Afinada, intensa, mantiene en el repertorio los clásicos de la trova tradicional. / Yasset Llerena
Afinada, intensa, mantiene en el repertorio los clásicos de la trova tradicional. / Yasset Llerena

“En mi soledad, respondo a mi intuición”

Confesiones de Renata Mézenov sobre experiencias motivadas por los 50 años del Instituto Superior de Arte, el amor, y el desafío de ser ella misma


Renata nunca olvida puestas presentadas en La Habana. / Yasset Llerena

¿Cómo contar su historia o parte de ella? ¿Mientras evoca el sentido de la música guitarra en mano al compás de Perla Marina o las vivencias actorales unidas desde el alma y la conciencia a personajes clásicos y contemporáneos? Ambas rutas nutren los perfiles creativos de esta artista que ha recorrido medio mundo y reside desde 1993 en Italia donde desarrolla la labor creativa, “siempre pendiente de Cuba, mi país natal”.

La embargan múltiples emociones mientras recrea la trova tradicional con estilo propio. Vuelven recuerdos plasmados en carteles, discos y vivencias. Poco a poco revela curiosidades, ser imaginativa, sagaz, protagonista de un relato que disfruta contar.

Para Renata Mézenov Sa, de padre ruso, Adelin, y madre cubana, Pilar, sus raíces crecieron sin perder la brújula. “Hoy son árboles frondosos. Nací en La Habana y regresé a Rusia siendo muy pequeña. Más tarde, hice el viaje de vuelta y me llevó por lo que considero mi camino. Estudié en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte con la profesora María Elena Ortega. Renacer y crecer en su regazo fue un don. Me ha salvado literalmente cuando parecía disolverse el horizonte sin más perspectivas. Sus enseñanzas fueron la cuna de los primeros pasos en un viaje iniciático, abrieron las puertas hacia el umbral de la vida a través de la profesión. Por ella y el sistema de enseñanza artística pude comprenderlo: el teatro sería mi lugar y un espacio de búsquedas. El teatro es historia, los cuerpos que lo habitan y lo hacen existir. Suscita la magia, esta puede ser evocada al punto de sentirla tan real como la vida misma. En él subsiste un elemento esencial, no es fácil percibirlo ni reconocerlo: la técnica. Hay que conocerla y dominarla”.

Tras la breve pausa, precisa: “Quizás porque en el ADN tengo predisposición hacia el estudio siento la necesidad de conocer e indagar sin miedo al riesgo. Los valores aprehendidos son útiles en cualquier circunstancia”.

Rutas trazadas al andar

La experiencia del Odin nutre su vida. / Yasset Llerena

Sonríe alentada por las confesiones. “Llegué a Milán por una historia de amor junto al fotógrafo italiano Tony D’Urso con quien estuve casada. Nos unió una fuerte energía. Él creó imágenes fabulosas junto al Odin Teatret. Eso fue otro descubrimiento personal. El Odin y parte de su historia vivían en nuestra casa de Milán. Aportaron mucho a mi existencia”.

Sonríe despacio y enseguida agrega: “Conocí a Eugenio Barba, pude asistir durante cuatro años a talleres y conferencias impartidas por él y otros maestros. Eran libros humanos, muchos de ellos se conocieron en Cuba. A veces, en mi trabajo, me han atribuido influencias ‘odinianas’ o ‘barbianas’. Responden a la necesidad de danzar con ellas. Hay que verificarlas, reconocerlas y dialogar a distancia”.

Sin distancias ni olvidos

Muestra de sus grabaciones registradas en discos. / Yasset Llerena

A Renata la estimula volver a su país donde disfruta festivales, teatros, amigos y recuerdos. “Algunas personas creen concebir el proceso creativo; en realidad el proceso creativo lo concibe a una. Depende de lo que se quiere decir y hacer. Cuando me quedé sola sin un director, tuve que seguir. Llevé a la práctica el paradigma de cuerpo y mente. Lo aprendí de estirpe stanislavskiana. Una tiene que ser creíble y humilde. Pero la humildad no quiere decir: engañar. En mi soledad, respondo a mi intuición. Toda intuición se afianza en un concepto, en experiencias arraigadas”.

Respira hondo. Le place mantener despierta la trascendencia en su vida del Instituto Superior de Arte, los aportes de la profe María Elena Ortega y su actuación singular en el espectáculo Comodín. Nostalgia del arcoíris. “Lo presenté ante ella cuando coincidimos en Chile. Es un unipersonal. También lo llevé a las tablas en La Habana. Comodín proviene de la obra Time ball o El juego de perder el tiempo del dramaturgo cubano Joel Cano. Me fascina porque la historia cuenta retazos de cosas vistas y aprendidas aquí y allá. Narra un viaje de emigración lleno de descubrimientos y pérdidas”.

Sincera, vital, Renata descubre pasiones infinitas.

Siempre crea siendo ella misma. / Yasset Llerena

“La existencia es un continuo aprendizaje. Amo las incógnitas. Tal vez por eso retomo las puestas que hice para mantenerlas con vida. De alguna manera alimentan lo que hago ahora en Milán donde pertenezco al grupo Pequeña orquesta de los pueblos. Allí soy cantante, guitarrista y conductora. Mantengo la doble condición de actriz e intérprete. Ser yo misma me ilusiona. Así lo plasmo en el arte”.

Al despedirnos su expresión mantuvo la elocuencia de un ser humano sincero. Tal vez porque cultiva el tiempo que germina como sol en la mañana. Lo ha sentido al recrear su particular Medea. Aprende de los personajes y de la vida. “Así debe ser”, asegura.

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