Foto. / Oscar Alfonso Sosa
Foto. / Oscar Alfonso Sosa

Pescadores del alba

Cada jornada, aunque amenace la lluvia, acuicultores de la Unidad ACUIZA, en Sancti Spíritus, lanzan trasmallos al agua en el mayor embalse artificial de Cuba, en busca de un botín que extraen en las primeras horas del amanecer


Va cayendo la tarde y cuando casi todos regresan a casa del trabajo, Jorge sube al camión, que poco a poco va llenándose de pescadores. A esa hora inicia su jornada. Son 28 años que Jorge Alonso Pérez sigue esa rutina.

El vehículo se adentra por una carretera rodeada de aroma. Si evade alguno de los baches, hay que tener cuidado porque la ropa o la piel pueden ser “acariciadas” por las punzantes espinas.

Un poco más allá del kilómetro 6 y medio, el final del vial sucumbe, como si fuera un túnel, en la enorme presa Zaza.

El mayor embalse artificial de Cuba en algún momento se tragó el camino y, junto a él, también a fábricas y edificaciones, que ahora deben servir de morada a los peces.

La “Zaza” es gigantesca, imponente. Tiene una capacidad de almacenamiento de agua de mil 20 millones de metros cúbicos, pero en las jornadas de inicio de verano todavía muestra estragos de la sequía.

“Eso es un poco mejor para la pesca, dice Jorge. Nosotros empezamos los trajines a las cinco y pico de la tarde. Preparamos todo y los trasmallos los tiramos alrededor de la una de la madrugada, porque ahora hay mucho calor y se puede echar a perder el pescado”.

Cuando hay menos agua en la presa, es mejor para la pesca, dice Jorge Alonso. / Ricardo Gómez

El hombre se apoya en un tubo que sostiene un techo improvisado y se cambia hacia atrás la visera de la gorra gris, que quizás algún día fue negra. 

“Los paños los recogemos apenas despunta el día, pero nos pasamos toda la madrugada dentro o cerca del agua”, afirma.

– ¿Qué especies capturan?

– Hay labelos, tencas, clarias, carpas, amuras, tilapias. Los planes son grandes y casi siempre los cumplimos. Hay meses de cuatro, cinco o seis toneladas. Mientras más calor hay, más suben las metas. Todo sale bien si no hay mal tiempo o escasez de petróleo, responde.

“En mi bote somos tres, dos trabajamos y uno descansa y los salarios rondan entre los 12 mil o 15 mil pesos mensuales. No nos va mal; y recibimos otras atenciones”.

GUARDIÁN EN EL AGUA

Cada tarde el joven Yadelkis Rivadeneira Hernández recibe a las brigadas y les entrega las embarcaciones y artes de pesca.

Yadelkis es custodio, permanece día y noche durante su turno en una tarima o chalupa diferente a las demás. Está coronada por una caseta y protegida por zines.   

En mi guardia nunca se han perdido botes ni avíos, comenta el joven Yadelkis Rivadeneira. / Ricardo Gómez

“A mí nunca se me ha perdido un bote, ni tampoco avíos”, dice orgulloso, mientras trata de acomodar las enormes alas de un sombrero demasiado grande para su cuerpo.

“Llevo 20 años cuidando los medios y recursos. Siempre me mantengo en mi garita, lo más cerca posible de los barcos, porque cuando hay aires fuertes pueden ser arrastrados. Mi función es mantenerlos seguros”.   

El día esperaba lloviznas. Las nubes cerraban el cielo y ya en las primeras horas envasaban la captura, fruto de una madrugada de desvelo.

El fango era abundante y ellos evitaban a toda costa que aumentara e impidiera maniobras del camión refrigerado, encargado de llevar los pescados hacia la industria donde los procesan.

A LA HORA CERO, TODOS CONCURREN

Rolando Richarson Gómez, aunque es especialista principal de calidad, ayudaba a cargar las cajas. Él conoce bien esas maniobras, transitó por varios puestos en esa misma unidad durante 27 años.

Rolando Richarson (derecha), ayuda a cargar el camión nevera y comprueba la calidad de la captura. / Ricardo Gómez

“Empecé como custodio, luego estuve 18 años pescando. Ahora mi función es recibir, revisar y certificar las buenas condiciones de la producción, antes de enviarla a la procesadora”, explica sin dejar de montar las cajas, las cuales luego cubre con hielo triturado.

Señaló que el apoyo de la familia es fundamental, porque…”cuando uno llega a casa necesita descansar, reponer fuerzas, para rendir al día siguiente”, argumenta.

PENSAR SIEMPRE EN EL CONSUMIDOR  

Si hay una oferta bastante estable, y a precios razonables a la población de la provincia de Sancti Spíritus, son los derivados que nacen en la Unidad Básica Empresarial ACUIZA, de la empresa PESCAESPIR.

Picadillos, embutidos, pastas, filetes o ejemplares enteros son comercializados en pescaderías especializadas, como la ubicada en el centro de la ciudad cabecera u otros puntos erigidos en los municipios, aunque en estos últimos con menos frecuencia.

Jiomel Márquez Alfonso es médico veterinario; sin embargo, se desempeña como jefe de producción de Acuiza.

Él explica que las condiciones del embalse hoy son propicias para cumplir los planes, porque el agua se mantiene a bajo nivel.

Los niveles de agua se mantienen bajos a inicios del varano en la presa Zaza. / Ricardo Gómez

“Es un oficio que lleva tiempo para aprenderlo, por eso tratamos de estimular la fuerza laboral, con el fin de garantizar su permanencia”, acota.

Son 72 los pescadores distribuidos en 13 brigadas. Cuando sobrecumplen los planes, reciben una mejor tarifa de pago.

Miriam Solano Valle, es bióloga marina. Ella comenta que la acuicultura inicia con acciones en la Estación de Alevinaje.

“Allí tenemos los bancos de reproductores y obtenemos primero las larvas y luego los alevines, que luego llevamos a los ocho embalses de la provincia. Sembramos cada año alrededor de 25 millones alevines y con eso garantizamos las producciones”, explica.

Luego continúa: “En la presa Zaza hacemos un trabajo diferenciado, porque ella aporta el 22 por ciento de las capturas del país”.

Manos ágiles filetean los pescados en la industria. / Oscar Alfonso

Era casi mediodía y el cielo seguía cerrado, con amenaza de lluvia. Las garzas formaban triángulos que iban y venían.

De regreso pasamos por la industria. Su labor es fundamental. Los cuchillos afilados filetean con maestría los pescados. Casi todo es aprovechado en cada ejemplar.

A partir de los ingresos compran en el exterior materias primas y, a la hora de sacar las cuentas, siempre tienen en cuenta que las ofertas al pueblo estén al alcance de los bolsillos del consumidor.

Todo nace en los estaques de alevines. Quienes laboran en esta empresa son capaces de sobreponerse a la falta de piensos y otros recursos que antes pululaban.

Trabajan como si en cada jornada les fuera la vida, tanto aquellos encargados de fomentar los criaderos de larvas, como quienes entretejen redes en las agua de la “Zaza” y luego las extraen en el alba, con el botín, fruto de la perseverancia.

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