Miembros del DEU en Isla de Pinos (1932), entre los que se encontraba Valdés Daussà. / Archivo de BOHEMIA
Miembros del DEU en Isla de Pinos (1932), entre los que se encontraba Valdés Daussà. / Archivo de BOHEMIA

El profesor que enfrentó al bonchismo

Ramiro Valdés Daussá tuvo dos grandes pasiones: la Revolución y la Universidad, y a la segunda ofrendó su vida

Por. / PEDRO ANTONIO GARCÍA*


A finales de la década de 1930 a la Universidad de La Habana (la única existente en el país) le aquejaba un terrible mal: el llamado “bonchismo”. Grupos organizados de antisociales se dedicaban en la alta casa de estudios a falsear notas y expedientes académicos, cometer escandalosos fraudes en los exámenes, extorsionar a estudiantes y profesores e incluso apelaban a golpizas y al asesinato.

De acuerdo con varios historiadores, el vocablo proviene de la palabra inglesa bunch que significa banda, pandilla. Si prosperó entonces, se debió a la actitud complaciente y cómplice del gobierno de Federico Laredo Bru (en realidad gobernaba Batista, coronel jefe del ejército) y las autoridades universitarias. Solía apuntar la docente e investigadora Niurka Pérez Rojas que el rector Méndez Peñate pecó de paternalismo encubierto y manifiesta debilidad ante eso, hubo profesores, como el decano de la Facultad de Derecho Guillermo Portela o los catedráticos Raúl Fernández Fiallo y Calixto Masó, que toleraron y apañaron a los pandilleros, además de utilizarlos en sus aspiraciones académicas y politiqueras.

Por otra parte, Fulgencio Batista ponía y quitaba presidentes de la República y tenía al Congreso sometido a su voluntad, usó el bonchismo a su gusto y conveniencia, en opinión de Raúl Roa García, “para desacreditar al movimiento popular y restarle beligerancia a la protesta estudiantil contra los crímenes y robos de su omnímodo mandato durante 11 años”.

Combatientes antimachadistas presos en el castillo del Príncipe que compartieron cárcel con Ramiro. / Archivo de BOHEMIA

En 1937 el exguajirito de Banes, al percatarse de que no podía seguir gobernando con métodos represivos, ejecutó magistralmente la llamada “apertura democrática” (liberación de más de 3 000 presos políticos, restablecimiento de la autonomía universitaria, legalización de los sindicatos y los partidos políticos, entre ellos el Auténtico y el Comunista, convocatoria a elecciones con el fin de redactar una nueva constitución), la cual dejó casi sin argumentos a la oposición. Aparte de que el sargento devenido coronel tenía aspiraciones presidenciales.

Según el historiador Pablo Llabre, fue el coronel Jaime Mariné quien propuso la idea de introducir en la Universidad a un grupo de agresivos “estudiantes pseudorevolucionarios que estuviesen bajo su control y mediante la violencia y la intimidación dominasen las distintas escuelas para evitar futuros actos de rebeldía”. El dinero que compraría a los pandilleros, nos cuenta el colega Ciro Bianchi, saldría de los fondos de la recién creada Dirección de Deportes, regida por Mariné.

Roa calificó certeramente al bonchismo de “una manifestación local, a escala universitaria” del llamado “gangsterismo seudorrevolucionario”, consecuencia directa de la frustración de la Revolución del 30 y la sublimación de métodos de violencia utilizados por organizaciones antimachadistas.

Los bonchistas se desencadenan

Sabiéndose impunes y respaldados, pronto los bonchistas comenzaron a hacer de las suyas. Según consigna el Libro Blanco de la crisis universitaria, publicado en 1941, en la cantina de la Escuela de Derecho se aparecían en total estado de embriaguez y rompían todo lo que estuviese a su alcance, ya fueran mesas, vasos y platos, mostraban sus partes pudientes a las muchachas en la Plaza Cadenas y robaban automóviles y camiones.

En el propio edificio del Rectorado, uno de ellos, Antonio Morín Dopico, disparó su arma al supervisor de la Sección de Matrícula Gratis y este, en legítima defensa, hirió a su agresor en un brazo. El 12 de marzo de 1939, en la esquina de 23 y L, los bonchistas agredieron a Antonio Hernández Travieso, presidente de la Escuela de Filosofía y Letras, incidente en el que también lesionaron a su novia, igualmente estudiante.

Con el fin de controlar las distintas escuelas, el bonche trató de ganar los cargos de Delegados de Asignatura. En 1938 lo hicieron por primera vez en las elecciones de la Escuela de Derecho, en la cual amenazaron y coaccionaron a estudiantes, secuestraron a un delegado para impedir su voto, y rellenaron y alteraron boletas.

Cuando se celebraban las oposiciones a la Cátedra de Historia de América, a la cual aspiraban Herminio Portell Vilá y el apañador de pandilleros Calixto Masó, los antisociales organizaron una campaña de sabotaje al primero y trataron de influir en la decisión del jurado. Al ser evidente la derrota de Masó, intentaron agredir físicamente a Portell Vilá y a todo estudiante que se relacionara con él.

Las incursiones de los bonchistas no se limitaron a actividades académicas. Relató Eduardo Chibás, un testigo presencial, a la prensa de la época, que a la Asamblea Provincial del Partido Auténtico en Pinar del Río acudió el catedrático Raúl Fernández Fiallo acompañado de Juan Ñaño González Andino, Dionisio El Gallego Gutiérrez, Andrés Prieto Quince y otros bonchistas, quienes ametralladoras en mano intentaron coaccionar a los asistentes.   

Ante tales desmanes, el Profesor Auxiliar de Dibujo en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de La Habana Ramiro Valdés Daussá le solicitó al rector el cargo de Jefe de la Policía Universitaria. La petición fue denegada. Cuentan que una mañana Ramiro se presentó en el rectorado junto con su auxiliar de Cátedra, Manolo Castro. Tras esperar largo rato, vio salir de la oficina a Morín Dopico y a otro connotado pandillero, José Noguerol Conde. Ramiro le preguntó al doctor Méndez Peñate el motivo de esa visita: “Quieren la misma plaza”, dijo. Sorprendido por la ecuanimidad de su interlocutor, Ramiro le advirtió el peligro que entrañaba darle esa posición a tales personajes.

Días después, durante una velada a la que asistía el claustro, los bonchistas se bebieron a escondidas el ponche destinado a los asistentes y en estado de embriaguez, insultaron a Méndez Peñate en presencia de todos. Este llamó a la mañana siguiente a Ramiro y lo nombró al frente de la Policía Universitaria. Al aceptar su cargo, señaló que no cobrarían salario por su trabajo y que implantaría el orden en la casa de altos estudios.

La labor de Ramiro

Foto tomada en los años que ejercía como Profesor de Dibujo. / Archivo de BOHEMIA

Valdés Daussá no solo tenía prestigio académico. Había sido un activo opositor a la tiranía machadista; junto a Carlos Prío, Raúl Roa, Pablo de la Torriente Brau, Pepelín Leyva y Pío Álvarez, entre otros, estuvo en la fundación del Directorio Estudiantil Universitario (DEU). En 1931 conoció la cárcel, primero en el Castillo del Príncipe y luego en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.

Al ser liberado, participó junto a Pío Álvarez, José Morell Romero, Mario Salabarría y Guillermo Barrientos en la Comisión Secreta del DEU, responsable de acciones armadas contra el machadato. Un año después volvió a ser detenido. Fue sancionado a ocho años de prisión en Isla de Pinos, donde recibió la noticia de la muerte de sus hermanos José Antonio y Solano, asesinados el 14 de abril de 1933 a consecuencia de una delación.

Tras el derrocamiento del sátrapa, Ramiro apoyó al gobierno de los Cien Días, en el cual Antonio Guiteras ocupó la cartera de Gobernación, Guerra y Marina. En la defensa del primer régimen antimperialista instaurado en Cuba, se organizó el Ejército Caribe, en el que militó Valdés Daussá junto con Manolo Castro, Mario Salabarría y Roberto Meoqui

Al asumir el cargo de Jefe de la Policía Universitaria, el profesor de Dibujo encaminó sus pasos a la erradicación de toda actividad delincuencial en la casa de altos estudios. Propugnó una fuerte lucha contra el fraude académico, fueron revisadas las matrículas y se detectaron irregularidades en varias de ellas, como la de Prieto Quince, quien nunca pudo presentar el diploma de graduado del bachillerato; se crearon tribunales disciplinarios, se reorganizó la policía universitaria, modificando su reglamento y expulsando a los cómplices de los bonchistas, además de prohibir la entrada de armas en el centro y cesantear a Ñaño González Andino en el puesto de jardinero por el cual cobraba sin trabajar..  

La caída del Héroe

Cumplida la misión de reimplantar el orden en la Universidad, el 6 de agosto de 1940 Ramiro y Manolo presentaron sus renuncias al cuerpo de seguridad. Fueron sustituidos por Roberto Meoqui y Orestes Martínez, exteniente de la policía a las órdenes de Guiteras en el gobierno de los Cien Días. Los bonchistas creyeron entonces que era el momento de vengarse de Valdés Daussá.

Batista utilizó el bonchismo para evitar que la Universidad deviniera nuevamente bastión revolucionario. / Archivo de BOHEMIA

En la noche del 15 de agosto de 1940, tras concluir su habitual cena, el profesor fue acribillado a balazos cuando se disponía a montar en su auto. Según testimonio de González Andino, Miguel Echegarrúa y Prieto Quince, le abrieron fuego y desde otra posición, más cercana, Gustavo Martínez le hizo varios disparos, mientras Ñaño vigilaba y Noguerol Conde esperaba al timón de un carro.

Prieto Quince y Noguerol fueron detenidos el mismo día. Luego aprehendieron a Echegarrúa y a Morín Dopico. Martínez y González Andino lograron huir. Los dos primeros fueron sentenciados a 30 años de prisión, Echegarrúa y Morín Dopico resultaron absueltos. Martínez murió en México, durante una reyerta en un bar. Ñaño marchó a Estados Unidos y lo último que supimos de él es que residía en Miami en la década de 1990.

La voz popular señaló a Fernández Fiallo como autor intelectual del hecho. Según testimoniara Mario Salavarría, los amigos de Ramiro hicieron su propia investigación. Él acompañó a Meoqui, quien en su condición de Jefe de la Policía Universitaria pudo inspeccionar el auto usado por los asesinos. Vieron en las gomas una mancha de arcilla de color peculiar, poco común, idéntica a la que existe en la finca de Fernández Fiallo en Pinar del Río.

Al mediodía del 28 de noviembre de 1940 Fernández Fiallo fue ejecutado por Manolo Castro y Mario Salabarría.

Lamentablemente a partir de 1944 con la presidencia de Grau, el bonche resurgió en la Universidad. No fue hasta 1954 con José Antonio, Fructuoso Rodríguez y una nueva generación estudiantil que se erradicó el pandillerismo del centro docente y tal como quería Ramiro Valdés Daussá volvió a ser el bastión revolucionario de Mella y Rafael Trejo.

*Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021.

_________________________

Fuentes consultadas

Los libros El movimiento estudiantil universitario de 1934 a 1940, de Niurka Pérez Rojas, y En Cuba, de Enrique de la Osa. Los textos periodísticos El profesor que enfrentó a los gánsteres, de Pedro A. García (Granma, 15 de agosto de 2000), El asesinato del profesor Ramiro Valdés Daussá, de Pablo Llaubre (Espacio Laical, 2018) y Muerte de Valdés Daussá, de Ciro Bianchi (sitio web de Juventud Rebelde, 11 de julio de 2020).

Comparte en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos