A 67 años de su desaparición física, el Señor de la Vanguardia permanece vivo en la sencillez, lealtad y cariño del pueblo cubano
Cada 28 de octubre las aguas de Cuba se cubren de flores, y el mar, cómplice silencioso, devuelve espuma como quien devuelve un abrazo. Han pasado 67 años desde aquella tarde en que un Cessna 310 C rojo y blanco partió del aeropuerto Ignacio Agramonte sin llegar jamás a su destino.

El tiempo ha querido borrarlo con la misma insistencia con que el oleaje lame la arena, y ha fracasado. Camilo Cienfuegos Gorriarán sigue ahí, en el sombrero alón, en la sonrisa ancha, en el humor de quien sabía reírse del peligro sin faltarle el respeto a la muerte.
Su historia se fue escribiendo a fuerza de responsabilidades asumidas. En la Sierra Maestra escaló hasta el mando de la Columna Invasora número 2 Antonio Maceo, y la campaña hacia el occidente, con los combates de Yaguajay como centro, lo colocó entre las figuras militares más reconocidas de aquella contienda.
Tras el triunfo del 1.° de enero de 1959, Fidel le ordenó tomar Columbia, principal fortaleza militar de la tiranía batistiana, objetivo cumplido el propio día 2. Luego fue designado jefe de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire de La Habana, y el 20 de enero asumió la jefatura del Estado Mayor del Ejército Rebelde.

Pero la dimensión de Camilo no cabe en responsabilidades militares. Se le recuerda por la sencillez, el compañerismo, la lealtad y el compromiso con una causa capaz de transformar la Cuba de entonces. Inspiraba confianza y poseía una manera especial de relacionarse con la gente, esa virtud de quien manda sin humillar.
Octubre de 1959 probó su temple. Conociendo la determinación de Fidel de frustrar la conspiración de Hubert Matos, decidió actuar para evitarle riesgo alguno.
“Para detener esta Revolución cubanísima, tiene que morir un pueblo entero”, reafirmó el 26 de octubre durante su último discurso público ante un millón y medio de personas en el antiguo Palacio Presidencial.
A su regreso del centro del país, la aeronave desapareció sin dejar rastro alguno. Fidel y el Che participaron en los operativos de búsqueda. Se reviso una enorme porción de la franja costera y cayos. Nada.
El 12 de noviembre el Comandante en Jefe anunció oficialmente ante las cámaras su desaparición física y, poco después, se decretó siete días de luto nacional.
Sin embargo, hay hombres que desaparecen y se multiplican. El Señor de la Vanguardia pertenece a esa estirpe: no necesita estatua para estar en las calles, ni discurso para habitar la memoria. Y mientras haya una flor dispuesta a besar el mar, habrá Camilo para siempre.


























