El Primer Congreso marcó un antes y un después en la consolidación del socialismo en Cuba. /Archivo de BOHEMIA
El Primer Congreso marcó un antes y un después en la consolidación del socialismo en Cuba. /Archivo de BOHEMIA

Ecos de la Revolución

Del 17 al 22 de diciembre de 1975 se celebró en La Habana el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, un evento trascendental que marcó un antes y un después para la institucionalización de la Revolución y proyectar el socialismo hacia el futuro


En el contexto de la celebración del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, rememorar ese cónclave de los comunistas cubanos es homenajear al líder indiscutible, quien vio en la organización una guía de acción y no un dogma. La vistió de victorias junto a la Revolución Cubana. Al cabo de 50 años sus palabras lo demuestran: “El Partido lo resume todo. En él se sintetizan los sueños de todos los revolucionarios a lo largo de nuestra historia”.

Con el lema: “Al Primer Congreso por nuevas victorias de la Patria y el Socialismo”, el evento se convocó oficialmente el 10 de abril de 1975 en reunión del Buró Político del Comité Central, al coincidir con el octogésimo tercer aniversario de la constitución por José Martí del Partido Revolucionario Cubano.

Previo a tan histórico acontecimiento, al inicio de los años 70 comenzó en el país un proceso de institucionalización con el objetivo de organizar y formalizar las estructuras políticas, económicas y sociales. Se organizaron 16 comisiones de trabajo en las que se discutieron propuestas surgidas de la población y de los militantes.

El cónclave reunió a 3 116 delegados elegidos en asambleas provinciales, conferencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, además de contar con la presencia de 86 delegaciones extranjeras.

Por toda Cuba se desarrolló un amplio proceso prepara-torio del evento de los comunistas cubanos. /Archivo de BOHEMIA
Por toda Cuba se desarrolló un amplio proceso preparatorio del evento de los comunistas cubanos. /Archivo de BOHEMIA

Comenzaron las sesiones en el teatro Karl Marx el 17 de diciembre, con una acogida de enorme júbilo por los delegados y sectores sociales que acudieron a la capital desde todos los rincones del país: un reflejo de la amplia base popular del proceso revolucionario. Habían transcurrido 16 años del triunfo sobre la dictadura de Fulgencio Batista y 10 de constituido su primer Comité Central.

Se vivieron momentos curiosos, incluso entre algunos asistentes, que dejaron el traje de campo con su sombrero de yarey y el machete u otras habituales ropas, para lucir un vistoso traje.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo del entonces Comandante de división Raúl Castro Ruz, segundo Secretario del Partido, y el Primer Secretario del Comité Central, Fidel Castro Ruz, quien presentó el Informe Central.

Trascendencia de un debate

“El Partido es la garantía de la unidad de nuestro pueblo, de la continuidad de la Revolución y de la victoria del socialismo”. /Archivo de BOHEMIA

Objetivo y preciso, el héroe de la Sierra Maestra realizó un análisis histórico y crítico desde el triunfo el 1° de enero de 1959 y destacó la unidad alcanzada. De cómo en el primer decenio de la Revolución nuestra economía creció lentamente; el bloqueo era más agudo y el país se defendía desesperadamente de las agresiones imperialistas. Con un esfuerzo colosal, ya entre 1971 y 1975, se alcanzó un promedio de desarrollo verdaderamente impresionante. Reseñó los logros en diferentes ramas, refiriendo la proyección de un nuevo sistema de dirección y el rumbo previsto para el futuro en los planes quinquenales.

Entre otras temáticas, se discutió sobre el desarrollo social, la educación y la necesidad de continuar elevando su calidad teniendo en cuenta los avance en el aspecto cuantitativo. Igualmente, hizo un llamado a perfeccionar la vinculación del trabajo y el estudio. En el campo de la cultura, el Fidel se refirió al clima altamente creador alcanzado, mientras que en relación con la salud enfatizó cómo en ese campo la Revolución realizó grandes transformaciones y obtuvo también éxitos extraordinarios. Antes del Triunfo, el sistema sanitario se podía calificar de pésimo. En la inauguración de los primeros círculos infantiles en 1961 se daba un paso sustancial en la atención de la infancia. En cuanto al deporte, expresó que el profesionalismo lo envilecía y arruinaba: tal secuela quedó en el pasado.

Fidel potenció en su informe la necesidad de una nueva Constitución (proclamada el 24 de febrero de 1976): “Nuestro Estado revolucionario ha tenido durante muchos años una estructura provisional. La Revolución no se apresuró en dotar al país de formas estatales definitivas. No se trataba simplemente de cubrir un expediente, sino de crear instituciones sólidas, bien meditadas y duraderas en correspondencia a las necesidades del país. Pero esta provisionalidad ha durado ya mucho tiempo y ha llegado la hora de superarla definitivamente”.

Otros temas tratados fueron: las investigaciones científicas, la política laboral, la seguridad social y el sistema judicial; la nueva división político administrativa, las organizaciones de masas y sociales; las Fuerzas Armadas Revolucionarias junto al Ministerio del Interior, garantes de nuestra defensa, con el apoyo y participación popular; el Partido como alma de la Revolución Cubana y el intenso trabajo venidero.

Ejercicio de autocrítica colectiva

Se analizaron también los errores cometidos en esos años: “Las revoluciones suelen tener sus períodos de utopía en que sus protagonistas –reflexionó Fidel–, consagrados a la noble tarea de convertir en realidad sus sueños y llevar a la práctica sus ideales, creen que las metas históricas están mucho más próximas y que la voluntad, los deseos y las intenciones de los hombres por encima de los hechos objetivos, lo pueden todo”. No se supo desde el primer instante aprovechar en el terreno de la construcción del socialismo la rica experiencia de otros pueblos, sin renunciar a las características peculiares de nuestra situación y de nuestra economía.

En el epílogo del Informe Central, Fidel recalca: “Este Congreso será como una estrella luminosa que nos guíe por ese camino. El Partido, sus normas, sus principios, su organización, su fuerza, nos llevará adelante invenciblemente. No habrá dificultad que no seamos capaces de vencer, ni error que no pueda evitarse si puede preverse, ni deje de rectificarse prontamente si llega a cometerse”.

En los debates y discusiones se mencionó la ayuda brindada al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) en su lucha contra las tropas de África del Sur, y se abordó la política cubana de solidaridad con los gobiernos progresistas y los movimientos revolucionarios de África, y el pueblo hermano de Puerto Rico. Fidel subrayó el papel de la política exterior de Cuba, basada en la firmeza de principios y la subordinación de las posiciones cubanas a las necesidades internacionales de la lucha por el socialismo y la liberación nacional de los pueblos. Hizo un llamado de unidad a las fuerzas progresistas.

“¡Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola!”, dijo Fidel ante todos los delegados. “No buscamos petróleo, ni buscamos cobre, ni buscamos hierro, ni buscamos nada en absoluto. Simplemente aplicamos una política de principios”, agregó nuestro máximo líder.

Al dirigir la mirada hacia las imágenes que presiden el cónclave, se refiere a la figura legendaria de Julio Antonio Mella, junto a la del Che y Camilo; recuerda a los abnegados luchadores que soñaron y murieron por un día como este. “Las imágenes de Martí, Gómez y Maceo, al lado de Marx, Engels y Lenin, simbolizan los que lucharon por la patria cubana junto a los que quisieron hacer de toda la humanidad una gran patria”, recalcó. La vanguardia de un pueblo heroico los honra y junto a una digna nación enarbola con orgullo la bandera de la estrella solitaria que tan “orgullosa lució en la pelea”.

Con su voz de presente y futuro seguros, Fidel agradeció a todos los comunistas cubanos y compañeros de la Revolución por la confianza y el cariño hacia sus dirigentes en estos años heroicos y decisivos de la patria.

En su genial y orientadora oratoria, el Comandante en Jefe siempre había tratado estas temáticas en las concentraciones del pueblo y otros eventos, pero ahora, en un encuentro con la vanguardia ideológica de la nación, se trazarían metas concretas. Un firme bastión seguirá consolidando un proceso político, orgullo de los cubanos y admiración del mundo.

Resoluciones y acuerdos

Luego del análisis del Informe Central, se aprobaron diferentes documentos trascendentales: En la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba, en su primera parte, se acentúa la fundamentación histórica de la Revolución Cubana con referencias a la situación internacional para entonces y el inicio en Cuba de una profunda transformación social. En la segunda parte van anunciados los principios y objetivos programáticos, con un objetivo final: la construcción del comunismo y la necesidad de crear la base material y técnica del socialismo; la política laboral y social, encaminadas a mejorar las condiciones de vida y de trabajo del pueblo; defender la educación con fundamento en la concepción marxista y martiana, una política cultural, artística y literaria basada en los más altos valores humanos; se fundamentan las tareas de la lucha ideológica, y la actitud sobre la religión con el principio de libertad de conciencia dentro del respeto a la ley.

En dicha Plataforma se define: “El Estado cubano es un estado socialista de obreros y campesinos y demás trabajadores manuales e intelectuales”. Ve en el desarrollo y robustecimiento del movimiento una tarea priorizada de nuestra sociedad.

En el proyecto se abordan correctamente los objetivos finales e inmediatos de nuestro proceso revolucionario. Se convierte en documento rector, principal instrumento ideológico y bandera de combate en todo el trabajo del Partido.

Otras tesis y resoluciones fueron aprobadas: sobre los Estatutos del Partido; la Política de formación, selección, ubicación, promoción y superación de Cuadros; la Constitución y Ley de tránsito constitucional; la cuestión agraria y las relaciones con el campesinado, el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer, la formación de la niñez y la juventud, las apelaciones (a sanciones dentro del Partido) y sobre el entonces próximo XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

La Clausura

Con un emocionante y movilizador discurso, el siempre invicto Comandante cierra las sesiones del Primer Congreso en el teatro Karl Marx el día 22, un mensaje de confianza y compromiso, reforzando la idea de que el socialismo siempre será nuestro seguro futuro. Refirió: “Como principio revolucionario, compañeros, siempre será mil veces preferible la autocrítica a la autocomplacencia. ¡Y siempre será preferible la autohumillación al autoelogio! Y creemos realmente que los dirigentes revolucionarios tenemos que estarnos constantemente analizando y autocriticándonos, si no en público, en privado. Siempre debemos estar ajustando cuentas con nuestras conciencias. Y nunca, jamás, podemos estar conformes con nosotros mismos, porque el hombre que esté conforme consigo mismo no es revolucionario”.

Se refirió, entre otros muchos temas, a la calidad humana de los miembros del Comité Central y del Buró Político, “lo que ha demostrado la pureza de nuestro Partido en estas actitudes, en su comportamiento. Y nosotros queremos conciliar estas cosas: pureza, honestidad, espíritu crítico, y libertad de criterios”.

Reflexionó sobre “un período tremendo en que había que cuidar a los líderes extraordinariamente, porque estaban jugando un rol decisivo. Fueron aquellos tiempos críticos. Y yo hube de plantear; bueno, si me matan a mí, queda Raúl, y no van a liquidar la Revolución. Todo esto ha ido cambiando. Ya puedo faltar yo, puede faltar Raúl y sigue la Revolución; falta el Buró Político, y sigue la Revolución. ¡Qué extraordinaria cosa! Falta el Comité Central y sigue la Revolución. Si esa pared cayera, y desapareciera todo ese Comité Central, estamos seguros de que ustedes se reunirían y elegirían otro buen Comité Central. Pero voy más lejos: falta este Congreso, es decir, este conjunto de delegados, y sigue la Revolución”.

Hizo hincapié en la calidad humana de los miembros del Comité Central y del Buró Político, “lo que ha demostrado la pureza de nuestro Partido en estas actitudes, en su comportamiento. Y nosotros queremos conciliar estas cosas: pureza, honestidad, espíritu crítico, y libertad de criterios”.

Al final de su discurso se refirió a los días inolvidables vividos, las emociones experimentadas. Sentirse felices y orgullosos de la obra de la Revolución y de nuestro Partido, la confianza en el porvenir. Se trabajó por el futuro de la patria y de la historia.

El pueblo también en Congreso

Entusiasmo de un pueblo también en Congreso. /Archivo de BOHEMIA

Más de un millón de cubanos fueron testigos en La Plaza de la Revolución de la clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Entre grandes emociones, la palabra orientadora llegaba a cada oído: “Nuestro pueblo sabe quiénes integran el Partido, sabe que esos militantes fueron seleccionados en los centros de trabajo con la activa participación de las masas; sabe que en el Partido militan los mejores obreros, sabe que en el Partido militan los mejores ciudadanos, y sabe que para el Congreso los comunistas eligieron entre los mejores comunistas para trazar la línea del Partido. Y por eso, nuestro pueblo se siente representado en el Partido”.

El magno evento constituyó un acto de legitimación histórica de la Revolución Cubana y un paso decisivo hacia su institucionalización. Los debates y resoluciones trazaron el rumbo del país en un momento crucial, refirmando la unidad del pueblo y la dirección del Partido. A medio siglo de distancia, su trascendencia sigue siendo recordada como el momento en que la Revolución se convirtió en un proyecto político más fortalecido y con visión de futuro.

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Fuentes consultadas

“Primer Congreso del Partido y sigue la Revolución”, en periódico Granma, 23 de diciembre de 1957 y discursos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el teatro Carlos Marx y la Plaza de la Revolución el 22 de diciembre de 1975.

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