Tres protagonistas de El círculo rojo: Ives Montand, Gian María Volonté y Alain Delon. / Autor no identificado
Tres protagonistas de El círculo rojo: Ives Montand, Gian María Volonté y Alain Delon. / Autor no identificado

Buenos días, nostalgia

Para quienes, como este redactor, frisan los 70 años, el reencuentro fílmico con Alain Delon y Claude Sautet en las muestras alternativas que ofrece la 25ª edición del Festival de Cine Francés en Cuba implicó revivir momentos de su juventud


El actor francés Alain Delon fue el gran amor platónico para las coetáneas de este periodista, en su época de pepillas, aunque sin llegar a los extremos de sus abuelas con Rodolfo Valentino. Ellas perseguían sus películas, incluso recuerdo que una condiscípula fue a la sala Acapulco del Nuevo Vedado varias veces en una semana para visionar El tulipán negro. Los varones, entretanto, le negaban al protagonista de A pleno sol la luz y el agua. 

El autor de estas líneas, en cambio, permaneció neutral. Siempre dijo que Delon, bien dirigido, sea por Melville o Visconti, era un buen intérprete. Su filme favorito del galán francés fue por mucho tiempo El samurai. Hasta que en la década de 1970 vio El círculo rojo, precisamente la cinta que en esta 25ª edición del Festival de Cine Francés en Cuba le hizo recordar momentos de juventud.

Para quienes aún no han disfrutado de este filme, se les sintetizará su trama: Vogel (Gian Maria Volonté) escapa de la custodia del comisario Mattei (Bourvil). Corey (Alain Delon), quien acaba de salir de la cárcel,  se encuentra con Vogel y le propone robar a Rico, el jefe de la banda a la cual pertenecía antes de caer preso. Para ello, necesitan la colaboración de Jansen (Yves Montand), un antiguo policía jubilado y alcohólico. De esta forma, queda dibujado “el círculo rojo” en el que el destino los reúne inexorablemente.

Bourvill, en su mejor actuación dramática. / NANA PRODUCTIONS

Por segunda vez (la tercera seria en Crónica negra, años después) Melville convocó como protagonista a Delon. De él requirió la caracterización de un profesional del crimen gélido, frío, silencioso y calculador. Y ambos lo lograron. Los productores quisieron primero para el papel de Vogel a Jean Paul Belmondo. Pero el realizador tenía en mente a Volonté, de quien algunos temían sus excesos de los western spaguettis de Sergio Leone. Sin embargo,  Gian María sorprendió a los críticos franceses con una interpretación memorable en su carrera. Algo parecido pasó con Bourvil. ¿Qué hace en esta cinta el principal rival de Louis de Funes en la comedia francesa? Enfermo de cáncer en grado terminal, encarnó al comisario Mattei con una dignidad encomiable mientras se inyectaba morfina para calmar el dolor. La vida, lamentablemente, no le alcanzó para ver el estreno de la película y su mejor actuación dramática.

De Ives Montand, ¿qué decir? En El círculo rojo se le ofreció la oportunidad de apartarse de sus habituales interpretaciones de hombre maduro seductor de jovencitas, como en algunos filmes de Lelouch y Sautet. Y brilló sin ser opacado por sus compañeros de reparto. El protagonista de Vivir por vivir confesaría en una entrevista ““Melville es muy preciso. Sus guiones siempre están recortados de una manera, al milímetro […]. No tiene miedo de cortar o quitar un poco de diálogo si él cree que la imagen es mucho más fuerte de lo que tenemos que decir”.

Cómplice del director en la puesta en escena, tal como lo fue en El samurái, tanto en las “secuencias silenciosas” a las que hacía referencia Montand como en los encuadres y movimientos de cámara, Henri Decae se ratifica en este filme como uno de los mejores fotógrafos en la historia del cine francés. Mención aparte para la música de Éric Demarsan, todo jazz, apuntalando las imágenes sin contaminación alguna de diálogo y otorgándole a la película una identidad que la convierte en trascendental.

Homenaje a Claude Sautet

Ya es un lugar común, entre la crítica especializada y los cinéfilos amantes del cine francés, afirmar que Vicente, Francisco, Paul y los demás (Vincent, François, Paul et les autres, Claude Sautet, 1974) es un filme sobre la crisis del hombre en su edad madura. Una opinión muy autorizada, Francoise Truffaut, quien antes de ser realizador incursionó en la prensa cinematográfica, en total desa-cuerdo, solía decir: “[el tema] es la vida, dura en los detalles, pero en una visión de conjunto está muy bien”.

Sautet nos relata en la cinta la historia de tres hombres: Vincent (Yves Montand) está en bancarrota, su amante mucho más joven que él  lo ha abandonado y su esposa, de quien se ha separado, quiere el divorcio. Paul (Serge Reggiani), el escritor, tiene un bloqueo total, nada puede generar. François (Michel Piccoli) ha perdido sus ideales y practica la medicina solo por dinero; su cónyuge, distante y hostil, le engaña, y él no se pregunta con quién, sino porqué. Hay un cuarto compinche, el joven Jean (Gérard Depardieu), quien se debate entre seguir practicando el boxeo profesional o casarse con su novia embarazada.

Como pasa en El círculo rojo, disfrutamos aquí de un magnífico duelo actoral. Montand y Piccoli llevan la batuta: Ives en un papel que no le es ajeno y con un director con quien se entiende muy bien; Michel en una de sus mejores actuaciones; Reggiani ante un guión que no le deja muchas posibilidades, se mantiene eficaz, como siempre. Depardieu, solo entonces de 26 años, pero ya con un amplio kilometraje de casi una treintena de filmes, se muestra como la promesa del cine francés hecha realidad y en sus escenas de boxeo (él lo había practicado antes de dedicarse exclusivamente a la actuación), no tan fáciles, sale muy airoso.

Vicente, Francisco, Paul y los demás: Gerard Depardieu, Ives Montand, Michel Piccoli y Serge Reggiani. / Autor no identificado

Sautet no era como Melville, para quien las mujeres en el reparto eran un simple decorado. En Vicente, Francisco… enrola a Stéphane Audran (El discreto encanto de la burguesía, Diez negritos, El festín de Babette) como Catherine, la mujer de Vincent; y Marie Dubois (La amenazaza) como Lucie, la esposa de François, entre un grupo de actrices francesas de reparto que nunca desentonan.

Con un ritmo ágil -el espectador se siente agarrado y centra su atención en la cinta hasta su final- y la colaboración de sus habituales Philippe Sarde, en la música, y Jean Boffety, en la dirección de fotografía, tan profesionales como siempre, Sautet nos ofrece un largometraje que no ha envejecido y aun hoy, a 50 años de su estreno, se ve con gusto.

Y aunque la inmensa mayoría de los cinéfilos señalan a Las cosas de la vida como el mejor filme de Sautet, este periodista, coincidiendo con Francoise Truffaut, continuará prefiriendo a Vicente, Francisco, Paul y los demás.   

  • Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021- Miembro de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (ACPC)

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