
Hoy subiremos, por tercera y última vez, el telón de lo que terminó en convertirse en una serie: “Un año extraño”.
Lo nombramos así, lo repetimos para quienes no leyeron los dos trabajos anteriores, porque en 2023 -hecho que se ha dado antes una sola vez en la historia-, tendremos Juegos Centroamericanos y del Caribe, y también Juegos Panamericanos.
La otra vez ocurrió en 1959 por situaciones políticas en Venezuela, relacionadas con la caída del dictador Marcos Jiménez, lo cual motivó que los Juegos Centroamericanos y del Caribe se pasaran de 1958 a 1959 (del 6 al 18 de enero).
Cinco días antes triunfó la Revolución Cubana y, en medio de la lógica conmoción social que ocasionó -como resultó muy lógico- nuestro país no pudo enviar una delegación a Caracas.
Unos pocos meses después vinieron los Juegos Panamericanos de Chicago (27 de agosto al 7 de septiembre).
A esta justa en suelo estadounidense les enfocaremos hoy los reflectores.
Hubo cubanos
Los de Chicago se disputaron a menos de nueve meses del triunfo de la Revolución. Pero ya en ellos sí tuvimos representantes: 143 atletas (135 hombres y 8 mujeres).
Nuestros compatriotas logaron presencia en los podios: dos medallas de oro, cuatro de plata y cuatro de bronce=10 en total (octavo lugar por naciones).
Una de esas coronas la obtuvo Bertha Díaz, en los 80 metros con vallas (11.2 segundos). Le siguieron la brasileña Perla Dos Santos y a la canadiense Marian Monroe, ambas con 11.5. Es decir, un podio en este evento sin presencia de las estadounidenses. Los de casa, en atletismo, ganaron 26 de las 32 de oro. En siete pruebas ocuparon los tres primeros puestos.
¿Y la otra corona de nuestro país? La del pesista Juan Torres, en el total de la división de los 67, con 347.5 kilogramos.
No tuvimos representantes en equitación, polo acuático y pentatlón moderno.
Una curiosidad: el certamen, por primera vez en suelo estadounidense, ahora en su tercera edición, iba a ser en la ciudad
de Cleveland, estado de Ohio. Un recorte en el presupuesto estatal la llevó a renunciar. El entonces alcalde de Chicago, Richard J. Daley, aceptó la batuta. Y se organizó en tiempo récord.
Entraron en acción 2 161 atletas, procedentes de 25 naciones.
Estados Unidos, por la calidad de su delegación, se sirvió con cuchara grande en la distribución de las medallas: 122 de las 165 de oro (solo 43 para el resto de los países). También alcanzaron 73 de plata y 54 de bronce para un total de 249. Fueron concebidos como parte de su preparación para los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
Ese poderío elevó el nivel cualitativo, pero abrumó a países de menos desarrollo. Fue la última vez que una nación pudo inscribir tres atletas en cada evento (dando así, al menos, la posibilidad de luchar por bronce).
Bien lejos, en los puestos dos y tres, quedaron Argentina (9-22-12=43) y Brasil (8-8-6=22).
¿Los peloteros cubanos?
Sí, claro, nos falta pan por rebanar: hubo otros momentos importantes.
El cubano Enrique Figuerola, todavía sin entrenamiento para el atletismo, pues era un hombre del béisbol, ganó una muy valiosa y
prometedora medalla de bronce en los 100 metros planos (10.5 segundos). Luego fue subcampeón en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964.
El patinazo fue el de nuestros peloteros: ¡cuarto lugar! Los tres primeros fueron para Venezuela (3-0), Puerto Rico (2-1) y Estados Unidos (1-2).
La nadadora local Susan Christine von Saltza, descendiente de suizos, se convirtió en la reina: oro en los 100, 200 y 400 metros estilo libre. También en los relevos 4×100 estilos y libre. Un total de cinco preseas doradas.
Chicago 1959 tuvo el brillo del discóbolo estadounidense Al Oerter, considerado el mejor de todos los tiempos en su especialidad, quien terminó campeón (58.13 metros; cuatro más que el segundo lugar, su compatriota Richard Cochran, 54.44). Oerter ganó cuatro Juegos Olímpicos: Melbourne 1956, Roma 1960, Tokio 1964 y México 1968.
No se olvidan las tres de oro en la velocidad femenina ensartadas por la estadounidense por Lucinda Williams, en los 100, 200 y el relevo 4×100.
Otro admirable resultó el brasileño Adhemar Ferreira da Silva, quien en el triple salto logró su tercera medalla de oro en Juegos Panamericanos (15.90 metros, inferior a su 16.56 en Ciudad de México 1955).
Y el argentino Osvaldo Suárez volvió a ganar la carrera de los 10 mil metros (30:17.2 minutos, mejor que el 32:42.6 de 1955).
Uno de los buenos triunfos de sudamericanos lo protagonizaron los uruguayos en el evento dos remos largos con timonel, gracias a Gustavo Pérez, Luis Aguiar y Raúl Torrieri (timonel), un evento ganado por argentinos tanto en 1951 como en 1955.
Bueno, y ahora sí bajamos por última vez el telón de la serie “Un año extraño”…
Video
El dos remos largos con timonel uruguayo.
Fuente: Los Juegos Regionales Más Antiguos. Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, de Enrique Montesinos.
Ver anteriores de la serie:



























