De la ingeniería a producciones artesanales y de estas al llamado arte textil ha transitado un creador fiel a los telares, audaz a la hora de explorar caminos no trillados

Desde muy joven le interesó el mundo del arte (la plástica, la danza, el cine, la trova), pero jamás pensó en integrarse a él, hasta llegados los años 90.
Alejandro Alejo Velasco, ingeniero tecnólogo en tejeduría, o sea, especializado en telares, se había graduado en 1987, en la ciudad de Ivánovo. Al regresar de la Unión Soviética retomó sus visitas a las galerías y empezó a ser consultado, como técnico, por los participantes en Telarte (eventos en los que artistas de la plástica proponían diseños para elaborar tejidos, los cuales se exponían en un salón con ese nombre).
Daba sus pasos iniciales el Período Especial cuando Alejo confeccionó su primer “telar”: un simple marco de madera. Comenzó a asistir a un taller en la Casa de la Cultura de Diez de Octubre, debía ser de cerámica, pero derivó hacia otras manifestaciones artesanales. Allí nació Ligamentos, el primogénito entre sus tapices.
Como resultado de aquella confluencia de creadores surgió, en 1991, el grupo Manicato. Durante una de sus exposiciones colectivas, en el habanero Parque Lenin, el bisoño artífice recibió la sugerencia de acercarse a personas con experiencia en labores similares, entre ellos, Samuel Weinstein, quien fabricaba los mejores telares en el país. El encuentro con él, y con expertos en el teñido y empleo de los hilos, le resultó esencial para encauzar su vida por un nuevo rumbo, más allá del bregar en la fábrica y las clases a estudiantes de nivel medio.
-Tradicionalmente, al tejido no industrial se le ha encasillado en el ámbito de la artesanía.
-Siglos atrás, los gobelinos, los tapices, se hacían para las casas reales; los pintores aportaban el diseño, mientras el tejedor era simplemente un artesano.
“Pero hacia 1960 ya numerosos artistas tejían sus propios lienzos. Estos no eran solo planos, iban ganando volumen y elementos que en el telar no siempre se pueden incorporar. Magdalena Abakanowicz y Marta Palau empezaron a innovar. Hoy existen bienales mundiales de arte textil –sus técnicas nos permiten crear instalaciones, esculturas blandas–; se celebran en diferentes países. En Latinoamérica, sobre todo en las regiones del sur, también se organizan exhibiciones, incluso hay una o dos de pequeño formato”.
-Algunos de esos procedimientos los vemos ahora en la galería de la revista Revolución y Cultura.
-La muestra Mirar adentro… y tejer incluye 14 obras. Está dedicada a Ivánovo y a los amigos que ahí tuve. Se advierte una evolución: la primera pieza (en los bajos y a lo largo de la escalera) alude al árbol, a las fibras naturales. En el segundo piso coloqué instalaciones e incorporé bastidores de un telar; asimismo, imágenes de telares empleados en diferentes civilizaciones y períodos. Les siguen trabajos hechos por mí, de varios tipos.

-¿Nos contaría cómo elabora sus obras?
-Parto de aspectos técnicos: cuántos hilos y cuál urdimbre utilizaría, con qué puedo crear un volumen. Voy probando en tapices pequeñitos. A los muy chiquitos mis amistades y yo los llamamos tiritas, miden alrededor de un metro de largo y unos 20 centímetros de ancho. Nunca dejo de imponerme un reto. Experimento con fibras vegetales, con la bija o el té, para teñir. De ese modo surgieron mis diseños para la serie de televisión Los elegidos del tiempo.
“Me gustan las culturas precolombinas. No obstante, mi paleta de colores es diferente, porque soy del Caribe. Aunque utilizo el rojo, el azul, el amarillo, el carmelita, los verdes, no tienen la misma tonalidad de los que conocían los incas ni de los usados ahora en aquella región. Siempre busco las fibras cubanas, he tejido con algodón, lana, pero básicamente recurro al henequén”.
-Esta de RyC no es su única exposición personal.
-Comencé con una titulada Por primera vez se empieza, fue en la Casa Museo Máximo Gómez. La segunda, Motivos indígenas, la inauguré precisamente en BOHEMIA, en 1992.
“Decidí, de manera drástica, dejar la fábrica y dedicarme a la artesanía. Estudié mucho. Comprendí que podía incorporar el arte textil. Y hace cinco años presenté en la Casa de la Obrapía otra muestra personal, de mayor envergadura.
“Sin duda me ha ido bien. Mi vida es más coherente. Ingresé en la Asociación Cubana de Artesanos Artistas. Vendo mis creaciones a través del Fondo Cubano de Bienes Culturales. A pesar de que resulta complejo conseguir los materiales y a veces las obras no son bien apreciadas, tejer nunca lo he considerado un trabajo. ¡Es tanta la satisfacción que me da! Cuando me siento ante el telar, estoy divirtiéndome”.




























Un comentario
Muchas felicidades Alejo, bello todo lo que haces, nos sentimos orgullosos de haberte conocido y de ser tus amigos