecto entre la nación norteña y la persa con el objetivo de destrabar un asunto de larga data, “mareado” desde la anterior administración de Donald Trump, quien reintrodujo sanciones, buscando una claudicación. Cosa hasta ahora infructuosa.
Araqchi reiteró esa genuina vía al desarrollo, defendida en el marco del Tratado de No Proliferación (TNP), donde Irán se desenvuelve. En una postura radical, las autoridades de Teherán insisten en demandar el levantamiento de las sanciones impuestas, ejercicio alejado de toda justicia. Denuncian las “demandas excesivas” presentadas en las negociaciones, aunque sostienen el empeño a “nunca abandonar la diplomacia”.
En este siglo XXI se le quiere adjudicar a Irán una belicosidad descontextualizada de las circunstancias regionales y globales. Lo realmente esencial nace en la década de los 70 de la pasada centuria, cuando la Revolución Islámica cerró el grifo al emporio estadounidense del petróleo y gas para asumir un proyecto nacionalista, antihegemónico, antimperialista y antisionista.
Washington debería atender cuidadosamente el panorama general y percatarse de que dicha posición visceral solo propicia mayores acercamientos iraníes a China y a otras naciones del Levante. De RT en español llega un despacho noticioso indicativo de lo anterior: este 25 de mayo, aconteció “la descarga del primer tren chino en un puerto seco cerca de Teherán; la ruta ferroviaria comercial que conecta ambas naciones entró oficialmente en funcionamiento”, redundando en reducción de costos de transporte; elimina servicios de carga en los depósitos costeros.

Si nos mantenemos en el área entonces podemos observar el viaje a Omán, este 27 de mayo, del presidente iraní, Masoud Pezeshkian. Allí se ventilarán asuntos relativos a la estabilidad regional, la situación en Gaza y la cooperación bilateral. Sépase: el volumen comercial es de casi 2 300 millones de dólares, cifra en aumento.
A pesar de la propaganda negativa, sucesos semejantes evidencian el carácter soberano en constante expansión. Irán es difícil de doblegar; en un pasado reciente tuvo un gobierno genuflexo, personificado en un Sha corrupto, aliado de Israel y las peores causas del mundo, “bendecido” por la tremenda ayuda militar estadounidense.
Irán quiere darle más bienestar al pueblo, presionado por criminales sanciones, que persiguen la subversión del orden político. Iguales escenarios enfrentan Venezuela y Cuba, a contracorriente de vulgares mentiras: la Caracas bolivariana, en elección popular, dominó 23 gobernaciones de 24, y La Habana socialista acaba de dar cobijo a una multitudinaria Fiesta del Trabajo.
Las tergiversaciones son parten del manual. Se hacen también al evaluar sucesos de la antigüedad. Y si bien una historiografía occidental tendenciosa hiperboliza horrores del antiguo Imperio persa, este fue tan guerrerista como otros; gracias a sus armas formó la mayor expansión oriental antigua, del mar Mediterráneo hasta el Océano Índico. Llegó a ser muy heterogéneo; en él las culturas de los vencidos eran respetadas. Así tenemos la restitución del culto a Marduk en Babilonia.
Incluso, en los distintos períodos de su existencia, trajo muchos adelantos en materia política y económica; a saber: tolerancia religiosa y de las costumbres locales, mantenimiento de estructuras administrativas locales, desgravamiento impositivo del comercio y baja general de todos los impuestos, facilitación del comercio mediante construcción de caminos y canales navegables, creación de reservas de moneda, difusión del crédito, combate a la delincuencia, productividad de la agricultura, etcétera.
El aqueménida Darío el Grande ideó un aparato de gobierno donde se conjugaron unidad y diversidad. La supuesta barbaridad oriental no ha sido menor que la griega o romana, identificadas como cunas de nuestra civilización occidental. La complejidad histórica de los entrecruzamientos humanos a través de la guerra sobrepasan estas líneas, pero lo cierto es que, para gobernar con verdadera sabiduría en 2025, y en los años venideros, debe tenerse en cuenta lo mejor de esas herencias, echando a un lado prepotencias y fanfarronerías.
Sería genial voltearnos a ver el 2015, cuando Irán y el grupo P5+1 –de Reino Unido, China, Francia, Rusia, EE.UU. y Alemania más la Unión Europea– firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto. Eso sí nos haría grandes.





















2 comentarios
Pese a diferencias históricas, culturales e ideosincracias, Iran es aliado estratégico afín, representa formidable freno a Israel y EEUU, con decisivo apoyo a la lucha-resistencia del combativo pueblo palestino
Atinado, bien fundamentado y contextualizado, a mi juicio, el análisis de María Victoria.
Cabe apuntar la poca credibilidad y seriedad de los gobiernos yanquis en cuanto a los acuerdos, que pueden desconocer y pretender modificarcar según intereses y prioridades de las élites que representan. Recordar que fue el de Obama el participante en el mencionado, de 2015. Y también que, siguiendo su variante de estrategia imperial, fue precisamente Obama, en El Cairo, quien reconoció explícitamente que Irán tuvo un gobierno liberal (el de Mossadegh) que nacionalizó el petróleo, y que EEUU cometió un grave error al participar activamente (junto con Reino Unido) en el golpe de Estado de 1953 que derrocó a ese gobierno democrático y restauró al aquí bien caracterizado régimen autocrático del Sha. Este régimen brutalmente impuesto fue finalmente derrocado por la Revolución Islámica. Los documentos desclasificados de la CIA confirman de manera irrefutable el papel central de EEUU en el golpe. Aquellos polvos también forman parte de los actuales lodos.