Una página brillante en la historia de la juventud cubana contra la tiranía de Batista, cuando a principios de septiembre de 1958 un grupo de jóvenes del 26 de Julio, se apropió temporalmente de la venerada imagen de Nuestra Señora de Regla, patrona de la bahía de La Habana, la deidad Yoruba dueña del mar
Para demostrar que era falsa la supuesta paz y tranquilidad en la capital de todos los cubanos y elevar la conciencia de que el momento era de lucha y no de fiesta, como intentaba la tiranía hacer creer al pueblo, se organizó secretamente el contundente secuestro de la Virgen de Regla en el templo de esa ciudad habanera.
El grupo de jóvenes del 26 de julio, que decidió realizar tal proeza clandestina, unido y convencido del cinismo y la falsedad del gobierno de Batista, demostró en solo unas horas su firmeza revolucionaria.
Además, esos luchadores clandestinos evidenciaron que —como en memorable carta abierta dejara dicho el doctor e intelectual marxista cubano Carlos Rafael Rodríguez ante la Uneac en el aniversario 70 del poeta, periodista y Leandro Marcelino Arozarena Ramos (1912-1996) por no poder asistir a la ceremonia— la identificación ideológica es el más perdurable de los cimientos y de los cementos, de ahí el éxito total de aquella acción que ahora conmemoramos.
Con el tiempo, al evocar la audacia practicada entonces, uno de los jóvenes participantes comentó que tan pronto tuvieron en su poder, con la ayuda del sacerdote del templo donde se hallaba, dijo que ellos tenían una gran prisa por esconder el venerado símbolo en un sitio que no encontraran los esbirros.
Contó que el secuestro concebido para el día 5 de septiembre. Cuando trasladaban la Virgen hicieron un alto en la casa de José Lorenzo Díaz para cambiar de auto; y, después, al no conseguir un lugar más seguro, la escondieron sin ser vistos en una vivienda en construcción en la localidad de Víbora Park.
La iniciativa de aquella operación, que hicieron con el mayor respeto del mundo, partió del joven Alberto Álvarez Díaz, entonces miembro de la Directiva del Liceo de Regla, secundada por Leonardo Valdés Suárez, Reinaldo Cruz Romeo y Onelio Dampiel Rodríguez, quienes fueron masacrados brutalmente el 12 de septiembre por una delación del chivato “Popeye”, que informó a los cuerpos represivos dónde estaban reunidos los compañeros.
La acción pública rebelde más relevante
Aquel episodio juvenil ejemplarizante fue el de más importancia de carácter “clandestino” en suelo reglano, pero la acción “pública” de mayor relevancia en ese municipio habanero resultó ser la enérgica protesta masiva del territorio en respuesta al vil asesinato del también joven de Regla Gilberto Monzón. La movilización popular estuvo a cargo de Juan Alborná Salado, de 21 años, jefe entonces de las milicias del M-26-7, hecho que concluyó en un acto de repudio a la dictadura, con las palabras indignadas del propio dirigente.
La policía motorizada tomó por asalto el centro de Regla y el cementerio, y abrió fuego contra la multitud sin escrúpulo alguno. El gesto patriótico contó con el apoyo decidido de Leonardo López, Filiberto Torres, Luis Lorenzo González, Marcos González, Manuel López Goenaga (El Chévere), Elio Serrano, Germán Roche, José Luis Cabrera y otros residentes integrantes del Movimiento revolucionario.
Por supuesto que se hicieron muchas detenciones, pero la mayoría de los capturados lograron escapar con no menos audacia. Todo ese capítulo de moral, dignidad y valor, hizo que Regla consolidara el honroso calificativo de La Sierra Chiquita.
Con el transcurso del tiempo Gustavo Más, quien fue luego capitán de las Milicias del 26 y jefe del Movimiento en los territorios de la propia Regla, Guanabacoa y La Habana del Este, contaría a la prensa en una reveladora entrevista interesantes detalles de aquella jornada inolvidable que concluyó poniendo, a la semana del secuestro, en su lugar original, a la amada virgencita de las olas.

Algunos orígenes de Regla
Mucho antes de la alborada combativa referida hasta aquí, el sitio geográfico donde tuvieron lugar los sucesos, merece describirse muy brevemente. Regla no ha sido Regla en la historia solo por el heroico secuestro de Yemayá, la dueña del mar. En primer lugar, debe saberse que el nombre antiguo de esta localidad habanera era Guaicanamar, palabra que significa frente al mar, perteneciente en sus orígenes al cacicazgo indio de Guanabacoa, que quería decir lugar de aguas.
Hace varios siglos, surge a la vida social gracias el denominado Marqués de la Real Proclamación, Don Pedro Recio de Oquendo, cuando el peregrino peruano Manuel Antonio dona un pedazo de tierra para la construcción de una Ermita a la Virgen de Regla, y que resultara el punto de partida de la fundación de la futura ciudad.
Por tal razón el origen de este sitio histórico se recuerda en un documento firmado el 3 de marzo de 1637 en el que hace donación de una punta de tierra en frente de un cayo que ciñe el mar.
Ahí se le empezó a rendir culto colectivo a la Virgen, bajo la inspiración de un cuadro pintado al óleo, hasta que en 1694 el castellano jefe de la Fortaleza Militar de la Punta, Pedro Aranda de Avellaneda, trajo de España una imagen de más alta calidad y presencia, útil para el comienzo de las celebraciones de la fiesta por el 8 de septiembre. Al inicio se le llamó Virgen de Regla de San Agustín, y con el asedio de los años se le quedó solo Virgen de Regla.
¿Por qué San Agustín? Por San Agustín de Hipona, quien vivió en África entre 360 y 436. Tuvo él, según cuenta la no despreciable oralidad histórica, una revelación peculiar que ha llegado a nuestros días por la tradición religiosa: un ángel que le mandó a tallar la imagen de la Virgen, obra llevada luego a España por su discípulo Cipriano, quien sorteó feroz tormenta en el Estrecho de Gibraltar y salió con vida. Por eso poco después se le consideró la patrona de los hombres del mar.
Toda esta imaginación o realidad de fe, se resume en esa frase que alza su nombre frente a la bahía de La Habana y que identifican ateos y creyentes por igual, como Yemayá, la dueña del mar.
En Regla, en época remota, se constituyó la primera sociedad Abacuá de esclavos africanos que se mantiene activa en estos momentos, según su dignatario, el doctor Orlando Gutiérrez, médico, teniente coronel retirado del Ejército Juvenil del Trabajo y diputado de nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular.
La Loma del Fortín pasó a ser La Colina Lenin
Este pintoresco sitio de Cuba, uno de los territorios fundamentalmente industrial y obrero más poderoso económicamente de La Habana, facilitó hace más de cien años la entrada al país de los primeros ciudadanos chinos, los denominados culíes. Pero no solo eso forma parte del patrimonio cultural e histórico reglano.

Un rincón memorial que lo simboliza y dignifica como Colina Lenin, fue primero, de modo rústico, erigido el 24 de enero de 1924, y era simplemente la siembra de un olivo en recuerdo y homenaje modesto a la fecha de la muerte del gran ciudadano del mundo, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin: fue el primer monumento a él hecho fuera de Rusia. Se emprendió por iniciativa plausible y de obligada referencia del alcalde socialista, el doctor Antonio Bosch Martínez, mediante un justo y curioso decreto.
De ese modo y sin proponérselo, como es lógico suponer, el sitio dejó de llamarse la Loma del Fortín y pasó a ser La Colina Lenin, donde ya en el período revolucionario fidelista se esculpió el actual monumento, símbolo apreciable de Regla, en los límites geográficos de los municipios La Habana del Este, el Norte; San Miguel del Padrón, al Sur; Guanabacoa y La Habana del Este, al Este; y La Habana Vieja y la bahía de La Habana, al Oeste.
En esta ciudad, donde ocurrió el célebre secuestro de la Virgen, Julio Antonio Mella celebró el Primero de Mayo, ocasión en que se inauguró una estatua al trabajo en el espacio que hoy llaman “Parque de Mella” o “Parque del Trabajo”. Asimismo, se fundó el periódico clandestino La voz del Pueblo Cubano, organizado por los reglanos Juan Bellido de Luna y Eduardo Faccioso.
Asimismo, un grupo de residentes constituyeron en suelo reglano un liceo artístico y literario, el 10 de octubre de 1878, cuya inauguración fue el 8 de febrero de 1879, a la que asistieron Luisa Pérez de Zambrana (Santiago de Cuba, 1837-La Habana, 1922), Enrique José Varona (Camagüey, 1849-La Habana, 1933) y José Martí, quien había sido nombrado su Socio de Honor el 31 de enero de aquel año.
Ah, vecinos de Regla fueron mambises de jerarquía que llegaron a tener en la guerra de 1895 altos grados militares, como el general de brigada Federico Mendizábal; el coronel Andrés Clark Mascaró y el comandante Miguel Coyula Laguno.
El 30 de diciembre de 1898 las tropas mambisas del general Rafael de Cárdenas hicieron su entrada al pueblo de Regla y acamparon en la Loma del Recreo. Todo hablaba del patriótico triunfo, pero llegó la afrenta avariciosa e imperial de la intervención norteamericana que tanto se ha repetido en gran parte del planeta, por siempre, hasta hoy.


























