Fachada de la institución, tal como se conserva actualmente. / Leyva Benítez
Fachada de la institución, tal como se conserva actualmente. / Leyva Benítez

Un edificio que es historia

Inaugurada hace 100 años, esta institución ha sido sede de relevantes eventos políticos y culturales


Tal vez los lectores hayan pasado más de una vez delante de esta instala-ción de San Miguel y Márquez González y aunque alguien les haya dicho –o simplemente ya lo sabían– que es el Palacio de los Torcedores, no imaginaron cuánta historia encierran esas paredes, a cuántos eventos de todo tipo ha servido de sede.  

No es de extrañar que en el XII Congreso Obrero se hiciera una propuesta de crear en este lugar un Museo Histórico del Movimiento obrero con el fin de atesorar los documentos y dar a conocer los hechos de valor histórico protagonizados por el proletariado organizado durante la republica neocolonial, y además recoger y divulgar las tradiciones combativas de los trabajadores cubanos en la lucha por la unidad nacional.

Claustro de profesores de la Universidad Popular José Martí. / Archivo del Palacio de los Torcedores

En 2011 el secretariado nacional de la CTC retomó esta idea, solo que entonces el Museo Nacional de los Trabajadores se integraba al Proyecto Cultural Palacio de los Torcedores ampliando así su accionar. Comenzaron a desarrollarse en su sede conversatorios sobre líderes obreros y revolucionarios que tuvieron una estrecha vinculación con el Palacio, entre ellos Lázaro Peña, Julio Antonio Mella, Jesús Menéndez y Rubén Martínez Villena, y veladas culturales, exposiciones de fotografía y artes plásticas, presentaciones de libros y documentales, y coloquios de historia local.

En sus 100 años de existencia el Palacio de los Torcedores ha librado una constante y continuada labor por la conservación y divulgación de la historia obrera de nuestro país. Pero no solo ha acometido en esa centuria una encomienda historiográfica: desde dentro de sus paredes se luchó por la emancipación de la patria, se trabajó arduamente en lograr conquistas sociales, se hizo historia.

Los torcedores se organizan

Para “defender los derechos, que como factores de la producción y el trabajo tienen los operarios torcedores”, surgieron las primeras sociedades de este sector en distintas fábricas capitalinas, un ejemplo de ello es lo sucedido en La Corona en 1914. El éxito de esta forma de organización gremial rebasó los marcos de la factoría y dos años después se creó la Sociedad de Torcedores de la Provincia de La Habana a la que siguió en 1919 la Federación de Sociedades de Torcedores de las provincias de La Habana y Pinar del Río.

El desarrollo de estas sociedades hizo necesario la construcción de un edificio en las que se celebraran actividades educativas, culturales y recreativas. Surgió entonces la idea de erigir un Palacio de Torcedores para el cual se comenzó la colecta popular en la que participaron activamente los trabajadores tabacaleros, con destaque de las mujeres que hacían la función de despalilladoras de las hojas de tabaco. Se compró el terreno ubicado en la calle San Miguel esquina a Márquez González y la ejecución de la obra estuvo a cargo del arquitecto e ingeniero Abel López. El 26 de septiembre de 1924 se colocó la primera piedra.   

Se hizo la inauguración de la entidad el 14 de julio de 1925. El costo total de la edificación y habilitación del Palacio fue de alrededor de los 100 000 pesos. En el acto inaugural Mella intervino y dio a conocer el programa de la recién fundada Liga Antimperialista de Cuba.

Labor desempeñada desde sus primeros años

Según el semanario obrero Justicia, uno de los propósitos de la creación del Palacio –y que cumplió cabalmente– era contribuir a la educación de los obreros y sus familiares mediante la institución de una Escuela Racionalista que utilizaba sus salones para “difundir los conocimientos útiles y bellos”. Además, preparar a los hijos de los trabajadores “a enfrentar inteligentemente con ideas junto a sus padres al tiránico régimen social” existente en Cuba y luchar por el triunfo de la revolución redentora.  

Aparte de esa escuela, en el mismo 1925, se habilitaron aulas para la Universidad Popular José Martí (UPJM), fundada por Julio Antonio Mella. En ella se impartieron clases de Literatura cubana y universal, Historia de Cuba, Legislación obrera y otras materias. Se programaron conferencias sobre la Revolución de Octubre y el pensamiento de Lenin, Marxismo, Economía Política e Historia de las clases sociales.

En su claustro se hallaban, aparte de Mella, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello y José Zacarías Tallet, entre otras personalidades. La UPJM estuvo funcionando durante dos años, hasta que la policía machadista la clausuró.

Tras el derrocamiento del dictador Gerardo Machado se escogió esta entidad de sede del Primer Congreso Regional de La Habana, que se celebró los días 30 y 31 de diciembre de 1933, el cual se trazó entre sus objetivos la lucha por el mejoramiento material, social y cultural de los obreros de la región, el estrechamiento de la alianza con el campesinado y el apoyo a las organizaciones de masas existentes. Otro evento relevante celebrado en sus salones  fue el IV Congreso de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), efectuado del 12 al 16 de enero de 1934. Entre sus acuerdos se reconoció a la Federación Regional Obrera de La Habana como el órgano sindical dirigente en la capital.

En este edificio se rindieron homenajes póstumos a grandes personalidades de la Historia Nacional, entre los que destaca Rubén Martínez Villena (enero de 1934) y Aracelio Iglesias (octubre de 1948), cuyos restos fueron velados en salones de esta institución.

Homenaje póstumo a Rubén Martínez Villena, efectuado en el teatro. / Archivo del Palacio de los Torcedores

El teatro, arma de combate

Por iniciativa de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y del Partido Comunista se creó el 23 de octubre de 1942 el Teatro Popular, que dirigió el actor y dramaturgo Paco Alfonso. El Palacio de los Torcedores fue la principal sede de este proyecto y el 14 de enero de 1943 comenzó sus funciones con el estreno de las piezas Con los pies en el suelo, de José Luis de la Torre, y Guerrillas del pueblo, de Oscar Valdés. Aunque utilizó a aficionados en su elenco, Agustín Campos, Nidia Sariol y otros destacados actores profesionales de la radio y la escena nacionales brindaron su concurso en papeles estelares.

No solo se montaron textos de teatristas cubanos, también hubo espacio para los de Federico García Lorca, Eugene O’Neill, Calderón de la Barca y Moliere, por solo citar algunos íconos de la literatura universal. El gran aporte de este proyecto fue llevar a las tablas los temas sociales, algo insólito en Cuba hasta entonces.

La lucha contra el macartismo

Al asumir la presidencia del país en octubre de 1944, Ramón Grau San Martín acusó a la CTC de estar subordinada al Partido Comunista. Con el término de la Segunda Guerra Mundial se desató la violencia en los sindicatos y en julio de 1947 la dirigencia de la organización obrera, encabezada por Lázaro Peña, y que había sido elegida legalmente en el último congreso proletario, fue expulsada por la policía del Palacio de los Trabajadores. El gobierno reconoció como la única CTC a la creada artificialmente por el traidor al movimiento comunista Eusebio Mujal y sus compinches, subvencionados por el corrupto ministro de Educación a través del tristemente célebre inciso K del presupuesto destinado a esa secretaría.

El Palacio de los Torcedores ofreció locales suyos a Lázaro y sus compañeros, quienes siguieron trabajando allí en las tareas sindicales. Pronto a esa entidad le tocaría ser objeto de una agresión gubernamental. Uniformados auxiliados por mujalistas asaltaron el edificio. Todos los enseres de la escuela nocturna fueron destruidos. Desde el segundo piso arrojaron a la calle San Miguel pupitres, libros, mapas y otros medios. Esos locales los dedicaron a partir de entonces a prácticas de tiro y ya en los 50, a la crianza de pollos. El régimen batistiano, instaurado tras la asonada de 1952, nada hizo al respecto.

Con la Revolución en el poder el Palacio volvió a manos de sus legítimos dueños, los trabajadores.

En sala repleta se daban las funciones del Teatro Popular. / Archivo del Palacio de los Torcedores

Una centuria después

Hoy día, después de algunas administraciones ineptas bajo las cuales se perdieron definitivamente objetos museables por deterioro y otras causas, la actual dirección de la institución, encabezada por Isbel González, directora, y Juanita Rodríguez, especialista de documentación, parece encaminada a colocar el Proyecto Cultural Palacio de los Torcedores en el sitial que merece.

Es cierto que hace falta una reparación general de los pisos superiores y resolver el albergue para las dos familias que aún habitan en locales del edificio, pero con un trabajo conjunto de la CTC, entidad rectora del Palacio, y los gobiernos municipal y provincial, todo puede tener solución y así podremos conservar este lugar que encierra tanta historia entre sus paredes.  

La nueva directora del Palacio, Isbel González (derecha) y la especialista en documentación Juanita Rodríguez. / Leyva Benítez

*Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021.


Fuentes consultadas

Los libros Comienzos de una historia, La Sociedad de Torcedores de La Habana, de Lucila Bejarano, editado por el Instituto de Historia; Historia del Movimiento Obrero Cubano y El Movimiento Obrero Cubano, documentos y artículos, ambos editados por el Instituto del Movimiento Comunista y de la Revolución Socialista

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