
Se les ha visto “husmear” por todas partes con total libertad y transparencia. Andan felices de poder hacer felices a otros. Vienen con el corazón limpio y despojados de ideas malignas preconcebidas a pesar de la propaganda en contra de la Revolución Cubana. El Convoy Nuestra América, junto a militantes europeos y una flotilla amiga, le trasmiten al pueblo de Cuba nuevos bríos, en esa certeza de que el amor salva. BOHEMIA tuvo el privilegio de conocer sobre dichas experiencias
Desde el balcón una mujer mira hacia un patio que se llena poco a poco de gente. La curiosidad la hace permanecer atenta, quizás intuyendo un nuevo acto patriótico, porque vive frente a la sede del Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP), donde son frecuentes los cánticos y los lemas reactivadores de la adrenalina revolucionaria.
En primera instancia hay desorden, mas, por obra y gracia de la organización, decenas de sillas se alinean, los micrófonos se sitúan donde van, y las banderas ondean orondas de su estrella solitaria y sus fuertes colores. De quietud, todo pasa a ser enjambre risueño y bullicioso en el que las consignas señorean la respiración y el afecto: “¡Hombro con hombro, mano con mano, pueblo chileno, pueblo cubano!; “¡Cuba y Puerto Rico de un pájaro las dos alas!”; “Patria o Muerte, ¡Venceremos!”.
La concentración actúa de imán a su curiosidad, pero tal vez se adentra en la casa por premuras hogareñas. Lo cierto es que cierra el balcón. Sin embargo, el recibimiento oficial al Convoy Nuestra América empieza a cobrar forma de criatura enardecida, empapada de solidaridad.
Los jagüeyes inmensos del patio, me pareció, estuvieron expectantes de las palabras y muestras de afecto. Seguramente fue mi imaginación, aunque juro que los vi estremecerse hasta las raíces ante esos 600 amigos y amigas de 33 países y representantes de decenas de diversas organizaciones. Pensándolo mejor, las cosas inmóviles, por muy naturales estás sean, carecen de conciencia, a pesar de las definiciones botánicas o de chamanes. Lo cierto es que fui yo quien se transmutó en árbol por aquello de ser testigos mudos de grandes acontecimientos históricos.
Empero, el periodista tiene la encomienda profesional de narrar y atesorar los latidos múltiples, obscuros o hermosos de las sociedades. La Cuba de 2026 es toda complejidad, cuya trama vital pasa por el bloqueo comercial, financiero, económico de Estados Unidos, el cual hace agotadora la cotidianidad nacional.
Sobre ello quisieron aprender estos compañeros, ávidos de experiencias y lecciones de resiliencia, pues la mayoría provienen del capitalismo, alienador de proyectos humanistas; e incluso un buen número llegó desde la propia entraña del imperialismo yanqui.

¿Y qué se encontraron en el ICAP? A la Compañía Infantil La Colmenita, cantora y reidora, interprete de la felicidad de nuestras niñas y niños a lo largo y ancho de esta nación casi indescifrable, y, siempre amorosa, amigable con los claveles y cerrada a cal y canto a los atropellos. Nuestra “muralla” se abre dándole paso a los soñadores. Esa fue seguramente la intención de quienes presidieron la cita; entre estos, el primer secretario del Partido Comunista y presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y un nutrido grupo de altos dirigentes.
En el encuentro Daniel Adler, co-coordinador general de la Internacional Progresista, aseveró: “Ningún pueblo del mundo que vive este asedio, este cerco petrolero, como el cubano, sigue mostrando tanta solidaridad. Reconocemos el sufrimiento de los amigos y por eso hicimos acopio comunitario de muchas cosas necesarias”.
No dejó margen a las manipulaciones mediáticas: “Estamos aquí para defender una idea, un proyecto como el cubano y su Revolución, para defender un compromiso militante con Cuba. Tenemos la obligación de luchar contra la política genocida de nuestro país contra el mundo, ya sea contra Palestina o Cuba. En esa política Monroe, ahora rebautizada como Donroe”.
Fue además firme en los propósitos: “Nunca vamos a dejar de luchar, de defender a Cuba, porque el hacerlo es luchar por la determinación de todos los pueblos del mundo […] Tenemos que desmentir todas las maniobras mediáticas en las redes; nuestra obligación es defender la verdad de esta Isla”.
BOHEMIA toma el pulso
Manolo de los Santos, director ejecutivo de The People’s Forum, con verbo arrollador y contagioso, pidió a los presentes hacerse escuchar, alto y claro, en la mismísima Casa Blanca: ¡“Cuba sí, ¡Bloqueo no”! Después dio gracias al pueblo cubano por su resistencia, resiliencia; “ejemplo de lo que es una revolución verdadera frente al horror del imperio, ejemplo de lucha por querer cambiar al mundo. Y ténganlo por seguro, millones de seres humanos en el mundo le dan las gracias a Cuba. […] Por el contrario, Estados Unidos es la verdadera amenaza para el mundo”. Entre sus opiniones, sostuvo una medular: “luchar contra el terrorismo que se le aplica a Cuba es un deber”.
Y los jagüeyes seguían firmes, moldeando un suceso a retribuir en el futuro inmediato, no solo por las medicinas, insumos y alimentos que trajo el Convoy Nuestra América, sino por las llamas de optimismo que le han insuflado a la mayor de las Antillas, a veces agotada de tantas agonías, mas no rendida. Entonces, el 21 de marzo de 2026 fue todo certezas. Y uno como periodista se mezcla en esas emociones con cierta dudosa imparcialidad del reportaje.
Entonces, esta comentarista se plantea una interrogante: ¿se puede ser imparcial cuando tu pueblo sufre injustamente? Imposible. Así lo sienten también dos mujeres valientes: Enma Foureau, eurodiputada; y Bianca Boreges, presidenta del movimiento nacional de estudiantes de Brasil.
La primera expresó: “Ahora es cuando deben estar más altas las banderas de la solidaridad”; la segunda atisbó un horizonte alcanzable: “Tenemos esperanzas en una América Latina justa, que no quiere ser colonia de nadie […] Resistir es el reto, y nuestra lucha es una sola”.
En el colofón de las emociones borboteantes cual volcán, Fernando González Llort, presidente del ICAP, señaló una verdad como templo: “Esta es la dimensión real de la solidaridad internacionalista. Es la dimensión real de lo que representa la dignidad de Cuba para el mundo”. Asimismo, reiteró algo cincelado a fuego: “Nos quieren ver en el suelo, vendidos, aplastados; no lo lograrán. La dignidad, la fuerza de las ideas y la elevada moral de este pueblo pueden enfrentar los más poderosos armamentos”.
La confirmación acerca del convencimiento de permanecer firmes se activó en resorte de aplausos, nuevas consignas y voces vibrantes. La gente dejó las sillas, se mezcló entre sí en una visionada Torre de Babel.

Voces amigas
De pronto esta reportera se quedó parada sin atinar cuál grupo preferir para una minientrevista, porque todos estaban con prisas de amor y deseos de una Habana hospitalaria. Una vacilación común en el gremio asalta: ¿lograré narrar con justicia lo visto y oído?
La realidad traza la estrategia. Haría en exclusiva una única pregunta: ¿Por qué vino a Cuba? Volteé 180 grados y ahí estaba Iván González, venezolano-uruguayo, de la Confederación Sindical de las Americas. Gustoso y pausado respondió: “Tenemos un compromiso moral y ético por la seguridad de Cuba y su dignidad para con los trabajadores del mundo. No existe ningún proyecto social y político como este que exprese la solidaridad en su sentido más grande de entrega a los demás”.
Volteo hacia la derecha, muy cerca de la tribuna, y veo a una telúrica mulata –rellolla cubana de pies a cabezas-: es Ileana Jiménez del Europa Convoy. La había visto ya en entrevista del Noticiero Nacional de Televisión y ahora estaba ahí. Con sonrisa franca responde: “Soy de la comunidad patriótica cubana en Europa. Y vine a Cuba por tres razones esenciales: Uno, porque soy cubana; dos, porque nuestro país nos necesita; y tres, cuando la patria está en riesgo debemos luchar contra el cruel bloqueo, el cual es un genocidio. Demostramos que Cuba no está sola y por eso me enrolé en este convoy humanitario”.
Al integrarme entera en ese ambiente amistoso del ICAP, sostengo su mano y ella regala un abrazo en comunión de intereses y sentimientos.

Sigo en estado zombi, feliz de tamaña experiencia, queriendo saber sobre otros. Es de este modo que me acerco a una coetánea medio indiada, de cabellos largos y recogidos, quien presurosa da sus señas. Se nombra Ana Maldonado y representa al Frente Francisco de Miranda y Alba Movimiento. Es, por lo mismo, venezolana.
“Vinimos para aprender y decirles que no hay bloqueo, amenaza ni chantaje que rompa la unidad tan enorme entre Cuba y Venezuela. Estamos aquí para decirle al mundo que alcen sus voces para detener este genocidio”.
Han pasado más de 15 minutos del cierre y nadie atina a irse. Diversidad de indumentarias y personalidades se juntan, se separan, se conocen mejor. Esta periodista se siente “obligada” a seguir en las indagaciones, con la promesa callada de buscar un último testimonio. Escojo a jóvenes rozagantes, de piel rosada y ojos claros. Estos no son latinos, pienso. Me presento e instintivamente me colocan ante un muchacha apasionada y locuaz: la italiana Giorgia Vernetti, de la Agencia para el Intercambio Cultural y Económico con Cuba (Aicec).
“Estamos aquí para unirnos a la Misión Nuestra América. Ante este bloqueo energético de los Estados Unidos, llegamos a un punto en que no se puede ignorar tamaña injusticia. La solidaridad es un acto práctico, simbólico y político. De humanidad. También estamos para aprender lo que nos enseña esta Revolución”. Habría seguido en sus declaraciones; sin embargo, sus compañeros la apremian, y con un beso y un chao se despide.



Para mí es todo, me digo, ilusa de creer que pueda hacer “borrón y cuenta nueva”, como si esos variados contactos humanos fueran únicamente elementos para una cuartilla en blanco. Nada de eso; son historias personales imbricadas en una Historia mayor de resistencia colectiva.

Jornadas combativas
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez agradece la solidaridad de tantos amigos: “Han traído un enorme corazón latiendo”




















