¿Cómo amansaron las aguas de La Coca?

La presa estaba a plena capacidad al acercarse el huracán Rafael. Mediante trabajos técnicos, los Consejos de Defensa Provincial de La Habana y el Municipal de La Habana del Este, impidieron desbordamientos e inundaciones a comunidades aguas abajo. El pueblo estuvo a buen recaudo  


Foto. / Ricardo R. Gómez Rodríguez

La pala de la retroexcavadora iba hundiéndose de forma reiterada en la tierra, como lo hiciera el pico de un cisne en el agua. Llegaba hasta las conductoras y permitía a técnicos y obreros tener acceso a la tubería plástica. Allí situaron una válvula, con el fin de accionarla si fuera necesario para extraerle volúmenes al embalse.

Poco a poco las condiciones del tiempo iban deteriorándose, por momentos lloviznaba, soplaba el viento. El huracán Rafael se anunciaba. El cielo era gris y los colores de la naturaleza opacos. La naturaleza presagiaba desgracias.

Estábamos en la presa La Coca, en el municipio capitalino de La Habana del Este.

El lugar es relativamente alto, por debajo queda el río Guanabo y varias comunidades.

Ésa, precisamente fue la preocupación, porque la capacidad de almacenamiento, de unos 11 millones 680 mil metros cúbicos, estaba cubierta casi totalmente.

También éstas fueron las razones por las cuales aplicaron alternativas, dirigidas a evitar aluviones, avalanchas y evitar inundaciones a poblados cercanos.

Estábamos a unos 45 kilómetros del centro de la capital y a dos de la comunidad de Campo Florido. Llegar hasta allí fue difícil. Los caminos son escabrosos, dañados –además- por las últimas precipitaciones.

Ricmar Rodríguez Gutiérrez, presidente del Consejo de Defensa Municipal (CDM) de La Habana del Este e integrantes de ese órgano, supervisaban los trabajos.

“Este es uno de los lugares más preocupantes porque la presa está al ciento por ciento de llenado –explicó-…la obra fue ejecutada alrededor del año 1968 y su objetivo es abastecer a Planta del Este, potabilizadora de agua, hacia la cual también tributan las micro presas La Salsa y Bacuranao”.

Dijo que La Coca, ahora está fuera de explotación debido a cuestiones técnicas, por eso está llena totalmente.

Intensas jornadas cumplieron para garantizar el drenaje de la presa. / Ricardo R. Gómez Rodríguez

Más adelante Ricmar señaló: “Lo primero aquí fue revisar el aliviadero y la cortina, los cuales no ofrecen ningún tipo de peligro para quienes viven aguas abajo, sin embargo, dada la cantidad de almacenamiento, si ocurren lluvias moderadas o intensas, debe comenzar a aliviar”.

“Esta presa tributa hacia el río Guanabo” -aseguró el presidente del CDM- y expuso cómo la situación amenazaba a los poblados de Los Cerezos, El Mamoncillo, Guababo Viejo y el Consejo Popular Yaguanabo”.

  • ¿Parte de los residentes de esos lugares fueron evacuados?, indagamos.
  • Sí. Por ese motivo identificamos a quienes pudieran ser afectados y los trasladamos a centros previstos en Campo Florido y Guanabo. De esa manera preservamos las vidas de las personas.

A la vez estamos realizando otras acciones. Por ejemplo, la instalación de una válvula. Si la abrimos es posible llevar hacia las conductoras el contenido del embalse, con el objetivo de aprovecharlo en la districución a la ciudadanía.

–  Eso beneficiaría a los consumidores de La Habana del Este, muy afectada en la última etapa en el suministro del líquido, interrumpimos.

Ricmar Rodríguez Gutiérrez, presidente del CDM de La Habana del Este. / Ricardo R. Gómez Rodríguez

-Sí, por supuesto. Incluso La Coca tiene muy buena calidad del agua, según especialistas. Además, trabajamos para tomar decisiones en caso de elevarse los niveles de los ríos Guanabo y Peñas Altas, porque pudieran, con sus remansos, inundar zonas bajas de Brisas del Mar. Entonces, pretendemos canalizar el flujo hacia el océano y evitar que sea detenido por la duna y provoque inundaciones.

Rodríguez Gutiérrez trasmitió confianza a los habitantes en regiones cercanas, porque empresas y el CDM, hacen todo lo posible para preservar la vida de los residentes en esas zonas. A ellos pidió disciplina, y en los casos necesarios, trasladarse a centros de evacuación, o a casas más seguras de familiares y amigos.     

El paisaje en aquellos parajes es acogedor. Insistimos en conversar con el custodio del lugar; un hombre espigado y a la vez escurridizo para las entrevistas, quien ni siquiera nos dio el nombre y delegó de una manera amable, en Adany Cabrera Sánchez, especialista en Manejo y Mejora de Recursos Hidráulicos, de la Empresa de Aprovechamientos Hidráulicos.

Éste comentó: “Yo atiendo los embalses La Salsa, Bacuranao y La Coca. Los tres forman el sistema encargado de abastecer al Este de la capital. En esta última presa, le estamos dando mantenimiento a la válvula de desagüe de fondo. De esa forma podemos drenas gradualmente los volúmenes acumulados”.

Adany Cabrera Sánchez. / Ricardo R. Gómez Rodríguez
  • ¿Eso cuándo puede estar listo?, quisimos saber.
  • En las próximas horas. Estamos tratando de desembalsar por dos vías al mismo tiempo. Mediante una de ellas, haremos entregas a la Empresa Aguas de La Habana, confirmó.
  • Desde donde están los niveles ahora, hasta el límite de la cortina es apreciable un margen, un espacio, ¿pudiera soportar algunos metros cúbicos más?
  • Es probable. Según los diseños técnicos, podemos aliviar una capacidad máxima de 474 metros cúbicos por segundo. Esa es una cantidad considerable. Nunca, en los más de 55 años de creada esta presa, ni siquiera se ha acercado a esos niveles.

Cuando bajamos por el camino de la cortina, visitamos una añeja plazoleta en uno de los sitios fundacionales del pueblo de Campo Florido. Allí permanece una antiquísima estación de ferrocarril, algunos vagones o coches con letreros de épocas pasadas.

La gente merodeaba tranquilamente, algunos vendían viandas, otros hacían filas esperando el pan. El aroma de ese alimento quizás ayudaba a la calma, esa con la cual respiraban los moradores de aquel paraje, quienes sabían por comentarios transmitidos boca a boca, que dos kilómetros, loma arriba, otros amansaban las aguas de La Coca, para evitar desagradables sorpresas.

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