Tras una prolongadísima contienda, no tienen otra alternativa que continuar “fajados” con los preparativos de la próxima zafra
Después de 190 días de agónico empeño, la Empresa Agroindustrial Azucarera Melanio Hernández, por fin, detuvosus máquinas, cuando los registros inscribían aproximadamente el 76 por ciento del azúcar que su colectivo hubiera deseado entregarle al país.
Por falta de esfuerzo humano no fue; de recursos sí, al margen de que en el orden subjetivo o de organización se hubiese podido prever un poquito más.
Es innegable, sin embargo, que las permanentes dificultades con el aceite –las mismas que perjudicaron la siembra y atenciones culturales en el escenario agrícola– terminaron lacerando actividades claves durante la contienda, como el corte y tiro de la gramínea.

Si a ello se suma el no menos adverso panorama con los combustibles y el deterioro que han venido delineando las disponibilidades de la principal materia prima: la caña, entonces es fácil comprender que la recién concluida contienda azucarera fuese algo así como una verdadera pelea contra los demonios.
El asunto puede tornarse más grave aún si se tiene en cuenta que, como alerta el periódico Escambray en uno de sus análisis, el territorio apenas cubre con plantaciones el 40 por ciento del área destinada a ese cultivo y no todo lo plantado exhibe la calidad requerida.
En tan complejo contexto –es justo decirlo– el Melanio mantuvo una loable labor en torno a la generación eléctrica, indicador que ubica a la empresa en posición referencial dentro de la industria azucarera cubana y que le permite cerrar telones con una situación financiera un poco más favorable.
Después de tan prolongado combate, lo lógico fuera tomar unas merecidas vacaciones, descansar. Todo indica, en cambio, que no será así. Ese estiramiento de las operaciones, para aumentar un poco más los volúmenes de azúcar prácticamente, “montaron” la zafra encima del inicio de las reparaciones o preparativos que, de forma inviolable, deben anteceder a la venidera contienda.
Que directivos de la empresa, ingenieros, técnicos, especialistas y el resto de los trabajadores harán lo suyo, a pie de los puestos de trabajo, área y departamento, nadie lo dude.
Por ver está si cuando el central emita su nuevo pitazo de arrancada, en la fecha que decida el país, la nación habrá podido ponerle las condiciones y aseguramientos mínimos para que no llueva sobre lo mojado y si las plantaciones cañeras son capaces de saciar el saludable apetito de una industria que siempre le responde a la provincia.


























